31 de octubre de 2014

(My) Master. Cap 14


Capítulo 14. Making you cry


POV. SEHUN

Me encantaba ver la expresión contenida de Luhan mientras lo tocaba, mientras acariciaba su cuerpo con aquellos aceites para calentar y relajar su cuerpo al mismo tiempo, sintiéndole temblar cuando acaricié su erección.

Era justo que lo hiciese y no me avergonzaba, pero parecía ser que a él sí, algo que me pareció tierno, al menos hasta cierto punto.

Porque tenía la impresión de que era algo que él no había llegado a hacer, inclinándome a besarle para que se sintiese más cómodo, sin dejar de tocarle.

Porque quería seguir viendo esa expresión, seguir escuchando esos pequeños gemidos que escapaban de sus labios con algo de pena y timidez, demostrándome que, a pesar de todo, le gustaba.

Y eso era suficiente para mí, así que esperé, lo hice hasta que lo sentí a medio camino del límite, centrado en respirar correctamente, en no dejarse llevar, demasiado distraído como para resistirse a abrir las piernas para mí cuando deslicé mi mano libre entre ellas para separarlas, buscando coquetamente su entrada, advirtiéndole de cuál sería el siguiente paso.

Él lo sintió, tanto como yo pude sentir que se distraía del beso en el que lo tenía atrapado, su cuerpo tensándose brevemente por la acción, lo que me obligó a separarme para mirarle.

Para hacerle saber que no le haría daño, pero él evitó mis ojos al principio, algo que me sentó un poco mal, pero podía entenderlo.
Porque iba a entregarme su primera vez.

       -    Luhan, quiero que me mires mientras hago esto – ordené, en apenas un susurro tranquilizador.

Quería que lo hiciese sin tener que obligarle realmente, así que esperé, lo hice hasta que él terminó mirándome, sus ojos algo brillantes por el nerviosismo, si bien aceptó el roce de mis labios con facilidad.

Dejé de acariciarle, buscando su mano para que se entrelazase con una de las mías, mis ojos puestos sobre los suyos a pesar de todo, buscando su entrada con la otra mano.

Con tranquilidad, sin prisa alguna, acariciando esa entrada fruncida con la punta de uno de mis dígitos, esperando que se acostumbrase un poco a la sensación antes de inclinarme y besarle de nuevo, esperando que fuese distracción suficiente antes de introducir esa falange en su interior.

Él contuvo la respiración, pude sentirlo cuando eso ocurrió, su entrada tan estrecha que sentí que con solo eso podría enloquecerme, imaginando cómo iba a sentirse cuando fuese mi erección la que estuviese a atrapada entre la redondez de sus nalgas.

Con todo, fui lento, acariciando sus labios con mi lengua mientras se relajaba y aceptaba aquel intruso dentro de su cuerpo, sintiendo que él comenzaba a corresponder a mi beso en algún punto, esperando unos segundos antes de jugar con mi dedo en su interior.

Lo retiraba y volvía a introducirlo lentamente, asegurándome de que no le dolía, sin dejar de besarle y morder sus labios, distrayéndole con ello todo lo que podía, sus dedos presionando los míos, sin soltar mi mano.

Sentía la necesidad de romper el beso para mirarle cada poco tiempo, asegurándome de que seguía queriendo aquello, aunque me miraba dubitativo y apenado.

Pero arreglaría eso, con el tiempo. Le enseñaría a ser más confidente en ese aspecto también.

Esperé hasta que su cuerpo se sentía cómodo con el primer dígito para introducir el segundo, notándole tensarse una vez más cuando lo hice, mis labios buscando los suyos, los cuales me esperaban con algo de necesidad.

Lo preparé tan bien como pude, besándole cuando sentía que era lo que necesitaba, deslizando mis dedos en su interior lentamente al principio, aumentando la velocidad para que su cuerpo se acostumbrase también a ello.

Y él se dejaba hacer, relajando cada vez más su cuerpo, abandonándose a las sensaciones que sabía que terminarían gustándole, casi sintiéndome orgulloso al ver que se sentía bien con mis atenciones.

Porque era hermosa la forma en la que su rostro mostraba todo aquello cuando dejaba de besarle y solo el contemplaba, endureciéndome más al pensar cómo podría ser cuando fuese yo quien estaba enterrado profundamente en su interior.

Me resultó difícil continuar cuando vi que el tercer invasor le dolía, pero estaba decidido a hacerle sentir bien, así que seguí atendiendo su cuerpo con lentitud, esperando que él se sintiese mejor.

Y sabía que lo hacía con cada pequeño cambio, con cada beso que regalaba a su cuerpo, mordisqueando la piel de su vientre cuando este se tensaba y un pequeño temblor lo recorría, indicándome que estaba preparado

Que él mismo lo quería cuando movía un poco sus caderas de forma inconsciente y me parecía encantador, en especial el bonito sonrojo que cubría sus mejillas entonces.

A pesar de todo, seguía maravillosamente estrecho.

Separé un poco más sus piernas con cuidado para poder introducirme en él con comodidad, encontrando resistencia en su anillo de músculos al principio, por lo cual trataba de tranquilizarle, acariciando sus muslos mientras entraba en él de forma cuidadosa.

Sin embargo, le había dolido.

Sus ojos se humedecieron en cuanto entré, empañándose a medida que le estiraba por dentro, obligándole a amoldarse a mi longitud de esa forma lenta y, aún así, dolorosa.

Veía que él no quería llorar así que lo besé, intenté que se centrase en mis labios recorriendo su cuello, sus mejillas y de nuevo sus labios mientras me quedaba quieto, profundamente enterrado en su interior caliente y palpitante, enloqueciéndome.

Porque era tan apretado que sentía que se me cortaba incluso la circulación en esa zona de mi cuerpo, obligándome a aguantar en mi lugar a pesar de todo.

Pero dolía de forma indescriptible el sentirlo tenso y apretado a mi alrededor, con el pasar de los minutos mi paciencia agotándose, pero todavía ahí, haciendo un esfuerzo por él.

Esperando hasta que me indicase que se sentía un poco mejor, algo que me pareció una eternidad, hasta que sus caderas de movieron un poco, curiosas, y no pude evitar sonreír.

Porque eso para mí fue suficiente para comenzar a moverme, con suavidad al principio, buscando que se relajase más al atrapar sus botones, uno con mis labios, en otro con mis dedos, levemente humedecidos.

Su cuerpo estaba caliente bajo el mío, a la par que mi cuerpo en realidad, comenzando a reaccionar ante esas caricias, ante cada suave penetración, ofreciéndose a mí sin darse cuenta, con timidez y vergüenza.

Pero lo hacía, de forma libre, dejándose acariciar y reaccionando ante cada toque de forma indescriptiblemente placentera para mí, dejándome saber que le gustaba y que, de alguna forma, era la primera vez que sentía algo así.

Y me sentía orgulloso de ser el primero en poder estar causándole todo eso, mi erección adolorida atrapada en su cuerpo, queriendo liberarse con premura y siendo detenida constantemente.

Porque aún si mi cuerpo lloraba, pidiendo clemencia, ver a Luhan retorcerse por mí era otra forma de placer infinito que iba a llevarme al borde sin mucho más.

Me centré primero en que él alcanzase su punto álgido, buscando en su interior algo que le hiciese delirar y abrirse más para mí, que le impidiese que cualquier rastro de timidez siguiese en su cuerpo, sintiéndome tremendamente satisfecho cuando finalmente lo conseguí.

Su cuerpo se estremeció por ello, dejando escapar un gimoteo que me erizó el vello de forma placentera, su entrada contrayéndose más a mi alrededor.

Estar perdido en su interior me obnubilaba lo suficiente como para que aquello fuese demasiado incluso para mí, pero no dejé de moverme, esperando a que él llegase al final mientras mi interior se derretía cada vez que me deslizaba fuera de él y luego me aceptaba de nuevo, vacilante al principio, con seguridad después.

Pude sentir que se me cortaba la respiración cuando vi esa expresión en su rostro, esa que me indicaba que era su final, antes de que su cuerpo temblase un poco y culminase para mí.

Hermoso, lo suficiente como para obligarme a liberarme en su interior yo también tras unos pocos segundos.

Porque había estado esperando aquello demasiado como para aguantar más de todas formas, así que le rodeé con mis brazos, esperando tranquilizarme mientras mi cuerpo entero se sentía ardiendo por la acción.

Ardiendo, pero feliz, porque por fin era mío.

Y, sin saber por qué, supe que la mejor parte sería tenerle entre mis brazos toda la noche de esa forma, si bien sentí su cuerpo tensarse de repente, y eso no me gustó para nada.

¿Se arrepentía de haberse entregado a mí?

Cuando trató de levantarse se lo impedí, queriendo mimar su cuerpo toda la noche, mis brazos obligándole a juntar su espalda con mi torso para que no se moviese, mis labios buscando sus hombros para dejar pequeños besos en su piel, tratando de indicarle que aquello estaba bien.

       -    Amo – susurró, sintiéndolo inseguro, dejándole saber que podía continuar con un pequeño carraspeo, curioso – debería irme – terminó, sorprendiéndome un poco.

¿Debería?

Tenía entendido que allí era yo quien decidía lo que uno debía y no debía de hacer, así que no entendía por qué él pensaba que tenía que irse cuando yo no le había dicho eso en ningún momento.

Y eso me molestó un poco.

¿Creía que iba a dejarle marcharse así, sin más, después de su primera vez?

Probablemente aún si era la trescientos noventa no iba a permitirlo, así que le di la vuelta entre mis brazos, queriendo ver su rostro para saber qué era lo que pasaba realmente por su mente.

Y no me gustó, porque vi que él no confiaba en lo ocurrido, que una parte de él todavía no confiaba en mí a pesar de todo.

       -    Dormirás aquí – sentencié, sintiendo el estremecimiento de su cuerpo tras decirlo.

Nunca antes había dejado a ninguna de las chicas compartir cama conmigo toda la noche y algo me dijo que él lo sabía, por ello se tensó un poso entre mis brazos, si bien podía ver un muy leve tono rosado en sus mejillas, indicándome que sabía lo que eso significaba para él.

Solo que no parecía dispuesto a aceptarlo tan fácilmente.

       -    Pero amo… no es correcto – murmuró, sonando indeciso.

Después de todo, era eso.

Y no quise enfadarme, no cuando mi cuerpo estaba relajado, casi tanto como mi mente, así que solo lo estreché más entre mis brazos para sentir su calor, sin importarme el no habernos dado un baño antes, besando con suavidad la punta de su nariz, sin querer agobiarle.

Porque tal vez, un beso en los labios le haría sentir extraño.

       -    Yo decido eso – contesté con suavidad, pero no por ello admitía réplica alguna.

No supe si él iba a dormirse pronto o no, pero antes de darme cuenta me lo encontré descansando tranquilamente entre mis brazos tras cubrirnos con las sábanas, amoldado perfectamente a ellos, lo que me terminó de relajar para que yo mismo pudiese dormir, rodeado de su esencia por completo.

Sin embargo, antes de hacerlo, no pude evitar susurrarle que me llamase por mi nombre la próxima vez.

Quería escucharle decirlo, ver cómo sus labios dejaban escapar esa palabra en lugar de llamarme amo, al menos si estaba solo ante mí.

Sin embargo, él dijo que no podía, con la voz soñolienta, lo cual me hizo reír, sin sentir que debía de presionarle en ese instante, mientras el sueño me llevaba.

Porque terminaría haciéndolo en algún momento, yo solo le había advertido, esperando que durante la noche la idea rondase por su cabeza sin descanso.

Por mi parte, no sabría decir qué me encontré en el mundo de los suyos, supuse que debió de ser lo suficientemente bueno como para despertarme sonriente.

Al menos un poco.

Lo sentí despierto entre mis brazos cuando estaba a punto de marcharse de nuevo sin decir nada, rodeándole con más fuerza de nuevo, pegando su espalda a mi torso, sintiendo cómo su trasero se amoldaba deliciosamente a mi cuerpo también.

Tenía el tamaño ideal para esa posición.

       -    Es pronto – musité, apenas amaneciendo fuera de aquella habitación.

Sin embargo, sentía su nerviosismo por cómo notaba retumbar su corazón en su torso, nervioso y probablemente avergonzado.

Después de todo, todavía no estaba acostumbrado a sentir mi desnudez contra la suya, pero quería pensar en que llegaría el momento en el que él se sentiría cómodo con aquello.

Y yo esperaría, paciente como antes, así que decidí que podía dejarle ir aún si deseaba tenerle un rato más entre mis brazos, pero no quería forzarle a ello, no todavía.

       -    Di mi nombre, y podrás marcharte ya, hasta que vuelva a llamarte – le sugerí, susurrando aquellas palabras en su oído.

Estaba ansioso por volver a llamarle aún si todavía no se había ido, mis labios buscando un poco de su piel descubierta para depositar un beso, antes de querer probar sus labios otra vez.

Debería de decir que me sorprendió gratamente cuando él susurró mi nombre, una sonrisa tirando de mis labios antes de besarle finalmente, con suavidad, sabiendo que era el momento de dejarle marchar, al menos unas horas.

Así que le dije que podía irse si así lo deseaba, pero que podía tomarse un baño en mis dependencias primero, a lo cual se negó rápidamente, avergonzándose después por ello, pero no se lo tuve en cuanta y acepté su excusa de tener cosas que hacer ese día.

Sin embargo, eso no impidió que mis ojos escaneasen su bonito cuerpo desnudo mientras trataba de vestirse con rapidez cuando abandonó la cama, maravillándome ante semejante perfección.

Una que había poseído apenas unas horas atrás.

Solo por eso, me levanté sin hacer ruido, atrapándole una vez más entre mis brazos para besar su cuello, sintiéndole cohibido por ello, en especial cuando le recordé que le iba a ver más tarde.

Lo haría, aún si era de madrugada y debía despertarle, tras lo cual se marchó rápidamente, avergonzado.

Y eso me gustó, lo suficiente como para mantenerme sonriendo interiormente todo el día, esperando que la noche se acercase con premura para poder volver a verle entre mis brazos.

Luhan no podía compararse a ninguna otra chica que hubiese podido tener, era perfecto en todos los sentidos y estaba decidido a conservarlo a cualquier precio y todo el tiempo que fuese posible.

Para siempre, si es que alguien me lo preguntaba, pero traté de ocultar por completo el calor que recorría mi cuerpo cada vez que pensaba en el bonito cuerpo de mi bello ángel, en esas expresiones inocentes y lujuriosas que había podido observar durante aquel tiempo.

Desgraciadamente, aún si podría haber pasado gran parte del día en la cama con él, mostrándole la gran cantidad de cosas que podían ocurrir entre sábanas, tenía que comenzar a preparar los espectáculos armados que habría para la fiesta anual que se celebraba en palacio.

No tenía muy claro a qué se debía, algunos decían que era para celebrar que había pasado un buen verano, otros que era en honor a la familia real, pero para mí solo era un día ajetreado y agobiante.

Por lo que a mí respectaba, tenía que asegurarme que los halcones estaban siendo adecuadamente preparados para su espectáculo, que los caballos y sus jinetes harían correctamente  la exhibición de salto y que los guardias llevaban bien la demostración con las espadas.

Por mi parte, seguramente participaría en la demostración de espadas si mi padre lo ordenaba, principalmente porque mi progenitor todavía no quería arriesgarse con la de los jinetes, por si ocurría algo y terminaba cayendo del caballo.

Yo no diría nada, a pesar de que había practicado en más de una ocasión como controlar a mi caballo para que hiciese los saltos correctos cuando se acercaba a las vallas no contradeciría a mi progenitor.

Es más, ese año ni siquiera me apetecía preguntárselo, puesto que quería evitar tener un solo rasguño sobre mi piel.

Quería que Luhan me viese perfecto y no magullado de alguna manera, así que mantenerme lejos de todo eso no era una idea tan mala por el momento.

Luego ya vería, de todas formas.

Así pues, pasé la mayor parte del día dedicado a revisar los preparativos y a consultarlos tanto con mi padre como con su mano derecha, e incluso me tomé la libertad de escaparme un rato a tomar un té con mi madre, a la cual sentí la necesidad de poner al día con lo de Luhan.

No era del tipo de persona que va contando por ahí lo que hace o deja de hacer entre sábanas, pero quise hacerle saber que él era lo más dulce que había tenido el placer de probar y que sentía que eso era justamente lo que había estado buscando, ante lo cual ella se rió con suavidad, diciéndome que todo llegaba con el tiempo.

Sin embargo, me extrañé un poco cuando me dijo que no por ello debía de dejar de tratarle con respeto y cortesía, que debía de seguir dando pequeños avances y no forzar la situación.

¿No se suponía que ya le había conseguido?

La advertencia de mi madre era realmente extraña, pero intenté entenderla antes de marcharme para seguir con mis tareas, entre las cuales estaba una comida rápida con el sultán.

Mi progenitor sentía la necesidad de hablar sobre los preparativos un tiempo, pero estaba claro que también quería comentarme lo ocurrido con aquel tipo que se había ofrecido a comprar a mi pequeño ángel.

No debería de haber sido tan brusco, pero era consciente de que volvería a serlo las veces que hiciese falta con tal de que nadie más pensase en poder llevárselo de mi lado, incluyendo a mi progenitor.

Aún con todo, el hombre no me llamó la atención por lo ocurrido, no realmente al menos, si bien me dejó caer que la próxima vez hiciese notar de una forma algo más sutil que Luhan no estaba a la venta, aún si la gente era insistente.

Porque mostrar demasiado interés en algo solo iba a conseguir que la gente a mi alrededor comenzase a ansiarlo, no solo porque era hermoso, sino también por el hecho de que era algo que yo, el sucesor del sultán, quien lo deseaba.

Eso solo conseguía que la gente se preguntase con más afán qué era lo que él tenía para que lo quisiese mantener, así que me aconsejó tomármelo con más calma la próxima vez y tratar de no hacerlo evidente, aunque me comentó que el comentar que había sido un regalo suyo sería suficiente para evitar preguntas.

A menos que se repitiese la escena, pero no lo creía, puesto que trataría de evitar por todos los medios que Luhan participase de nuevo en cualquier tipo de fiesta, no importaba para quién fuese.

Él se quedaría en el harén o en mis habitaciones, pero jamás volvería a permitir que otros hombres se lo comiesen con los ojos como había ocurrido durante esa cena.

Tras esa conversación con mi padre y la degustación de algunos platos más, cada uno se fue por su lado a seguir con sus obligaciones y las mías, desgraciadamente, no diferían demasiado de lo que ya había estado haciendo durante toda la mañana, así que me resigné a caminar hasta el patio de nuevo, a comprobar que todo seguía en orden.

Después de todo, en cualquier momento podía enfermarse algún guardia o alguno de los animales, así que convenía estar bastante pendiente del asunto, así como de las correcciones necesarias en las técnicas de entrenamiento.

Afortunadamente, hacia media tarde pude por fin retirarme a mis habitaciones, mis pensamientos por entonces llenos completamente de Luhan, no importaba sobre qué tratase de pensar, solo él aparecía en mi mente.

Quería saber cómo había pasado él su día, si se había sentido bien, si había descansado un poco más después de irse, así que no dudé en darme un baño primero, queriendo estar presentable cuando lo mandase llamar.

Olía bastante a sudor y estaba lleno de polvo, así que me di un largo y relajante baño, en comparación al de esa mañana, antes de salir del agua y mandar a llamar a Luhan para la cena.

Quería que pasase esa noche conmigo también, aún si no podía probarle de nuevo por completo esa noche, disfrutaría un poco de sus caricias.

Me puse cómodo, como siempre que estaba en la habitación con él, dejando parte de la piel de mi torso expuesta, esperando ver el bonito sonrojo en sus mejillas cuando lo viese, sintiéndome sonreír interiormente solo con imaginarlo.

Esperaba que fuese una buena noche, para qué negarlo, en especial después del aburrido día que había tenido, de un lado para otro comprobando cosas.

Solo por eso, decidí sorprenderle un poco, caminando hasta situarme al lado del marco de la puerta, justo del lado del pasillo por el que él llegaría, de forma que no notaría mi presencia hasta que hubiese entrado en la estancia, esperando oír sus pasos por el pasillo.

No tardé en oírlos, lentamente, logrando que me preguntase si se sentiría aún avergonzado o apenado por lo ocurrido, como dubitativo, pero siguió avanzando aún si lo hacía a esa velocidad, crispando un poco los nervios.

Porque quería verle ya, pero no estaba seguro de que él sintiese lo mismo, aunque me quedé allí, sonriendo un poco cuando entró finalmente en la estancia, mirando confundido el lugar donde solía esperarle.

Yo no tardé en rodear su cuerpo con mis brazos, dejando nuevamente su espalda apoyada en mi torso, algo que pareció tensarle unos segundos, hasta que pareció reconocer de quién se trataba y se relajó, pero pude sentir cómo su cuerpo temblaba con suavidad primero.

       -    ¿Me llamaba, amo? – susurró, muy bajito.

Como si no estuviese seguro de que esas hubiesen sido realmente mis órdenes, si bien admitiría que me había quedado brevemente perdido en el suave aroma de su piel cuando le abracé.

Se sentía tan pequeño e indefenso entre mis brazos de nuevo que quise no soltarle y caminar nuevamente hasta la cama para acurrucarme con él mientras acariciaba otra vez todo su cuerpo con lentitud y tranquilidad.

Mis labios encontraron el camino hacia la piel descubierta de su cuello en cuestión de segundos, tomándome mi tiempo antes de contestar a su pequeña pregunta, queriendo demostrarle de esa forma más física que, en efecto, le había llamado.

Y él no se resistió, incluso lo sentí suspirar cuando mis labios rozaron su piel brevemente, mis brazos todavía rodeando su cintura con comodidad mientras lo hacía.

       -    Tenía ganas de verte. ¿Qué has hecho hoy? – confesé, para luego preguntarle aquello y romper un poco el hielo.

Él no se sentiría bien si solo pretendía actuar como si fuese mi amante, así que decidí llevarle conmigo hasta los cojines donde habíamos pasado largas horas, la cena servida en la mesa, como suponía que lo estaría antes de ir a darme el baño.

Mis sirvientes eran eficientes después de todo, algo que siempre me había gustado de mi posición, puesto que para casos como esos me hacía sentir muy orgulloso.

Sin embargo, y antes de que él se acomodase a mi lado, como tantas otras veces, lo obligué a sentarse en mi regazo, ese bonito tono rosado de sus mejillas ascendiendo a escarlata cuando lo hice, encandilándome semejante hermosura.

Se veía precioso con esa expresión desconcertada y tímida, mientras trataba de no estar demasiado cerca de mi cuerpo y, a la vez, apoyándose en mí para no caer de espaldas sobre los cojines que había allí.

Que el flequillo casi cubriese sus hermosos ojos le daba un toque inocente todavía más especial que la noche anterior, sus ropajes un poco menos transparentes que hacía unas horas, pero igualmente hermosos.

Porque todavía podía ver casi todo su cuerpo a través de aquella tela anaranjada, un color parecido al de la puesta de sol que hacía ver su piel más cremosa a mis ojos, más apetecible.

Sin embargo, la mejor parte era sin duda alguna esa pequeña obertura en sus hombros que los dejaba parcialmente descubiertos hasta que la tela volvía a unirse en las mangas, apenas unos finos tirantes colgando de ellos.

Me encantaba esa muestra discreta de piel, más incitadora aún que cuando le tenía desnudo bajo mi cuerpo, puesto que me hacía querer desnudarle de nuevo, aunque no era mi intención esa noche.

Sabía que, en el fondo, él se había entregado a mí porque una parte de él temía que si no lo hacía fuese a venderle a otra persona y yo había aceptado ese regalo para demostrarle que no iba a hacerlo, pero ahora debería de enseñarle que le mantendría y no únicamente porque por fin fuese mío.

Pero era difícil resistirse a él tras lo ocurrido, tras descubrir sus encantos virginales y ese potencial extremadamente seductor que poseía oculto.

Luhan parecía nervioso al principio, como inseguro sobre lo que debería decirme y lo que no sobre su día, aunque yo no podía alcanzar a entender qué había de malo en contarme qué había hecho.

Sin embargo, terminó haciéndolo, algo inseguro al principio y evitando mi mirada.

Me comentó que había estado leyendo un rato el libro que le había prestado, el cual murmuró no haber traído mientras sus mejillas se sonrojaban, algo que me hizo sonreír.

Porque él pensaba que no le había llamado para eso, y yo solo le dije que podía traerlo cuando quisiese leer allí, ante lo cual asintió avergonzado, mis labios buscando por inercia su sien para depositar allí un beso.

No olvidé acercarle la comida mientras iba hablándome, uno de mis brazos colocado en su espalda a modo de respaldo para que pudiese acomodarse mejor, siempre pendiente de que no le faltase comida.

Y él seguía aceptándolo, mordisqueando lo que le ofreciese para luego ofrecerme tímidamente algo también, como sintiendo la necesidad de hacerlo, aunque sabía que no hacía falta.

Era más que feliz alimentándole yo a él, pero él parecía sonrojarse y temblar un poco cuando me veía aceptar lo que él me ofrecía, intercalando más preguntas sobre su día entre bocado y bocado.

Como cuando me comentó que había estado jugando con uno de los cachorritos que le había ido a hacer compañía en un paseo por el jardín o su rato practicando algo de baile.

Porque decía que no le gustaba estar todo el tiempo sentado sin hacer nada, y yo le dije que hacía bien si le gustaba bailar, que no tenía por qué no hacerlo.

De vez en cuando, mis labios no podían evitar posarse en la piel descubierta de su hombro más cercano, sintiendo que eso le cortaba la respiración en algunas ocasiones, antes de que se apresurase a acercarme más comida, como temeroso de que si no lo hacía fuese a ir más allá.

Y podría ser cierto, pero tenía una larga noche por delante, así que me lo tomé con calma, limitándome a esos pequeños roces mientras yo mismo le hablaba un poco de las preparaciones para las festividades.

Él me escuchaba con la misma paciencia de siempre, asintiéndome y haciendo pequeñas preguntas tímidamente, una de mis manos acariciando sus muslos lentamente mientras eso ocurría, después de que él me hubiese dicho que ya no quería comer más y yo no iba a obligarle a ello si no tenía más hambre.

Él se estremecía un poco cuando me acercaba de más a cierta zona de su cuerpo, pero de alguna forma parecía tranquilo recostado sobre mi cuerpo, tratando de escucharme como lo había estado haciendo las pasadas semanas y eso me gustaba.

Me hacía sentir especial para qué negarlo.

Sin embargo, no tardé en necesitar besarle tras un rato hablando y acariciándole suavemente, mis labios queriendo algo más que solo tocar la piel de su hombro de vez en cuando así que busqué sus labios.

Lo hice lentamente, para que se apartase si eso era lo que deseaba, pero él no se movió, se quedó quieto, esperando hasta que nuestros labios se rozaron, como si no supiese qué era lo que debía de hacer, así que lo besé suavemente, sin esperar nada a cambio.

Solo pequeños roces mientras le preguntaba suavemente si se había sentido bien ese día tras lo ocurrido, ante lo cual se sonrojó y murmuró que sí, correspondiendo con timidez a mis roces tras eso.

Parecía que no le disgustaba, así que yo seguí, sin poder evitarlo, sin siquiera darme cuenta de en qué momento mi cuerpo se había puesto sobre el suyo entre esos cojines, devorando sus labios con hambre, si bien trataba de contenerme un poco, esperando a que él se acostumbrase a todo aquello.

Pensé que él estaría bien con ello, aún si yo no iba a llevarlo mucho más lejos, pero no lo estaba.

No cuando me separé con él, buscando llenar mis pulmones con aire y vi sus ojos húmedos, solo que no parecía ser porque estuviese bien, aún si me había estado correspondiendo.

       -    ¿Estás bien? ¿Te duele algo? – pregunté, acariciando su mejilla con suavidad, aún sobre su cuerpo.

Pero él lo negó rápidamente, aún si sus ojos parecían estar humedeciéndose más conforme pasaban los minutos, preocupándome bastante.

Porque no entendía qué ocurría, si bien él pareció sentirse culpable por aquello, haciéndome suspirar.

Porque sentía que lo había forzado de nuevo y no estaba bien, no para él después de todo.

       -    Lo siento… es que esto no está bien, no lo está – murmuró, apenado.

Admitiría que eso me confundió todavía más, puesto que se suponía que no había nada malo con todo aquello.

Después de todo, él me pertenecía, no estaba haciendo nada incorrecto conmigo, obligándome a separarme un poco más de él para darle espacio, si bien no por ello dejé de acariciar su mejilla con cuidado, sin querer que sus lágrimas se derramasen.

       -    ¿Qué no lo está? Luhan eres mío, esto está bien – susurré.

Sin embargo, él giró la cabeza, negándose a mirarme al cubrirse los ojos con un brazo, viéndose terriblemente apenado.

Como si se estuviese rompiendo, y yo seguía sin saber por qué.

       -    Por eso mismo… No quiero hacer esto y que luego… te olvides de mí. Preferiría que me ignorases – musitó.

Debería decir que me sorprendí porque me habló informalmente, probablemente porque se sentía demasiado dolido como para pensar en ello, y yo no se lo tuve en cuenta.

No cuando comenzó a llorar, obligándome a mí mismo a acomodarle unos minutos entre mis brazos, sin decir nada mientras le acariciaba, porque no sabía cómo hacerle ver que eso no ocurriría.

Siempre había pensado que él veía la diferencia entre la forma en la que le trataba a él y como había tratado a las otras, como a él no le había buscado por su cuerpo, cómo me había preocupado de pasar tiempo con él en cosas que le gustasen.

Pero parecía ser que aún dudaba de mí, lo suficiente como para estar de esa forma, y yo tampoco podía culparle.

Porque mi madre me había dicho que debía de seguir siendo cuidadoso a pesar de todo y yo me había lanzado a sus labios en lugar de haber actuado con más naturalidad, de solo haberle abrazado y, como otras veces, invitarle a leer, aunque esta vez hubiese sido en mi regazo.

Así que le dejé marchar, le susurré que se fuese a su habitación para calmarse si no quería estar allí, ante lo cual solo susurró un suave “lo siento” antes de levantarse.

Y no le seguí, solo deposité un pequeño beso en su sien antes de que su calor dejase mi cuerpo y saliese por aquella puerta, andando algo apresurado.

Tendría que volver a comenzar casi desde cero con él, lo sabía y, una parte de mí, lo lamentaba.

Pero la otra me dijo que estaría bien.

Lo arreglaría, aunque llevase algo de tiempo.


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AWwwwww aquí el capítulo del Hunhan~~

¿Qué os ha parecido?

I know, tal vez es un poco confuso, pero juuuuro que en el próximo capítulo lo vais a entender todiiiito, no os preocupéis...


Esto es todo tan lovely como siempre <3.

Desgraciadamente no puedo decir que esté contenta con EXO con esto de los MAMA, pero eso no va a afectar mi amorsh por este fic... así que en serio, prometo que las cosas serán bonitas again, pero hacía falta un poquiiito de drama ;P.

Ale sweeties, me tengo que ir ya...

Espero que os guste, que leáis el siguiente, me lo contéis y... tened un gran fin de semana!! <3


Until Time Stops. Cap 35


Capítulo 35. Think about it


POV. JONGHYUN

No había esperado la propuesta de Kibum, para nada si era sincero, así que no podía evitar sentirme un poco extraño.

Le había llamado para vernos de nuevo un rato cuando volviese del orfanato el domingo al mediodía, para compartir un rato juntos y así decidir qué sería lo mejor para ambos.

Sabía por mi doctora que, tal vez, sería bueno alejarme de él una temporada hasta que me sintiese un poco más centrado al respecto, en especial después de haberme encontrado con Taemin.

Porque era mejor para mí si me deshacía completamente de cualquier tipo de sentimiento que pudiese guardar por Kibum si quería, en un futuro, llegar a fijarme en otra persona y comenzar de cero.

Y sabía perfectamente que si el antiguamente rubio todavía rondaba por mi cabeza no iba a conseguirlo.

Ese pequeño encuentro con el novio de Minho me había hecho dar cuenta que realmente no podría seguir así mucho tiempo más, porque la doctora me había dicho que debería de terminar con lo que tuviese con Kibum antes incluso del primer encuentro para finalizar con éxito mi terapia, solo que no había sido capaz.

Porque me resistía a la idea de sacarlo de mi vida por completo, aún si intentar llevar una relación cortés, casi de amistad sin haber arreglado por entero todo lo anterior no funcionaría.

Sabía que no lo haría, porque no era lo que debía de hacer, pero tampoco quería ser el primero en decir adiós, y no quería escuchar un adiós de él tampoco.

Ayudaría si lo hacía él, porque podría aceptarlo, pero dolería, lo sabía a la perfección.

Había disfrutado demasiado de esas semanas con él, hablando de cosas sin importancia, la justa para sentirnos cómodos conversando, sin mencionar el pasado, aún si disfrutaba recordando en mi mente esos gestos que hacía antes y que todavía mantenía.

Solo había pasado un año, uno largo y, sin embargo, todavía era capaz de verle, cuando no lo había esperado meses atrás.

Era demasiado extraño incluso para mí, por eso con esa llamada pensaba decidir si romper o no definitivamente con aquello ahora que estábamos en buenos términos y ambos podíamos comprender que sería lo mejor.

Pero él me propuso ir al parque de atracciones, al mismo al que habíamos ido aquella primera vez.

El día en el que le conocí.

Ni siquiera dijo el nombre y yo no me atreví, solo pude preguntarle si era el que nos quedaba más cerca, el cual era, sin duda alguna, ese mismo, pero él también parecía reticente a decir cuál era el lugar, así que lo respeté.

No sabía por qué lo había propuesto, aún si me sorprendía, y no quería rechazarlo, así que terminamos quedando frente a aquel lugar por la tarde.

Eso supuso un problema importante para mis nervios, puesto que no pude concentrarme demasiado durante la mañana del domingo aún cuando tenía que estar pendiente de los niños.

Ese día se había planeado hacer un pequeño mural en grupo e iba a ayudar a los niños a que no terminasen todos perdidos con la pintura, así que me encargué primero de ponerles a todos una bata que los cubriese bien y explicarles qué no debían de hacer con la pintura.

Entre esas cosas estaba el meter las manos en los potes, tratar de tocar la parte del pincel untada de color o tratar de pintar a algún compañero.

El pincel se usaba para pintar  en el papel y luego, cuando fuésemos a terminar, todos podrían dejar su mano plasmada en el mura, pero no hasta que lo permitiésemos, porque tenía que limpiarse rápido la pintura o tendrían siempre las manos de ese color.

Y nadie quería vivir con las manos de otro color.

Eso fue lo que les dije a los niños cuando los hube cambiado y los tenía sentados en el suelo de forma obediente, solo una niña pequeña entre mis brazos esa mañana, algo extraño.

Normalmente se lanzaban todos sobre mí, pero en algunas ocasiones entendían que había alguien que necesitaba mimos más que ellos, en especial cuando la criatura era menor, como en esa ocasión.

La niña tendría apenas dos años y medio, la habían traído la semana pasada y la criatura todavía lloraba cada vez que se la dejaba en el suelo, así que nada más llegar  y verme se había lanzado a mis brazos.

Una de las cuidadoras la había estado sosteniendo desde que se había levantado temprano por la mañana, pero había tenido que dejarla para comenzar a preparar a los niños y la pequeña no había dejado de dar vueltas sollozando para que alguien le hiciese caso, llamando a sus padres.

Incluso uno de los niños más grandes, de unos cinco años, me había dicho que había intentado levantarla él, pero que no podía y se iba a caer, ante lo cual le agradecí la ayuda cuando me agaché a recoger a la pequeña.

Esos niños siempre iban a parecerme tiernos y encantadores, incluso en días como ese, en el que mi mente no conseguía terminar de centrarse, pero me agaché para sentar a la niña en mi regazo y ponerle la bata mientras instruía a los demás niños sobre cómo hacerlo por su cuenta.

Solo ayudé a los más pequeños cuando era necesario, si bien los más mayores por su cuenta echaban una mano, algo que me hacía sentir muy orgulloso, puesto que en un lugar así el compañerismo me parecía algo fundamental para el bienestar mental de los niños.

Si todos estaban bien con todos, o al menos tenían amigos con quien jugar, al menos no se sentirían tan solos cuando yo no estaba alrededor para vigilarles y asegurarme de que estaban bien.

Después de eso, llevé a todos los niños al jardín, con la pequeña Lauren todavía colgada de mi cuello, llamándolos por sus nombres para que se fuesen sentando en el suelo frente aquel papel.

Había costado encontrar uno lo suficientemente resistente para que no se fuese a romper si algún niño pasaba por encima en algún momento.

Los pequeños al os que yo cuidaba ya estaba casi todos colocados cuando otras ayudantes llegaron con sus niños, un poco más grandes que los míos, comenzando a explicar qué iban a hacer.

Íbamos a repartir unos cuantos colores entre los niños y podían dibujar lo que quisiesen delante de ellos, así luego colgaríamos el mural en una de las paredes interiores del orfanato.

Podían mezclar colores y hacer las rallas que quisiesen, así como dibujar algo grande o varias cosas pequeñas, cada uno a su gusto y, aquellos que se portasen bien, podían luego pintar sus manos y dejarlas plasmadas en el papel también.

Eso hizo ilusión en especial a los más pequeños de mi grupo, quienes una vez comenzaron a pintar no dejaban de llamarme, preguntándome si estaba quedando bonito, si sabía lo que era y, en general, esas preguntas inocentes que hace cualquier niño en esas ocasiones.

Respecto a Lauren, tuve que sentarme entre los niños para que ella pintase algo sin bajar de mi regazo, aunque más bien era yo quien dibujaba, sujetando su mano con la mía para que cerrase los dedos alrededor del pincel.

Solo dibujé una flor y puse su nombre debajo, sabiendo que no podía distraerme mucho y debía de tener un ojo puesto en los niños con los pinceles.

Alguno podría decidir meterse pintura en la boca para probar y terminaríamos en urgencias, pero tampoco podía dejar a Lauren sin que comenzase a llorar, así que tuve que confiar en que los pequeños se portarían bien cinco minutos mientras hacía el dibujo.

Afortunadamente, nada malo ocurrió y pude levantarme poco después con la niña en todavía abrazada a mí, inclinándome ante las preguntas de los niños tantas veces que al cabo de apenas media hora sentía que iba a terminar con problemas en la espalda.

Mis lumbares probablemente me impedirían andar bien al día siguiente, pero seguí sonriendo y contestando como lo había estado haciendo desde que comencé a trabajar allí, en el fondo gustándome en exceso ver las sonrisas de los niños.

Porque me sentía bien, era la mejor terapia que había podido encontrar, eso estaba claro, y sabía que nunca lamentaría haberme involucrado en ese tipo de cosas.

No hasta que llegó el momento de subir las mangas de las batas a los niños para que pusiesen sus manos en la pintura y luego encima o debajo del dibujo que hubiesen hecho.

El problema en sí no fue que se portasen mal, la mayoría de ellos lo hicieron correctamente, pero era imposible no terminar manchado por todas partes cuando todos a la vez querían que se les ayudase a quitarse la pintura de las manos.

Sabía que no lo habían hecho a propósito, pero mis pantalones y mi camiseta terminaron llenos de palmas de mano de distintos tamaños y colores en poco tiempo, habiendo dejado a Lauren abrazada a una de mis piernas mientras tomaba a cada niño y lavaba sus manos con agua y jabón hasta que podía mandarlos a secarse las manos con alguna otra ayudante.

Fue divertido, eso no lo negaría, pero sabía que no podría volver a ponerme esa ropa aún si la llevaba a la tintorería, así que me resigné a no volver a utilizarla incluso antes de llegar a casa y poder observar  por completo hasta donde llegaban los desperfectos.

Lo único malo fue que no pude jugar bien con los niños al estar todo sucio, no queriendo que ninguno se manchase, así que decidí irme un poco más temprano de lo habitual, poco antes de comer.

Me quedé hasta que todos estuvieron sentados en el comedor y me prometieron comérselo todo, saliendo por las puertas del lugar minutos más tarde, tras despedirme también de las trabajadores del orfanato.

La mayoría en realidad trabajaban como voluntarias en momentos que tenían libres, así que a lo mejor venían solo dos o tres veces por semana alguna tarde, pero me sentaba bien saber que había más gente ahí fuera que se molestaba en echar una mano en casos como aquellos.

Era gratificante y me hacía recuperar algo de fe en la humanidad, no lo negaría, si bien me quedaba todavía un gran problema ese día.

Kim Kibum.

La imagen del rubio en mi mente parecía más nítida a cada momento, recordándome con ello que faltaba muy poco para vernos en aquel parque.

Ese  donde habíamos tenido nuestra primera cita, aún si en ese momento no le habíamos puesto nombre, porque acabábamos de conocernos.

Pero lo había sido, al menos eso era lo que mi mente me decía cuando pensaba en ese encuentro fortuito, preguntándome a mí mismo cuando por fin llegué a mi apartamento cómo era posible que hubiese cruzado media ciudad sin tener ningún accidente con lo disperso que estaba.

Cosas que pasan, supuse, pero admitiría que me encontraba inseguro mientras me daba una ducha para quitarme posibles restos de pintura nada más llegar.

Dejé la ropa sucia en el fregadero, puesto que intentaría quitar algunos restos antes de lanzarla en algún contendor, aunque tenía la esperanza de salvar los pantalones al menos, encaminándome después hacía la ducha.

Intenté relajarme todo lo que pude, optando por pensar en qué  me haría de comer cuando saliese de debajo del agua, pero mi mente prefería volver al asunto de la ropa que iba a ponerme para que él me viese bien.

Siempre terminaba arreglándome un poco más de lo habitual cuando se trataba de mi exnovio, como si necesitase no avergonzarme a mí mismo al vernos, aunque él iba siempre tan hermoso que, de todas formas, probablemente a su lado yo nunca me veía ni medianamente decente.

Pero no me importaba, puesto que mis ojos también iban siempre directamente a Kibum, así que era suficiente para mí.

Después de varios minutos, y de asegurarme una y otra vez de que mi cuerpo no olía a pintura, sino a jabón exclusivamente, salí del agua secándome mientras seguía olisqueando por si en algún momento notaba el olor a pintura.

Esas cosas podían ser traicioneras a veces, pero al no notar nada extraño abandoné el cuarto de baño, apenas cubriéndome con la toalla para ir a hacer la comida.

Era una estupidez vestirme antes, podría mancharme si me entraba el nerviosismo y mis manos decidían comenzar a temblar de repente, así que lo descarté rápidamente y miré qué tenía en los cajones.

Si iba a ir al parque de atracciones con Kibum, lo mejor sería hacer algo sencillo que no pudiese sentarme mal.

Solía sentir el estómago un poco revuelto por los nervios cuando me encontraba con él, así que no quería arriesgarme a quedar como el ser patético que a veces sentía que era a su alrededor.

Así pues, tras un repaso rápido de todo lo que tenía por la cocina opté por hacer un poco de arroz y caldo de verduras, cosas que no me sentarían mal por el momento.

Después podría comprar algo en el parque de atracciones si me quedaba con hambre, pero raramente ocurría, era como si el solo pensamiento de encontrarme con Kibum me cerrase el estómago y me fuese imposible comer.

Sería bastante cierto, de hecho, así que intenté por todos los medios alejar todo lo que pude esa idea, lo suficiente como para cocinar y comer después, con tranquilidad, sabiendo que tenía tiempo más que de sobras para llegar al lugar.

No sabía por qué tenía la costumbre de querer llegar antes que Kibum a los sitios, tal vez porque temía que si no me veía ahí decidiese dar media vuelta y marcharse a su apartamento de nuevo, arrepintiéndose de haber aceptado mi invitación.

Solo que, en esa ocasión, era él quien me había propuesto que saliésemos, algo que me emocionaba un poco.

Solo un poco, por no decir mucho, pero era una estupidez emocionarse por algo así.

Después de la comida decidí proceder a arreglarme, buscando unos pantalones que me quedasen bien y, a la vez, fuesen cómodos para estar paseando un tiempo, así como una camiseta que se adecuase a ellos.

Terminé optando por la sencillez, como siempre, puesto que mi sentido de la moda estaba más que extinto en mi ser.

Tomé unos pantalones negros que tenía por ahí, algo ajustados, pero lo suficientemente elásticos como para ir cómodo, una camiseta a rallas azules y blancas, decorada con una chaqueta negra.

Combinación extraña, lo sabía, pero para mí era más que suficiente, tal vez porque de alguna forma veía mi piel más luminosa si utilizaba eso.

No perfecta como la de Kibum, pero mejor de lo habitual, aunque yo no me ponía cremas ni cosas de esas para intentar mejorarla.

Ni siquiera sabía cómo hacerlo.

Tras echarme algo de perfume de hombre, si bien tuve la sensación de que me había bañado en él en lugar de haber echado solo unas pocas gotas, inspiré profundamente y tomé las cosas necesarias para salir camino al coche.

Conduciría hasta el lugar, así que me llevé las llaves, la cartera y el teléfono.

Me había dado cuenta últimamente que utilizaba poco el coche, tal vez porque era algo antiguo o bien porque andar siempre me había tranquilizado, pero quise llevármelo esa tarde.
¿Por si luego podía llevar a Kibum a algún sitio?

Era posible, pero mantuve esa estupidez lejos de mi mente y bajé hasta el vehículo, tratando de recordar el camino en coche hasta el parque de atracciones de la ciudad.

Siendo un domingo por la tarde estaría bastante lleno, pero no me fue muy difícil aparcar unas calles más abajo del lugar, caminando sin problemas hasta la entrada, donde me dispuse a esperar a que apareciese Kibum.

¿Cómo aparecería?

No podía evitar que mi mente reviviese la última vez que habíamos estado allí, cómo de enfadado había llegado y, sin embargo, cómo había sido capaz de hacerle reír tras un corto tiempo.

Su reticencia inicial y sus risas posteriores, viéndose tan hermoso tanto si ponía mala cara como si sonreía.

Sinceramente, no recordaba con exactitud qué estaba utilizando ese día cuando lo encontré, pero sí podía hablar de cómo se veía su piel, como estaba su rostro.

Porque era perfecto, independientemente de lo que hubiese estado usando ese día hubiese dicho lo mismo, estaba seguro de ello.

Por eso, no pude evitar sonreír cuando se acercó a mí no mucho más tarde, unos diez minutos después de que yo mismo hubiese llegado, con un estilo tan parecido al mío que casi sonrío de forma demasiado evidente.

Porque como ya sabía, él se veía hermoso con cualquier cosa, incluso si solo estaba utilizando unos pantalones verde oscuro con esa camiseta de color blanquecina con un estampado extraño y una chaqueta a juego.

Era muy Kibum, pero iba algo más sencillo que otras veces que le había visto, pero no me importaba, para mí ya estaba más que bien.

Él me sonrió tímidamente cuando se acercó, haciéndome sentir inseguro al no saber bien qué hacer, pero le indiqué que caminásemos hacia la entrada para poder comprar los tickets y poder comenzar el paseo.

Él no se opuso, me dejó liderar la marcha, si bien se enfadó cuando saqué dinero para pagar ambas entradas, pero solo sonreí y aparté su mano, pagando por ambos mientras le susurraba que podía comprar él algo de beber más tarde si quería.

Y no se negó, hizo un puchero que me derritió por dentro y asistió, mostrándome esa parte de diva en él que había echado de menos y que, en su momento, había echado a perder con mi actitud.

       -    ¿Dónde quieres ir primero? – le pregunté una vez estábamos oficialmente en el interior del recinto.

Kibum se encogió de hombros, mirando alrededor, como si estuviese tratado de decidir en algo tras pensarlo, para luego señalarme una de las atracciones más suaves que había pro allí cerca.

       -    Allí, no quiero despeinarme tan pronto – murmuró, carraspeando un poco, y yo me reí.

Lo hice con suavidad, asintiendo cuando volvió a hacer ese bonito puchero para mí, dejando que él caminase delante mientras lo seguía sin prisa alguna.

Quería que él eligiese ese día, quería solo disfrutar de su compañía como más le gustase a él, así que no me opuse a nada de lo que él quiso.

Desde hacer cola en atracciones donde había que esperar demasiado a detenernos a comer algodón de azúcar, refrescos y dulces varios, cualquier cosa que él mencionó yo se la conseguí.

Tal vez, porque en mi mente estaba reproduciendo esa primera cita y sentía la necesidad de creer que todo aquello era real, aún si no era una cita realmente, pero quería creer que lo era, aunque fuese durante un momento.

No podía evitar reírme cuando él se despeinaba y trataba de arreglar su cabello, obligándome a mí mismo a hacerlo al final, puesto que era imposible no hacerlo cuando me miraba de esa forma, cuando actuaba así conmigo.

Relajado, aún si al principio habíamos estado tensos, tras un par de atracciones la tensión entre nosotros se había esfumado y, simplemente, habíamos comenzado a pasarlo bien.

No quería pensar en nada de lo que todo aquello podía significar, solo quería pensar que en que estaba allí con Kibum, nada más.

En que podía tomarle de la mano en breves ocasiones, si bien no duraban más que un breve suspiro, puesto que me retiraba en cuanto me daba cuenta aún si él no me decía absolutamente nada al respecto.

No quería que se sintiese incómodo, así de simple.

Gané para él un pequeño peluche en uno de los juegos de azar, un pequeño gatito que me recordaba  a él de forma inevitable, si bien él insistió en que me lo quedase yo había visto perfectamente cómo lo había mirado las veces que habíamos pasado por delante de ese peluche, así que había decidido intentarlo.

Me alegraba de haberlo conseguido, así que se lo ofrecí sin reservas, si bien, como siempre, Kibum sentía la necesidad de devolverme aquel pequeño favor, así que le permití comprarme un helado.

No me apetecía demasiado, pero a él sí, así que yo también comí, queriendo hacerle feliz.

Me gustaba verle así, sonriente, me daba la misma sensación de paz que los niños en el orfanato cuando jugaban entre ellos y me sonreían, saludándome con la mano para que me acercase a jugar con ellos.

Ese día Kibum estaba actuando como en nuestro primer encuentro, logrando que me sintiese como entonces.

Y no se suponía que debía de ser así.

Yo debía de alejarme del menor, ese día debía de convencerme a mí mismo de que eso era lo mejor pero no podía hacerlo si él se estaba comportando así, era imposible.

Tan imposible como cuando terminamos frente aquel banco, el mismo donde nos habíamos tomado una foto años atrás, Kibum señalándome que nos sentásemos en él como esa vez para tomarnos otra.

Y me sentí mal, algo constriñendo mi corazón mientras accedía, porque estaba decidido a cumplir todos sus deseos ese día aún si no me complacían a mí, pero desde luego, la fotografía no era buena idea.

Traía demasiados recuerdos.

Uno en particular.

El del día que había roto el marco donde había estado mi copia de aquella fotografía, pero intenté sonreír cuando Kibum quiso que nos la hiciésemos con su teléfono esa vez, a modo de recuerdo.

Y cedí, una vez más, sonriendo lo más natural que pude mientras él tomaba la fotografía antes de guardar el teléfono de nuevo, sintiendo que el ambiente de repente había quedado enrarecido.

Kibum suspiró de mi lado de repente, viéndose nervioso como no lo había estado desde hacía horas, al menos un par o tres.

Desde que nos habíamos bajado de los primeros juegos, riéndonos porque la pareja de delante había tratado de hacerse los valientes y habían terminado mareados.

Y a mí no me gustaba eso, sinceramente, si bien no me moví, igual que él no lo hizo, viendo que me miraba de reojo, inseguro.

       -    Te acuerdas, ¿verdad? – preguntó de repente.

En realidad no podría decir que me había sorprendido, o que no sabía de lo que estaba hablando, puesto que el pasado parecía igual de claro para él que para mí, demasiado reciente y doloroso todo aún si en realidad había sido hacía tiempo.

Así que solo sonreí y asentí, sin ocultarle que yo hacía rato que había estado pensando en aquello.

       -    Nunca pensé que mi decisión de ver una sonrisa en el bonito rostro de un desconocido acabaría como lo hizo – le confesé, sintiéndome extraño.

Porque era completamente cierto lo que le estaba diciendo.

Jamás hubiese esperado que todo fuese a terminar de esa forma cuando había decidido acercarme a él y llevarle conmigo al parque de atracciones.

Una parte de mí lamentaba esa decisión, pero la otra, en el fondo, no lamentaba haber conocido a Kibum.

Sin embargo, me sentí mal cuando vi la pena cubrir los ojos del menor, como si aquellas palabras le hubiesen hecho daño, así que me disculpé, susurrando que a lo mejor era el momento de que me marchase.

De todas formas, había sabido que aquello no podía durar, pero él me detuvo, su mano aferrándose con suavidad a mi muñeca, sin permitirme marchar.

       -    Jong… yo... querría volver a comenzar, de nuevo – soltó, conteniendo el aliento nada más decirlo, con rapidez.

Como si se hubiese estado conteniendo y hubiese decidido que si no lo decía en ese instante no lo diría nunca.

Y yo solo pude quedarme allí, quieto, una parte de mí emocionada por esas palabras, porque Kibum quería volver a comenzar conmigo, de cero, pero me vi negando con la cabeza, tristemente.

Porque sabía que no era lo correcto ni lo más justo para él.

Tenía que darle la oportunidad de ser feliz con alguien más, con alguien que no le hubiese tratado como yo.

       -    No sería bueno – murmuré, retirando su mano de la mía, si bien no pude contenerme y acaricié sus dedos con los míos.

Tal vez durante demasiado tiempo, pretendiendo irme tras eso, porque era lo correcto, solo que él se levantó, tomando mi mano de nuevo, buscando que no pudiese irme.

Porque Kibum sabía que él seguía siendo mi mayor debilidad, en especial cuando juntó sus labios con los míos de esa forma suave y deliciosa.

Hacía tanto tiempo desde la última vez que había podido rozarlos que me sentí embebido por ello, por semejante perfección y suavidad.

Porque no había mejor lugar en el mundo que estar en los brazos de Kibum, yo lo sabía bien, pero tuve que separarme, aún si todo mi cuerpo estaba en contra de abandonar esos bonitos labios que me había ofrecido.

Ni siquiera esos ojos húmedos debían de detenerme en ese momento, porque no era justo para ninguno.

Y él debía de saberlo, pero parecía resistirse a ello, tanto como yo lo había hecho al principio.

       -    No puedes saberlo. Ambos somos diferentes ahora… intentémoslo de nuevo – repitió, con suavidad.

Esperanzado y, a la vez, triste, como si le doliese mi rechazo.

Y yo odiaba hacerle daño a Kibum, me había prometido no volver a hacerlo bajo ningún concepto, pero no podía concederle eso.

Probablemente, podría hacer cualquier cosa por él, pero eso no.

Sin embargo, no pude decirle que no directamente, no cuando su mano buscó entrelazarse con la mía de esa forma, cuando me miraba casi suplicante, como si él me necesitase tanto como yo sabía que, en el fondo, yo le necesitaba a él, a pesar de todo.

Así que le dije que tenía que pensarlo, que él también necesitaba más tiempo para pensar bien las cosas antes que nada y que lo hablaríamos más adelante.

No dije día, en ningún momento, así que salimos del parque, con él silencioso a mi lado, reticente a dejar ir mi mano aún cuando llamé un taxi por él.

No quería separarme yo tampoco, pero era lo mejor, porque esperaba que él recapacitase y decidiese que volver sería un error, sabiendo que cometí un error importante cuando besé su frente antes de dejarle entrar en ese vehículo.

Era adicto a Kibum, a pesar de todo, había algo en mí que todavía lo añoraba en extremo, pero yo no quería dejarme llevar por esa parte, porque no quería arruinarle más la vida.

Así que no le llamé en algunos días, esperando a que llegase el miércoles para poder hablar con mi doctora, habiéndome sentido un poco ido los días anteriores, incluso cuando debía de vigilar los niños en el orfanato.

No podía concentrarme, así de simple, no cuando el rostro de Kibum suplicante me perseguía, tal y como lo había hecho cuando, en lugar de pedirme que volviese con él, me había pedido que dejase de golpearle.

Había sido esa misma expresión, solo que esta no estaba llena de pánico, solo de tristeza, pero la súplica estaba ahí, mezclaba en ambas y me hacía sentir mal, demasiado.

Así pues, no pude evitar comentárselo a mi doctora en esa sesión, sintiéndome nervioso cuando preguntó qué era lo que me inquietaba que no me veía bien, como otros días.

Porque hacía tiempo que no me veía preocupado por algo, así que le conté lo que había ocurrido con Kibum, lo que pasaba por mi mente.

Que una parte de mí no quería herirle, pero que rechazándole no sabía si estaba haciendo bien o mal y que eso me estaba matando.

Ella suspiró cuando terminé de contárselo, para luego mirarme fijamente, como tantas otras veces que a esas alturas mentiría si no dijese que ya había perdido la cuenta.

       -    Cuando llegaste aquí hace casi más de un año dijiste que lo hacías solo por tener a Kibum de vuelta. ¿Ya no quieres eso? – preguntó, sorprendiéndome un poco.

Tal vez porque esa no era la respuesta que esperaba.

Esperaba que ella misma me dijese si creía que sería prudente o no teniendo en cuenta lo ocurrido, conociendo tanto mi versión de los hechos como la de Kibum, pero en su lugar me estaba preguntando directamente si yo quería volver con el menor o no.

Y el problema estaba en que no lo sabía, porque no podía ponerme de acuerdo conmigo mismo.

Sin embargo, había algo que sí tenía muy claro al respecto, y fue eso mismo lo que me hizo negar con la cabeza tras unos segundos, suspirando.

       -    Quiero, pero hice mal y no quiero que pase de nuevo – sentencié, sintiéndome bastante seguro al respecto.

O no, como cada vez que estaba sentado en esa silla frente a esa mujer, la cual me hacía dudar constantemente de lo que se suponía que sabía.

Ella terminó sonriendo tras unos segundos, para luego mirarse los dedos unos segundos, como preguntándose a sí misma si estaría bien lo que iba a decir antes de dejarlo caer, sorprendiéndome de nuevo.

       -    Jonghyun, ¿quieres hacer feliz a Kibum?

Ni siquiera sabía cómo podía hacerme semejante pregunta, sabiendo que no iba a dudar un solo segundo en asentir.

¿Cómo podría querer lo contrario? Después de lo que había hecho lo mínimo que merecía era hacerle feliz, a cualquier precio.

       -    Tienes una segunda oportunidad para ello. ¿No quieres intentarlo? Sabes qué hiciste mal en el pasado, conoces qué errores no repetir. ¿De qué tienes miedo? – puntualizó, haciéndome mirarla de forma extraña.

Porque esa mujer me confundía sesión tras sesión.

¿Primero me decía que lo mejor para mí era dejar de verme con Kibum y ahora me proponía intentarlo de nuevo con él?

A veces sentía que el cuerdo allí era yo.

     -    De no estar curado del todo y recaer – terminé respondiendo, puesto que sabía que eso era lo que ella esperaba de mí.

A pesar de todo, siempre había un porqué tras su actitud, aún si a mí me seguía confundiendo.
Tampoco era muy difícil averiguar por qué tenía miedo de intentarlo con Kibum tras de lo ocurrido, porque no quería repetir mis pasos.

Después de todo, aquella terapia no era fiable por completo, aún si tenía una probabilidad muy alta de suceso.

Sin embargo, ella me sonrió de nuevo tras mis palabras, como dándome la razón, una vez más.

       -    Jonghyun, yo estaré aquí para ti hasta que estés completamente recuperado, pero más allá de eso, eres tú quien debe elegir arriesgarse y enfrentarte a sus miedos o no hacerlo – puntualizó, ahí sí confundiéndome del todo.

Esa mujer me iba a dejar peor de cómo había llegado a ese paso, si bien no me quedó más remedio que suspirar y prometerle que lo pensaría con cuidado.

Porque esta mujer decía que sí y luego que no, me obligaba demasiado a pensar en cosas que ya había decidido y que se suponía que no tenían vuelta atrás, pero ella siempre se empeñaba en que volviese sobre ellas y decidiese de nuevo.

Así que dije que lo haría, aunque no podía estar seguro.

Porque estábamos hablando de Kibum y su felicidad, después de todo.


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Helloooooo sweeetiiiiiies~~

Este es el penúltimo capítulo oficial del fiiiic~~

La verdad es que ya tengo el final... que me ha quedado un poco fluh... osea no muy bien, aunque termina bien...

PERO también tengo ya el epílogo, que es muuucho mejor que el final, así que realmente casi que os lo podéis tomar como el final porque creo que os gustará ;P

¿Qué tal la semanita?

¿Creéis que Jong se hará de rogar? Y COMO TERMINARÁ TODO?

KKK estaré esperando respuestas~~

Por el momento... voy a actualizar el Hunhan.. XD


 

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