Capítulo 1. Necesito más
POV. KYUNGSOO
El roce de sus manos sobre mi piel, de sus labios besando
cada parte de mi cuerpo, los susurros que dejaba ir junto a mi oído con su voz
profunda, excitante; sus ojos mirándome con algo más que lujuria, simplemente
con locura y obsesión; cosas a las que simplemente me había acostumbrado sin
razón aparente por culpa de un solo hombre, uno que lograba que ni siquiera yo
pudiese negarme.
Kai.
No había momento en que sus brazos no estuviesen rodeando mi
cuerpo, en que sus labios no estuviesen sobre mí de algún modo.
Me hacía sentir deseado; me obligaba a simplemente dejarme
llevar por la marabunta de sensaciones que me hacía sentir una y otra vez,
siempre que estaba a su lado.
A veces hasta el singular hecho de pensar en él provocaba
que pequeños escalofríos recorriesen mi columna vertebral, como si solo
pronunciar su nombre en mi mente consiguiese invocarle a mi lado.
Me sobresalté cuando sentí unos labios en la parte posterior
de mi cuello, cuando una mano se coló
por debajo de la camisa de mi uniforme, levantándola, dejando que el aire
entrase en contacto con mi cálida piel.
Sabía quién era sin necesidad de girarme, porque solo
alguien podía tocarme de esa forma.
Pero no allí.
- Kai…
estamos en la escuela… aquí no – suspiré, sin girarme a mirarle.
Tampoco aparté su mano de mi cuerpo, continué en la misma posición,
mirando desde la ventana del 4to piso de nuestra aula, vacía por ser la hora
del descanso.
Aunque insistiese, sabía que me dejaría hacer, porque era
igual o más adicto a Kai de lo que él pudiese serlo a mí.
Me encantaba sentir su tacto en mi piel, dejar que me
hiciese lo que le placiese en cada momento, en cualquier lugar.
Y aquello podía bien ser mi perdición.
Noté la sonrisa que formaron sus labios cuando moví mi
cuello, dejándole más espacio para lo recorriese con sus labios, mientras le
permitía terminar de sacar la camisa de dentro de mi pantalón.
Cerré los ojos, disfrutando de la diferencia de temperatura
entre sus cálidos labios y la piel de mi cuello; entre sus frías manos y la
piel de mi torso.
Mordí mi labio inferior, evitando que un gemido escapase de
mí, cuando pellizcó con bastante fuerza mis pezones, recordándome interiormente
que aún estábamos en la escuela.
Su cuerpo se pegó al mío, dejándome sentir su creciente
miembro en mi trasero, insinuándome descaradamente lo que quería de mí.
A él no le importaba nunca el lugar, tampoco el momento, a
él solo le interesaba coger conmigo en cuanto me veía.
Tampoco tenía en cuenta si yo iba a querer o no, simplemente
se encargaba de convencerme, hasta el punto que hubo en momento en que dejó de
hacer falta, yo solo le recibía con los brazos abiertos.
- Hyung
– susurró en mi oído, provocando que la calidez de su aliento en mi lóbulo me
hiciese temblar de anticipación y placer – siempre eres tan deliciosamente
sumiso. No podría cansarme de ti.
Terminó aquella declaración mordiendo mi lóbulo, recorriendo
con su lengua la zona.
Tenía razón, era sumiso porque así me había hecho él, porque
me había acostumbrado a querer hacer lo que él me pidiese.
Mis manos se aferraron al borde del ventanal, sin moverse,
los nudillos blancos de ejercer presión.
Una parte de mí quería detener aquello… la otra simplemente
me empujaba a disfrutar y darle lo que él quería, lo que yo ansiaba darle.
Separé solícitamente las piernas cuando presionó con su
rodilla, colocando su pierna en medio de las mías, inmovilizándome todavía más.
Aunque no es como si fuese a huir.
Él sabía que no lo haría tan bien como yo mismo.
Intenté contener mis gemidos incansablemente, pues cada vez
se hacía más difícil guardármelos, sus manos insistiendo en jugar con mi
cuerpo, acariciando mi torso, maltratando placenteramente mis pezones.
Moví mis caderas lentamente, restregando mis nalgas por su
erección, sabiendo que aquel roce lo estaba empujando al límite de su ya de por
sí escaso autocontrol.
Le oí soltar un gruñido cuando se alejó un poco de mí,
apenas unos segundo, para darme la vuelta, haciendo que nuestros ojos se
encontrasen por primera vez.
Una sonrisa lasciva decoraba su rostro, sus ojos brillantes
por lo que sabía que se avecinaba.
Sus labios no tardaron en apoderarse de los míos, su lengua
introduciéndose sin demora en mi cavidad bucal, buscando que la mía le
correspondiese en su frenético juego.
Lo hice, porque lo quería, porque me gustaba.
Entrelacé mi lengua con la suya, mordiendo su labio inferior
como sabía que le gustaba, recorriendo con la mía esos perfectos labios que me
enloquecían, mientras sentía como sus manos se habían aferrado a mi trasero,
apretujándolo a su antojo, amasándolo, a la vez que apretaba su cuerpo contra
el mío, haciendo rozar nuestras erecciones por encima de la ropa.
Era una pequeña tortura que siempre estaba dispuesto a
aceptar.
Me costaba respirar, la fricción que se producía entre
nuestros miembros lanzaba pequeños fogonazos de placer por toda mi columna
hasta llegar al cerebro, impidiéndome pensar con claridad, solo buscando más
contacto con su cuerpo.
Esta vez fui yo el que acarició su cuerpo por debajo de la
ropa, deleitándome con aquella piel tan tersa y suave, ardiendo de deseo por
saborearlo entero.
Solo él conseguía que ese tipo de cosas obscenas ocupasen mi
mente. Él, solo por él hacía todo aquello.
Desabroché sin prisa el cinturón, para luego continuar con
los botones y la cremallera de su pantalón, permitiendo que se deslizase por
sus caderas, muslos abajo.
Con el dedo, recorrí el borde del bóxer que llevaba puesto,
hasta detenerme justo por donde su erección amenazaba con salir.
Se escapó un gemido de entre mis labios cuando noté su mano
por dentro de mi pantalón, acariciando descaradamente la piel de mi glúteo.
Siempre le había gustado hacer ese tipo de cosas.
Me desnudó antes de que me diese cuenta, deslizando sus
manos por la cara interior de mis muslos mientras quitaba mi pantalón, dejando
un par de besos en aquella zona, marcándola con chupetones que tardarían en desaparecer.
Me besó salvajemente cuando terminó, dirigiendo mi mano, que
había estado simplemente junto a mi cuerpo inmóvil a su erección.
Comencé a acariciarle por encima de la ropa, ahogando los
gemidos que producía con mis labios, ahogando los que él mismo me provocaba a
mí cuando rozaba con sus dedos mi entrada.
Quería quitarme mi ropa interior en ese instante, decirle
que solo me lo hiciese y ya, pero aquel no era el juego al que jugábamos esa
vez.
Descendí por su cuerpo, mordiendo levemente uno de sus
pezones, antes de terminar en su entrepierna, bajando sus bóxers, mirándole
desde aquella posición, arrodillado frente a su hombría.
Sus ojos relucieron ante aquella visión. Sabía que le
gustaba verme sometido y a mí me complacía que le gustase.
Besé suavemente la punta de su miembro, oyendo como
suspiraba, apoyando las manos en el escritorio que había a nuestro lado.
Recorrí con la lengua las venas que se marcaban en su
erección, acariciando sus testículos con mi mano, disfrutando de su sabor.
Lo introduje en mi cavidad bucal sin prisas, midiendo con
tranquilidad su tamaño, el cual conocía mejor que el mío propio.
Succioné la punta cuando retiré mi cabeza, rodeándolo con la
lengua después, para volverlo a introducir nuevamente, pero sin cambiar ese
ritmo lento y candente que tanto odiaba.
Le oí quejarse cuando su mano se cerró en mi cabello,
intentando marcarme un ritmo.
Le mordí en respuesta, sacándole un gruñido, pero
consiguiendo que me dejase hacer a mi manera.
Lamí y besé nuevamente cada rincón de su erección,
deleitándome con aquel placer, saboreando el líquido pre-seminal que salía de él,
apretando con mi mano su base para seguir lamiendo la punta a mi antojo.
Comencé seriamente a masturbar su miembro, aumentando el ritmo y
la frecuencia con la que lo introducía por completo entre mis labios, oyendo
como cada vez más aumentaban sus gemidos, quedos, cortos.
Me detuve antes de que terminase, separándome de él, que me
miraba frustrado desde su posición.
Sonrió en seguida, sabiendo que había hecho bien, que luego
se enfadaría si no le daba tiempo de terminar en mi interior.
Porque ambos sabíamos que aquello era lo que más le gustaba.
Mordió fuertemente mi labio inferior, haciéndome sangrar,
para luego inclinarme sobre mi mesa, porque sí, la mesa del final era la mía.
Presionó mis nalgas una vez con sus manos, para luego
deslizar mi ropa interior muslos abajo, quitándolos por completo.
Sentí su lengua en mi entrada rápidamente, ensalivando mi
cavidad, dando pequeños mordiscos y apretones a mis glúteos cuando se le
antojaba, haciéndome gemir.
Sabía que no estaba completamente preparado cuando se
introdujo completamente en mi interior, obligándome a acallar un grito de dolor
para no ser descubiertos.
No esperó a que me acostumbrase tampoco, comenzando a
penetrarme rápidamente, a su antojo.
Me notaba a reventar, toda su extensión introduciéndose
profundamente en mi interior sin pausa, una y otra vez, arrancándome gemidos
que acabaron siendo únicamente de placer.
Porque me gustaba ser tratado de esa forma, porque me gustaba
sentirle en mi interior como ninguna cosa otra en el mundo.
Levanté más mi trasero, permitiéndole introducirse aún más
hondo en mi interior, facilitando que aumentase el ritmo de sus embestidas.
Mis ojos se desenfocaron casi por completo cuando tocó ese
punto en mi interior que me hacía rogar por más.
Notaba un hilo de saliva caer por la comisura de mis labios
por el placer, mi cuerpo estremecerse a medida que se acercaba el final; así
como las ganas de que jamás llegase a ese punto.
Se sentía demasiado bien tenerle en mi interior.
Arañé la madera del escritorio cuando me vine notando como
mis paredes aprisionaban su miembro en mi interior, no queriéndole permitir
salirse, hasta que el terminó en mi interior.
Gemí bajito, casi un susurro, cuando sentí su líquido espeso
y caliente en mi cavidad, pero no me molestó; de alguna forma, jamás lo hacía.
Salió de mi interior y plantó un beso en mi nalga derecha,
antes de subirme el bóxer y enderezarme, pues yo solo no hubiese podido, mis
piernas no me sostenían.
Le observé mientras colocaba su ropa en su lugar, intentando
alisar las arrugas de la camisa, colocando correctamente el cinturón.
Me agaché para recoger mis pantalones, sintiendo una punzada
de dolor en la zona baja de mi espalda por la brusquedad del encuentro.
Me vestí en silencio, mientras él se había acomodado en la
pared, mirándome.
Siempre le gustaba mirar cómo me vestía.
Se acercó a mí cuando terminé, apoyando mi dolorido trasero
en aquella mesa que debía limpiar antes de que terminase la hora del almuerzo.
Sus manos se colocaron en mis caderas, su lengua recorrió mi
labio, recordándome la herida que me había provocado.
- Hyung,
me enloqueces. Nunca tengo suficiente de ti – besó cuidadosamente mis labios,
intentando no hacerme daño por aquel corte – Pasaré a recogerte al terminar las clases.
Asentí, posando mis labios sobre los suyos de vuelta,
sintiendo que no quería que se alejase de mí.
Sonrió cuando nos separamos, su mano momentáneamente en mi
cuello, acariciándolo.
- Te ves tan apetitoso con las marcas de mis besos
en tu cuello. Hyung, haces que quiera volver a hacerte mío ahora mismo. Me
empujas a querer violarte en cada rincón.
Quise decirle que lo hiciera, pero sonó la campana que
indicaba el inicio de las clases y salió de mi aula para dirigirse a la suya,
mientras yo sacaba unos pañuelos de la maleta y limpiaba el desastre.
Me senté en mi sitio, intentando ignorar aquellas punzadas
de dolor en mi trasero, sonriendo cuando uno de mis amigos entró en la clase, sentándose
en su lugar a mi lado.
Me preguntó que porqué no había salido con ellos a comer
algo, pero solo sonreí, diciéndole que no me encontraba bien, aunque sabía que
no le había engañado.
Las marcas en mi cuello eran fáciles de detectar, pero
tampoco iba a reconocerle en la cara lo que había estado haciendo.
Porque hacerlo significaría reconocer que me sentía un
objeto.
Así era como me sentía después de cada encuentro.
O al menos, los últimos tiempos.
Sentía que solo me buscaba cuando necesitaba desfogarse,
para eso era para lo que acudía a mí con prisa, sin dedicarme palabras de amor,
sin preguntar siquiera como estaba.
Solo me acariciaba con sus manos, me convencía con su tacto
y me lo hacía a su antojo.
En parte era mi culpa, porque nunca le había dicho que no,
porque nunca me había resistido con gran esfuerzo, porque siempre terminaba
cediendo fácilmente, hasta el punto que las últimas veces ni me resistía, solo
tomaba lo que me quisiese dar.
Sonreí con tristeza cuando mi amigo tomó mi mano y le dio un
apretón.
- KyungSoo,
deberías dejarlo. Mereces más que solo eso – señaló, refiriéndose a las marcas
en mi cuello que comenzaban a mostrarse moradas.
Le miré, como si me estuviese diciendo alguna blasfemia, aun
cuando sabía que tenía más razón de la que quería creer.
Porque aunque me sintiese utilizado, para mí lo valía.
Creía que en el fondo, significaba más para él de lo que me
dejaba ver en un principio.
- Suho
hyung… No lo entiendes – susurré, solo para que él lo oyese, pues el resto de
compañeros habían comenzado a llegar.
Negó con la cabeza, soltando mi mano y mirándome con algo de…
tristeza, antes de sacar el material para la siguiente asignatura.
Ignoré aquello, sacando mis cosas, escondiendo el pañuelo
manchado para tirarlo después.
- Yo
solo digo que mereces más de lo que puede darte – musitó una última vez, antes
de que entrase el profesor.
Yo sabía eso. Lo sabía mejor que él.
Pero me costaba admitirlo.
Porque supondría tener que alejarme de él. De esa persona
que me hacía delirar solo por pensar en ella, que lograba enloquecerme con sus
manos, con su cuerpo.
Me aterraba la posibilidad de que me abandonase si dejaba de
complacerle.
Pero algo en mi interior me decía que tenía que enfrentar esto de algún modo, porque si no, siempre sería como él quería.
Pero algo en mi interior me decía que tenía que enfrentar esto de algún modo, porque si no, siempre sería como él quería.
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akdjakdkak amo tus fics ;; espero llegar a ser tan buena como tu :3 Te quedo mu' bn *-* KaiSoo akdkkad
ResponderEliminarjajaja exagerada ;P
EliminarEn realidad no soy buena... solo que pienso demasiado y acabo liando tanto las cosas que confundo a la gente y cree que le gusta (?) XD
Jejeje admito que el Kaisoo no es de mis couples favoritas pero bueno... aquí está kkkkk <3 <3
Unnie en verdad me esta encantando tu fic ;) muy bueno fighting unnie :)
ResponderEliminarMe alegra que te esté gustandooo >////<
EliminarNo sabía si este fic está bien porque bueno... nadie me lo menciona (?) XD
Hehehe espero que lo que siga te guste!! ;P
Holi~~ xDDD lo sé, me teletransporto uwu es que dijiste que había otro KaiSoo y lo busqué en seguida xD
ResponderEliminarAigo~ yo soy un alma sensible uwu mi Dodo no es un objeto~ :c estúpido y sensual Kai e_e asñdkf seguiré leyendo antes de sacar conclusiones o antes de odiar a Kai (?) permiso~ /o/
Jajaja saber teletransportarse es bueno (?) XD
EliminarMmm ya bueno... es que cuando me pidieron un Kaisoo pensé que necesitaba hacer algo como esto *__*
XD No sé si Kai merece que lo perdonen hahaha <3
Hasta luego!! ^^