28 de octubre de 2016

Crazy Dudes Overcrowding. Cap 1


Capítulo 1. Along my bed, forever alone


POV. SUNGGYU

       -    La humanidad no tiene futuro – gruñí sin poder evitarlo, sentándome en la silla tras servir la taza que llevaba en la bandeja.

Sintiendo ganas de tirar dicha bandeja al suelo y dedicarme a patearla hasta que ni el chino que la había hecho lograse reconocerla por lo que era, la risa con la que contestó Hoya frente a mí solo frustrándome más.

El pelinegro era la prueba viviente de que los hombres eran imbéciles.

Todos, no había uno solo que se salvase en todo lo ancho que llegaba a ser ese mundo con eso de que era redondo y no plano como decían en tiempos antiguos, fulminando con la mirada a quien se suponía que era mi amigo de la infancia.

O más bien el tipo que me había martirizado dicha infancia obligándome a salir a hacer ejercicio con él en lugar de dejarme tirado en mi cama engordando como todo joven desea al no tener perspectivas futuras de juntarse con otro ser humano que vaya a aguantarle.

El cielo maldijese a los Lee por mudarse a la casa contigua a la mía en mis buenos años mozos y a mi madre por amigarse con la suya entre tardes de cotilleo y café que compartían como buenas marujas que eran, el pelinegro alzando la taza de café que acababa de servirle para beber.

Supe que debí de haberle echado sal solo por fastidiar cuando enarcó ambas cejas con diversión, acostumbrado y al mismo tiempo harto de esas muestras de burla que me sabía prácticamente de memoria.

Incluso cuando no lo tenía en frente podía imaginar a la perfección cómo reaccionaría ante cualquier cosa que pasase por mi mente de lo visto que lo tenía, no decía más.

       -    ¿Y ahora qué? ¿Besaste a otra rana de piel suave que se convirtió en un sapo feo y arrugado y no en un príncipe? – se burló, cómodamente sentado en el sillón.

Sillón que pertenecía a mi negocio, el maldito esquivando por los pelos la patada que le lancé por debajo de la mesa, si bien mi falta de respuesta verbal fue todo lo que él necesitó para asumir que había acertado con su suposición.

Y lo más triste era que no se equivocaba precisamente, y eso era lo que más rabia me daba de todo aquello, ignorando por completo a la pareja de chicas que entró en el local en ese instante, sabiendo que había más gente para atenderlas de todas formas.

Bastaba con decir que Myungsoo me había mandado a sentarme y calmarme porque decía que era un peligro con un cuchillo en la mano y que no confiaba en que no fuese a tirarle el café en la cara a alguien estando de ese humor, de ahí que hubiese ido a sentarme con Howon un rato.

Claro que tal vez no era muy buena idea tampoco.

Podría terminar en la cárcel por intento de asesinato en un lugar público y sin aparente provocación.

       -    Hyung te tengo dicho que dejes de buscar príncipes. No existen, asúmelo ya y busca a alguien normal, que bastante suerte vas a tener si das con alguien así – comentó, levantando de nuevo la taza.

Provocando con su comentario que tuviese ganas de estampársela en la cara, aunque eso probablemente haría que se rompiese y aún si el negocio iba bien no estábamos tampoco para renovar la cerámica precisamente.

Por eso otros negocios usaban vasos de plástico en lugar de tazas, si es que estaba todo pensado en realidad y de forma concienciada y todo, pateando con éxito al menor esta vez, aunque fuese por poco.

Y maldiciendo por lo bajo al llevarme la pata de la mesa con la patada, teniendo que bajar la cabeza avergonzado cuando una pareja sentada no muy lejos nos miró con curiosidad.

No quedaba muy bonito que el dueño del local actuase así precisamente, pero esperaba que fuesen de esos clientes que venían una sola vez por estar de paso en lugar de unos habituales, dado que tampoco me sonaban mucho sus caras.

Claro que venía demasiada gente a diario como para recordarlo realmente, el pelinegro alzando una ceja con diversión a pesar de todo, odiándole por el hecho de que me conociese así de bien.

Incluso durante el instituto había sido así, cuando trataba de esconderme o poner excusas para que no me sacase a hacer ejercicio y terminaba dando conmigo y arrastrándome, algo que seguía sin agradecerle.

Si estuviese gordo como una ballena y de verdad no tuviese posibilidades de ligar por ninguna parte no me hubiese molestado ni siquiera en buscar pero no, el señorito se había tenido que encargar de que estuviese en forma.

O lo más cerca que podía estar en mi caso, con mi madre siempre mirando por encima del hombro que cumpliese con su mandato de salir a correr en lugar de estar tirado en casa todo el tiempo.

No había cambiado ni en la universidad, puesto que Howon me había robado la tarjeta de crédito para pagar tanto mi subscripción al gimnasio como la suya, una forma de obligarme a ir si no quería desperdiciara ese dinero que él prometió devolverme al acabar el año.

Y lo hizo, claro que sí, solo para pagar de nuevo con mis ahorros la subscripción del siguiente, poniéndome de excusa que era la única forma en la que mis clases no iban a convertirme en un bollo con glaseado andante.

Como si todos los que se dedicaban a la repostería estuviesen gordos o algo solo porque nos pasábamos el día haciendo pasteles y bollos de sabores y eso.

Hacerlos no significaba que nos los comiésemos, pero no era algo que pareciese terminar de entrar en ese cráneo del paleolítico que tenía el tipo, duro de mollera desde jovencito tenía entendido por su madre.

       -   ¿No tienes pacientes a los que sablar con tus precios desorbitados que estás aquí o qué? – inquirí, molesto.

Pero como era de esperarse no se enfadó, sino que se encogió de hombros y volvió a sorber de la taza mientras descruzaba las piernas para cambiar y cruzarlas del otro lado, con toda la tranquilidad del mundo.

       -    Alguien tiene que arreglar las caries que provocas hyung, no me culpes – se burló de nuevo.

Girando la cabeza cuando escuché que alguien se reía no muy lejos, Sungjong bajando la cabeza mientras seguía su camino en dirección a la mesa de las chicas que habían entrado antes para servir lo que habían pedido.

Una tarta de cereza y un brownie de chocolate según me fijé, apuntando mentalmente que necesitaba hacer más de eso al día siguiente por si se terminaban demasiado rápido, volviendo mi atención a Howon entonces.

Cierto, el pelinegro era dentista.

Uno que había abierto su clínica en el tercer piso de aquel mismo edificio, y cuyas tarjetas de presentación teníamos en el mostrador por si a alguien le interesaba algo irónico siendo aquello una cafetería que vendía pasteles y dulces varios también.

Seguía sin entender el por qué de ese trabajo cuando el menor era más adecuado para estar trabajando de entrenador personal o de profesor de educación física en lugar de estar sentado mirando dientes todo el día, pero se había limitado a decirme que iba a hacerse rico a mi costa.

Y lo había cumplido el desgraciado que era lo peor, aunque no era como si viviese muy lejos de mí ahora que éramos adultos.

No éramos vecinos, peor teniendo en cuenta que su clínica estaba sobre mi negocio nos veíamos las caras todos los días igual, y camino a casa solo había un par de manzanas de  distancia entre su apartamento y el mío.

Sí, en pocas palabras, no me iba a librar del pelinegro ni en mi siguiente vida, eso era algo que tendrían que haberme advertido el día de la mudanza.

En mal momento se me ocurrió animar a mi madre a que fuese a saludar a los nuevos vecinos solo para que dejase de molestarme un rato mientras intentaba echar una siesta esa tarde, suspirando sin poder evitarlo, dado que eso era lo más cerca que iba a estar de poder borrar ese error.

Uno muy grande, desde luego, asintiendo en dirección a Myungsoo cuando me sirvió un té de la nada, recordándome que hoy me tocaba a mí cerrar al mediodía y abrir por la tarde.

Estaba apuntado de todas formas en la pizarra que teníamos dentro de la cocina, una que cambiaba cada semana, aunque en general solíamos dejarlo siempre igual pero bueno, era fácil ajustar cambios si era necesario.

Vi a Howon rodar los ojos frente a mí, si bien lo hizo en dirección a mi espalda y no directamente a mi persona, sabiendo sin necesidad de girarme que Sungjong debía de haberle guiñado un ojo o algo de nuevo.

Esa criatura no tenía vergüenza alguna en serio, siempre flirteando con cualquiera que le pareciese que tenía dinero aún si seguía diciendo que su amor era todo para Myungsoo.

Pero que eso no influía en los negocios, preguntándome qué había hecho mal en esa vida para tener esos amigos.

Y luego algunos dirían que uno los escogía o algo, como si eso fuese posible,  tomando la taza humeante frente a mí para ver si el té me calmaba de verdad.

No había sido una buena semana para mí ni de lejos.

       -    ¿Y bien? ¿Qué ha pasado? – insistió el menor al final, cruzándose de brazos.

Haciéndome suspirar alrededor de la taza antes de dar otro sorbo a aquel té sin todo el azúcar que me gustaría que le hubiesen puesto, claro que yo le echaba demasiado como para ser sano.

Era más bien azúcar con té y Myungsoo se negaba a dejarme beber algo semejante.

       -    Estaba loco – musité al final, sintiendo que me estremecía solo ante el recuerdo.

No entendía como alguien podía tener tanta mala suerte conociendo gente pero yo parecía que siempre me llevaba la palma cuando lo intentaba.

Eso o es que simplemente atraía a gente rara, puesto que si me sobraban hasta los dedos de una mano para contar la gente normal que había conocido los últimos años era simplemente porque no había habido nadie.

Absolutamente nadie, y Hoya era testigo de ello, viéndole rodar los ojos ante mi afirmación, desde luego nada sorprendido por ello.

Era difícil sorprenderse a esas alturas ya, si bien yo no parecía dejar de decepcionarme cada vez que ocurría, como si no me tuviese aprendido de memoria que todo el que se me ponía delante era porque tenía algún tipo de tara mental importante.

Como el tipo que había conocido un mes atrás.

Uno de muchos, claro.

       -    ¿No decías que era un encanto, atento y delicado, además de guapo? – inquirió el menor, enarcando una ceja.

Un puchero escapó de entre mis labios ante esas palabras, sus piernas esquivando por poco de nuevo la patada que le lancé bajo la mesa una vez más, odiando que me echase en cara ese tipo de cosas.

No era mi culpa que todos estuviesen así de mal.

Y eso que había tardado meses en encontrar a alguien como él, solo para nada, por supuesto.

       -    Fue tu estúpida idea que me inscribiese en esa web de desesperados – gruñí, fulminándole con la mirada.

Ni siquiera había estado tan desesperado como para hacer algo así por mi cuenta, pero el menor había estado molestándome constantemente con ello, solo porque consideraba que me quejaba demasiado respecto al no conocer a nadie decente en la vida real.

Ni amigos de amigos, ni conocidos, ni nada de nada.

Solo perturbados de manicomio en mayor o menor grado uno tras otro, así que me había encontrado una tarde de domingo que no había tenido que ir a trabajar sentado frente al ordenador, mirando qué páginas webs eran más fiables en cuanto al personal.

Y gratuitas.

Admitiría que no estaba dispuesto a pagar para que luego me presentasen a tipos igual de perturbados a los que ya conocía gratuitamente, habiendo escogido finalmente una que no tenía tan malos comentarios, aunque me lo había pensado incluso tras eso.

Porque seguía pensando que eso era algo de desesperados.

Pero al final del día, yo no dejaba de estar igual que esos tipos, solo que en una condición mental mucho mejor desde luego.

Y me dije que alguien ahí dentro, en ese mundo virtual, tenía que haber que no estuviese tan mal de la cabeza.

El mundo era muy grande como para que todos los que tenían internet estuviesen enfermos de la cabeza, aunque al final solo había terminado resultando que a través de la pantalla se podía disimular mejor el grado de perturbación.

Como había pasado con Jung Il Woo al final de todo.

       -    Quiere que conozca a sus padres y nos vayamos de viaje juntos, además de hacer planes para mudarse a mi apartamento porque “le parece duro hablarme solo por un aparato todo el tiempo”. Y no solo eso, no deja de llamarme cada cinco minutos aunque le diga que estoy ocupado – resumí, estremeciéndome.

Tarado mental.

Y de los serios, algo que debí de haber sospechado antes de que fuese demasiado tarde, pero había sido el aceptar salir con él a una primera cita la tarde anterior lo que me había demostrado que tenía razón al final.

Solo los raritos ligaban por internet.

Los que eran muy raritos, sumándose esa experiencia a muchas otras que había tenido, no todas por la red necesariamente, pero igual de incómodas, extrañas y perturbadoras.

Sin embargo mis palabras solo consiguieron que Howon se riese en mi propia cara, tirándole por costumbre el servilletero a la cabeza para que se callase si bien él estaba lo suficientemente preparado para ello como para detenerlo sin problemas, volviendo a colocarlo en una esquina de la mesa a pesar de la forma en la que le fulminé con los ojos por ello.

Ese tipo no tenía empatía alguna, había visto perros asesinos con más empatía que él.

       -    Si no le diste tu lugar de trabajo ni tu dirección, bloquéale y a otra cosa, es así de simple – comentó al final, quitándole importancia.

Como siempre que conocía a un tarado de estos, haciendo que me entrasen ganas de estornudarle.

Claro, como el señorito parpadeaba y le caían pretendientes a los pies no tenía los mismos problemas que yo para encontrar a alguien, siendo plenamente consciente de que tenía a alguien por ahí en esos momentos.

No era estúpido, podía diferenciar cuando contestaba un mensaje por trabajo y obligación de cuando lo hacía de alguien que le interesaba y esos días había más de los siguientes que de los primeros precisamente, poniéndome en pie sin tener ganas de hablar más.

       -    Vuelve a tu trabajo matasanos, antes de que algunos se den cuenta del robo que perpetúas en cada visita y se busquen a otro profesional – refunfuñé, marchándome a la cocina.

Donde estaba más tranquilo después de todo, escuchando al mayor acercarse al mostrador a pagar mientras Sungjong salía a limpiar la mesa donde habíamos estado, mirando como en el interior de la estancia había cosas por recoger aún.

Y otras muchas por arreglar, suspirando antes de ponerme con ello sin muchos problemas tampoco.

Si había escogido ese tipo de carrera profesional era porque necesitaba algo que me calmase.

Y me había dado cuenta que cocinar dulces lo hacía, tal vez por el olor que me rodeaba cuando la hacía, teniendo en cuenta que fuera de los postres la cocina normal no me atraía tanto.

Pero había algo calmante en la forma en la que mis dedos se hundían en la masa cuando hacía galletas, o cómo mientras batía los cuencos con la masa para los pasteles no podía pensar demasiado en otras cosas.

Podría usar batidoras eléctricas eso era cierto, pero prefería hacerlo manualmente cuando estaba estresado, aunque eso no impedía que no usase las máquinas.

Cuando tenía que hacer varios pasteles a la vez las usaba excepto con uno de los boles, que me reservaba para hacer yo mismo, entreteniéndome limpiando la cocina antes de sacar los pasteles preparados para cortar unos trozos y llevar al mostrador.

Quedaba mejor si estaba este lleno o casi lleno en lugar de completamente vacío, si bien llenarlo del todo una vez pasaban las primeras horas del negocio era contraproducente.

Daba la impresión de que no se vendía nada porque no estaba bueno, así que era mejor si estaba medio lleno o alrededor de eso para que la gente comprase, era una de las primeras cosas que uno aprendía cuando tenía su propio negocio.

Bueno, y algo que Myungsoo había afirmado cuando comenzó a trabajar para mí al poco de abrir el negocio, necesitando hacer prácticas en un lugar que no le quedase muy lejos de la universidad para poder asistir a las clases por las mañanas y luego al trabajo por las tardes.

El pelinegro me lo había dicho uno de los primeros días trabajando para mí, que siempre le apetecía comer algo cuando veía que no quedaban muchas unidades, puesto que ver que algo se iba a terminar daba la impresión de que estaba bueno si es que así era, algo que había puesto en práctica.

Y extrañamente funcionaba.

A veces era mejor seguir los consejos de alguien a quien le gustaba comer más que cocinar que de un profesor de marketing especializado en venta de productos de hostelería, aunque no había tenido muy claro hasta qué punto me serviría tener al menor por allí.

No había tardado en comprobar los efectos que una cara bonita tenían cuando era expuesta al público, puesto que muchas adolescentes, entre otras, habían comenzado a pasarse por la cafetería después de clases solo para ver al pelinegro.

Claro que no era que los pasteles o las bebidas estuviesen malas tampoco, pero desde luego que poner al menor a servir mesas y cobrar a los clientes había aumentado los ingresos mensuales.

Lo suficiente como para que, cuando él terminó las prácticas y decidió montar su propio negocio acordásemos comprar el negocio de al lado para agrandar la cafetería e ir a medias.

Es decir, técnicamente eran dos negocios al ser dos alquileres a parte pero como habíamos tirado el tabique que los unía y hecho reformas para juntar ambos locales íbamos a medias con los beneficios.

Eso había permitido que arreglásemos un poco la distribución del local por partes y hacer la cocina un poco más grande para poner nuevas máquinas, así que podría decir que Myungsoo y yo en realidad éramos socios.

Claro que él se encargaba de estar fuera y yo normalmente dentro, aunque dependía de los turnos puesto que si había mucha gente nos turnábamos para que él descansase un poco.

Tampoco era que yo no fuese popular precisamente, aunque tendía a llamar más la atención de señoras ya maduritas.

Y de perturbados, era difícil olvidarse de ellos, por el contrario, Sungjong siendo simplemente un trabajador a tiempo parcial.

Hacía el turno de mañanas a veces, otras de tardes, según su horario en la universidad, todavía recordando la forma en la que se había ofrecido a trabajar para mí.

O más bien para Myungsoo, puesto que la criatura descarada esa prácticamente se le había lanzado en brazos al pelinegro, asegurándole que él era una de las mejores cosas que iba a conseguir si además de contratarle salían juntos.

Todavía me preguntaba cómo funcionaba esa relación, si es que se le podía llamar así, sacando en una bandeja algunos trozos de pastel más para ir colocándolos en el mostrador con cuidado, notando que debería de añadir algo más.

Pero probablemente sería mejor dejarlo para el día siguiente ya puesto que por las tardes no se vendían muchos croissants tampoco, ni tampoco muffins, incorporándome a tiempo para atender a tres estudiantes que acababan de entrar mientras Myungsoo terminaba de hacer unos cafés.

Sungjong estaba sirviendo una mesa por el momento, las chicas ojeando a los dos jovencitos compartiendo risitas descaradas antes de hacerme su pedido e ir a sentarse.

Coquetas ellas. Si supiesen que tenían las mismas probabilidades con ellos de las que tenía yo de encontrar a alguien decente en esta vida probablemente se deprimirían.

Pero quién era yo para dejarles ver lo duro y cruel que era el mundo con lo jóvenes que todavía eran, dejando que el día pasase como cualquier otro, trabajando y esperando el momento para volver a casa solo.

Como todos los días, sabiendo que me encontraría un apartamento vacío al volver, si bien Howon me había enviado un mensaje para decirme que pasaría después del trabajo por mi apartamento para cenar.

Que él llevaba la comida, murmurando por lo bajo mientras cerraba la cafetería tras limpiarlo todo que no entendía por qué no se iba con su nuevo ligue a freír espárragos.

No me apetecía en lo más mínimo tener que estar presente cada vez que le llegase un mensaje y lo contestase con la estúpida sonrisa que se le dibujaba en el rostro cuando ocurría.

Llevaba así al menos un par de semanas y el tipo seguía negando que hubiera algo cada vez que le fulminaba con la mirada, sabiendo bien que solo lo hacía por molestarme.

Bueno, y en parte porque no sentía la necesidad de restregarme por la cara de forma verbal sus éxitos en ese ámbito, bastaba con esa sonrisa para ponerme de mal humor.

Eso me llevó de vuelta al día en el que abrí ese perfil en la página web de citas y  todo eso, habiendo hecho todo lo posible por crear un perfil serio, dando detalles pero sin decir tampoco demasiado para evitar que algún loco pudiese llegar a saber mucho de mí.

Y parecía haber funcionado, claro que me había dado cuenta en los primeros días que solo raritos estaba por allí.

Gente que lo primero que te decía era si vivías solo y dónde, sin siquiera saludar primero.

Otros que te preguntaban directamente si tenías pareja y te apetecía quedar esa noche; y luego ya los que estaban en otro nivel de perturbación, que querían saber si tu padre te vendería por dos camellos.

Sí, un señor de un país del medio oriente me había dicho textualmente que tenía un par de piernas lo suficientemente decentes como para cambiarme por dos camellos si a mi padre le interesaba, dejándome a cuadros como poco.

Más que nada porque las piernas no se me veían en ninguna fotografía, y ya el tipo que me había preguntado si estaba interesado en señores mayores para experimentar sobre la vida íntima, adjuntando unas fotografías que no tenía necesidad de ver me había muerto.

Por suerte no había dado tiempo a que cargasen las fotografías cuando había quitado el chat y bloqueado el tipo, pero desde luego había sido suficiente como para que no entrase en la aplicación en varios días seguidos.

Hasta que recibí un mensaje aparentemente normal de ese hyung no mucho mayor a mí, que me había saludado con un hola, hecho una breve presentación de sí mismo y me había pedido que leyese su perfil para ver si me interesaba algo de él y así poder hablar si estaba interesado en conversar.

Había dudado lo mío antes de ver qué había por allí, sorprendiéndome agradablemente cuando no había visto absolutamente nada fuera de lo normal.

El chico ponía cuáles eran sus aficiones, qué cosas le gustaban de comer, qué mascotas, qué odiaba de la gente y qué le gustaba, entre otros, haciéndome sonreír cuando leí que le encantaban los perros.

No era fan de las mascotas pero siempre estaba bien saber que a alguien le gustaban.

Uno no podía ser muy malo si le gustaba acariciar perros y todo eso, supuse, aunque al principio me había sentido reticente a conversar con él, pero al final había contestado su mensaje.

Y de nuevo me había sorprendido para bien, puesto que había sido de lo más respetuoso en todo momento, preguntándome cosas normales a la par que contestando mis propias preguntas, sin pedirme información realmente personal en ningún instante.

Es más, incluso me dio él su información de contacto fuera de la aplicación para cuando me sintiese preparado para contactarle, que había sido cuando había accedido finalmente a encontrarme con él en persona para ver.

Cerca de un mes más tarde desde ese primer saludo, a todas luces el chico de lo más normal.

Hasta que durante esa cita me había salido con el tema de presentarme a su familia, mudarnos juntos y otra gran cantidad de cosas que me habían asustado como poco.
Incluso cuando le dije que planeaba irme una temporada del país para aprender a cocinar postres de otros lugares me había dicho que vendría conmigo.

Que no concebía la idea de estar separados ahora que por fin me había podido ver en persona, lo que ya me había hecho salir corriendo definitivamente de la cafetería tras excusarme lo mejor que había podido.

Asegurándole que me pondría en contacto con él en seguida, si bien no tenía planes de hacer nada semejante en un futuro próximo ni lejano si de mí dependía, habiéndole bloqueado tan pronto había llegado al apartamento.

No sin asegurarme antes que nadie me había seguido puesto que no sabía por qué tenía la impresión de que el tipo sería capaz de hacer algo como eso a la menor oportunidad, todavía estremeciéndome por la forma en la que me había mirado.

Como un desquiciado, y ni hablar de la sonrisa de perturbado que me había dirigido la gran mayoría del tiempo, de nuevo musitando por lo bajo mientras subía en el ascensor a Howon por empujarme a hacer cosas estúpidas.

Debería de eliminar mi perfil en esa página y limitarme a ir a la tienda de animales a comprar unos peces o algo.

O mejor una tortuga, puesto que con mi suerte lo más probable era que los bichos escamosos se me fuesen a morir antes incluso de llegar al apartamento, dejándome caer en el sofá cuando por fin llegué a casa.

Sintiéndome deprimido por la clase de vida que llevaba, aún si otros no dirían que era mala solo porque no pareciese encontrar con quién compartirla.

Pero siendo sinceros, en esa vida todo era siempre para dos.

Quedaba raro ir solo al cine, a comer o a comprar, la gente te miraba raro si ibas solo a los sitios, y salir con amigos que iban con sus parejas encima daba pena, además de que uno hacía el ridículo por completo ahí, ya lo había experimentado antes.

Que no era como si mis relaciones pasadas fuesen para tirar cohetes.

Habían sido ranas que se habían quedado como ranas, como decía Howon en ocasiones, y no era como si yo buscase el príncipe ideal ni nada parecido.

Ni siquiera tenía el estándar demasiado subido ya, pero uno tenía que tener unos mínimos después de todo, no iba a conformarme con cualquier cosa solo por no estar muerto de la risa en casa los días en los que no tenía que trabajar y el resto de mis amigos sí.

Desde mi punto de vista ya había bajado mucho el listón al apuntarme a una de esas páginas para ligar y bajarlo más me resultaba prácticamente imposible, haciendo un puchero en el aire al pensar en qué iba a ser de mí a ese paso.

De verdad que no entendía cómo no daba una encontrando pareja, y eso había sido así desde que tenía memoria.

Con decir que hasta mis padres siempre enarcaban una ceja cuando les presentaba a un nuevo amigo y me decían que no terminaba de caerles bien, ya en preescolar prácticamente.

Y rara vez se habían equivocado en sus suposiciones respecto a esas amistades que no habían resultado ser más que víboras mal disfrazadas que en mi inocente mente había querido dar una oportunidad, solo para nada.

Admitiría que  Howon era el único amigo que a esas alturas de mi vida todavía llamaba amigo, puesto que no se mordía la lengua en ningún instante cuando tenía que decirme algo aún si no era bonito y no se molestaba en suavizar la verdad tampoco.

Howon era sincero, me gustase o no, y desde luego no tenía ningún tipo de interés en utilizarme para absolutamente nada, dado que no tenía nada que ofrecer.

Es decir, quitando el que alguna vez me robase los deberes para copiarlos porque se había quedado dormido sin hacerlos, si bien según él eso luego me lo pagaba obligándome a estar en forma, una relación de amistad rara como las hubiese por ahí perdidas.

Pero una en la que confiaba a pesar de todo, tal  vez porque había sido el único amigo que mi madre había aprobado desde el principio, y no porque fuese el hijo de la vecina, aunque al principio yo no lo había entendido.

Aunque ahora sí.

Era mejor un amigo que te tiraba en la cara las verdades pero que luego te abrazaba el día que te veía mal y se ofrecía a cometer un asesinato contigo a toda esa panda de víboras que te sonreían en la cara y te alagaban antes de pedirte un favor para luego faltarles prisa en salir huyendo en cuanto necesitabas cualquier cosa.

Mi vida se había resumido un poco en eso, gente estúpida y aprovechada seguida de perturbados que me ofrecían cosas estrafalarias por meterse dentro de mis pantalones aún si desde el principio yo dejaba claras mis intenciones.

Con decir que la chica que había considerado una de mis mejores amigas desde los cinco años me había confesado cuando teníamos quince que había sido ella la que esparcía todos los malos rumores sobre mí esos últimos años porque quería llamar la atención de Howon.

Sí, completamente estúpido, aunque no podría negar que el rumor de que era homosexual fuese mentira, pero no era una forma agradable de anunciarlo, así que lo había negado.

Tanto que hasta había tenido una novia para disimular no mucho después, solo para que lo terminásemos dejando porque la pobre criatura realmente no iba conmigo.

Era aburrida como ella sola y de personalidad mezquina, que solo me quería acompañándola a todas partes para lucirme ante sus amigas pero que se negaba incuso a saludar de lejos a mis amigos.

Horrible.

Creo que después de eso había sido cuando había confirmado que lo mío eran los hombres, claro que en vista del éxito y del panorama presente empezaba a decantarme hacia otros terrenos.

Tal vez disfrutar de cómo el colchón de amoldaba a mi espalda y las sábanas me abrazaban sería suficiente para la eternidad que tenía por venir, frunciendo el ceño cuando el sonido del timbre interrumpió mi hilo de pensamientos.

Odiaba que fuese interrumpido, me gustaba seguir la línea de principio a fin, gritándole a Howon que entrase de una vez, siempre molestándose en llamar aún si tenía las llaves y se sabía el código de la puerta.

Sabía que lo hacía porque me irritaba, por qué si no, escuchándole reírse mientras la puerta de entrada se cerraba a su espalda, viéndole aparecer con una bolsa de comida para llevar y la chaqueta en la mano.

       -    ¿Divagando sobre lo flamantes que son tus nuevas sábanas? – se burló, dejando la bolsa en la mesa.

Llevándose un intento de derribarlo con uno de los cojines del sofá, si bien solo me devolvió el movimiento antes de saltar sobre mí.

No si el tipo encima era todavía atlético, sin saber cómo terminamos involucrados en una pelea de cojines, porque eso no eran almohadas después de todo, por todo el suelo del apartamento.

Solo diría, que fue la vecina de arriba gritándonos que nos detuviésemos ya o íbamos a despertar a su bebé lo que nos hizo detenernos, con las piernas entrelazadas y las manos sosteniendo la ropa del otro.

No supe por qué terminé rodando los ojos a la forma en la que él comenzó a reírse, incorporándome tras unos instantes con la respiración pesada para ir a buscar platos donde poner la comida, como tantas otras veces.

Viendo que el pelinegro ya lo había sacado todo de la bolsa para cuando volví de la cocina, sentándome a su lado para volcar el contenido de los envases en estos, ambos en silencio incluso al comenzar a comer.

Sí, mi vida, interesante y divertida, y todo eso de manual que uno decía que aparecía en los veinte y derivados.

Falacia pura, como poco.

       -    Eh… ya conocerás a alguien – murmuró Howon tras encender la televisión, dándome un suave codazo antes –. Preferiblemente que no vaya a asesinarte mientras duermes, que la sangre cuesta de quitar.

Como siempre, teniendo que añadir su toque final, golpeándole de vuelta con el codo antes de ignorarle, si bien no pude evitar sonreír ligeramente ante sus palabras.

Bueno, al menos sabía que Howon seguiría en mi vida.

Fuese eso bueno o malo.

Era algo que me seguía planteando a pesar de todos esos años.


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Ey you GG~~

Y aquí el primer capítulo de esta historia que espero que sea amena, ligermente cómica y dulce (?) para pues no sé... simplemente espero que se de a un aire a "White Flower Thinks...".

Esta historia, como muchas (?) está basada en experiencias propias en algunos aspectos, no todos evidentemente, así que va en serio, la gente rara existe por ahí, así que voy a aprovechar para concienciaros sobre algo con esta historia:

NIÑAS, NO LIGUÉIS ONLINE CON DESCONOCIDOS, QUE ES PELIGROSO.

Hay gente MUY rara en este mundo, y es muy fácil hoy en día por internet que toda clase de perturbados traten de hacer cosas muy feas a jovencias inocentes, espero que a través de esta historia, escenas divertidas aparte, veáis que no todo es bonito precisamente, y que hoy en día hay que vigilar hasta con el vecino ;P.

Por lo demás creo que ya nada (?), solo eso, y si os animáis a contar experiencias vuestras similares aquí estaré yo para contaros las mías también.

Todos los locos que aparecen en la historia forman parte de mi propia vida, claro que tuve que hacer una selección dentro de la cantidad que he llegado a conocer, y NO, en mi vida no hay Nam alguno lo digo ya, eso es la decoración, lo que me hubiese gustado que ocurriese (?) ;P.

Algo más... aaah bueno sí, estos días he tenido que levantarme pronto para llevar a mi hermana en coche a la estación de autobús del pueblo de al lado, al que se llega por un camino estrecho de esos donde dos coches pequeños a menos de 40km/h pasan bien, pero que con un monovolumen (lo que uso yo porque mi mamá odia el coche grande y se lleva el pequeño al trabajo), pues la cosa es más complicada, y más a las 7 de la mañana, cuando en el camino no hay una sola luz y a cada lado hay respectivamente un muro de piedra antigua de pueblo y al otro un maravilloso barranco.

Ya añadid que el primer día no encontraba cómo poner las luces largas (tengo carnet desde hace 3 años y nunca conduje de noche ni nada, además el año en corea pues... ejem hahaha) y en fin, tuve un pequeño ataque de histeria el primer día... y esta mañana, que un coche no dejaba de hacerme luces porque quería adelantar, pero es que NO me podía adelantar porque aunque me apartase el camino son todo curvas pronunciadas y NO caben dos coches juntos, pero bueno, retrasados everywhere qué le vamos a hacer.   

Eso ha sido un poco parte de las cosas de estos días, ya el resto en otra ocasión si eso (?).

Ale niñas, ya me diréis qué sobre esto.

Nos vamos leyendo~~ 

 

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