3 de mayo de 2019

Love Adventures. #7. Apple of Sin (Ch.2)


#7. Apple of Sin (Ch. 2)




POV. SUNGGYU

No sabía bien como había terminado allí, en la cama que usaba desde que tenía memoria en la casa de verano de la abuela siendo… embestido por mi primo menor  de esa forma, como quien no quiere la cosa, sin resistirme en absoluto.

Tal vez porque había sabido desde hacía tiempo que había algo entre nosotros, desde que la pubertad le comenzó a cambiar.

Desde que comencé a ver en sus ojos esa mirada que, por desgracia, se asemejaba espeluznantemente a la mía incluso cuando intentaba controlarla, no queriendo admitir que tal vez no eran únicamente las hormonas.

A todo adolescente le gustaba lo que estaba de buen ver, pero jamás pensé que caería tan bajo como para terminar poniendo los ojos sobre mi propio primo.

Y sin embargo, ni siquiera recordaba alguna vez que el sexo me hubiese resultado tan asquerosamente placentero, que no era que hubiese tenido mucho, pero el suficiente como para tener con qué comparar.

¿Sería eso lo que provocaba saber que lo que hacía no estaba bien? Porque no estaba nada, pero que nada bien, pero no me sentí capaz tampoco de detenerme en ese momento, no con su cuerpo tan cerca del mío, con la luz del atardecer tiñéndolo todo de aquel hermoso color rojizo.

A juego con el pecado que estábamos claramente cometiendo.

Estaba ansioso por tocar el cuerpo del menor, cualquier intento que hubiese podido llevar a cabo durante meses por sacarme esa sensación de la cabeza desapareciendo tan rápido sus manos me acariciaron bajo la ropa, piel contra piel.

Había pensado, inocentemente, que acostarme con otros me quitaría ese cosquilleo, que lo que me ocurría era que las hormonas me querían llevar por el mal camino por no escucharlas, por no dejarme ir, pero de nada había servido.

Poco me habían durado mis novietes del instituto a lo largo del año, solo para que al llegar el verano volviese a sentir con fuerza ese picor nada más le veía entrar por la puerta, cada vez mejor formado.

¿Habían pasado dos años ya, desde que había comenzado?

Se me había hecho eterno el proceso, todo para terminar haciendo lo que más había temido de todo aquello, pero no podía oponerme.

No cuando él estaba tan empeñado en tenerme.

Una pequeña parte de mi mente insistía en que aquello era horrible, mientras que la otra me decía que aprovechase el momento al máximo, que me dejase llevar e hiciese lo que me apeteciese. Porque nadie tendría por qué saber aquello.

Toda esa amalgama de pensamientos inconexos se cruzaban en mi mente ante cada pequeño roce del menor, su cuerpo habiéndose adueñado del mío con caricias suaves al principio.

Unas falsas que habían derivado en sus dedos aferrándose a mis carnes en cuanto me había tenido a mi merced, mis labios ardiendo por la forma en la que nos besábamos, sin dejarnos respirar.

Sin sentir siquiera que lo necesitábamos en realidad, habiendo separado las piernas por propia voluntad cuando el cuerpo me lo había pedido, sin haber pensado en las consecuencias de aquel gesto.

Pero el juego había estado perdido tan pronto había correspondido a su primer beso, habiéndome sentido hambriento de ellos con apenas un roce que podría incluso haber ignorado, pero no lo había hecho.

Me había lanzado de nuevo hacia él como si llevase tiempo perdido en el desierto buscando algo qué comer, algo que me diese la vida, todo mi cuerpo sensible a sus manos, sin saber cuándo nos habíamos desnudado.

Había ocurrido, con la naturalidad que provocaba el mismo acto, sin pensarlo siquiera, sin meditarlo, simplemente por la necesidad de sentir más cerca al contrario, de frotarnos piel contra piel el uno con el otro sin dejar un solo espacio libre ni para el aire.

Fue todo eso, todo lo que me estaba provocando, lo que me hizo llegar demasiado pronto a ese punto sin retorno en el que mis labios se abrieron por propia voluntad para pedirle lo que nunca le había pedido a nadie.

Que me penetrase, apenas un susurro en el oído cuando nuestros labios se separaron tras otro tórrido beso, con nuestros cuerpos juntos, una de sus manos acariciando la cara interna de mi muslo con alevosía.

Mi mente me señaló qué tan mal ejemplo era, y sin embargo allí no había cabida para ningún sentimiento más excepto el de la lujuria y la pasión, para las ganas de sexo desenfrenado.

Yo no era así, no podía serlo, era imposible que no me dejase llevar por esos ojos que me atravesaban completamente cuando me miraban, estudiando mi cuerpo como nunca nadie lo había hecho.

Ninguno de mis amantes me había mirado de esa manera, ninguno había conseguido que me temblase el cuerpo con solo sentir sus ojos sobre mí.

Ninguno me había hecho sentir deseado de esa forma, solo un recipiente más para el resultado que unas hormonas juveniles provocaba.

Woohyun no me miraba así.

Me veía solo a mí, a quien tenía contra su cuerpo, y no al acto en sí, algo que me hizo jadear cuando sus caderas se movieron para frotarse más íntimamente contra mí, recordándome en qué punto estábamos.

En el de no retorno, claramente.

No pude evitar cerrar los ojos cuando sus labios se encontraron con los míos al mismo tiempo en el que su erección se enterraba en mi entrada de forma dolorosa y, aún con todo, placentera.

El ardor que sentía con cada milímetro de mi interior que era invadido por su erección me hacía querer removerle y apartarle por un lado, mientras que, por el otro, dejé que mis manos soltasen de las sábanas para que estos rodeasen su espalda para poder arañarla.

La preparación para esto me había pasado volando.

Tanto que mi mente ni siquiera había sido capaz de registrarla, ansioso como estaba para que llegase el después.

Ese momento en el que me había partido por el medio, sin aviso previo a pesar de ya saberlo, habiendo borrado cualquier experiencia previa a la que realmente comprarlo.

Ninguna significaba nada al lado de aquella.

Si sus labios no hubiesen estado sobre los míos, el jadeo que se me escapó probablemente hubiese sido escuchado por todo el vecindario, idea que, muy en el fondo tampoco me disgustó.

Disfrutarlo una vez no haría daño a nadie después de todo, olvidándome por completo de nuestros primos pequeños en el piso de abajo.

O de que la abuela volvería en cualquier momento, no queriendo pensar en nada de eso.

Solo en el presente, en el calor que recorría todo mi cuerpo al mismo tiempo que ardía sobre mis labios, adoloridos por la masacre a la que estaban sometidos, y al mismo tiempo reticentes a alejarse voluntariamente de ello.

Eso trataba de decirme cuando moví las caderas, queriendo que se moviese sobre mí con demasiadas ansias como para querer evitarlo, gimoteando de forma lastimera cuando él no salió de mi interior.

El menor se limitó a rotar un poco su cintura, jugando con mi frenesí, si bien me hizo jadear por ese sutil movimiento en mi interior, provocando que mis paredes se contrajesen, relajándose un poco.

Hasta yo podía notar mi estrechez, tanto que ni siquiera había pensado que tal vez era hasta incómodo para él pero en realidad no me importaba, solo quería que terminase la faena que había comenzado antes de que me arrepintiese.

O antes de que nos interrumpiesen.

Woohyun me sonrió descaradamente cuando por fin se retiró, apenas unos centímetros, provocando que todo el calor subiese hasta mi rostro ante semejante acto burlón y, de alguna forma, erótico.

Parecía que me estuviese diciendo que todavía faltaba lo mejor por llegar y yo ni siquiera me molesté en dudar de ello, incitándole a seguir con un leve movimiento de caderas.

Aquello era el pecado en el paraíso, la manzana podrida colgando hermosamente del árbol de la sabiduría, lista para ser mordida.

Quería centrarme únicamente en mi cuerpo, en esa miríada de sensaciones que iba arriba y abajo por mis terminaciones nerviosas, sin centrarse en ningún lado en particular, puesto que tan pronto estaban en mi vientre como bajaban algo más, para luego volver a subir y recorrer toda mi espina dorsal.

       -    Impaciente – se burló, saliendo un poco más de mí antes de entrar completamente de nuevo.

Mordí mi labio inferior, no queriendo darle el gusto de jadear cuando sus caderas dieron contra mi cuerpo, sintiendo que me derretía interiormente de placer.

Iba a acabar en el infierno por estar disfrutándolo, pero la idea no me impidió moverme para él, buscando que llegase algo más profundo.

Sonreí plenamente satisfecho cuando por fin obtuve lo que quería: sus labios maltratando a los míos sin cuidado alguno, explorándome con la lengua y los dientes mientras a mí se me permitía hacer lo mismo, con mis manos aferradas a su espalda, marcándola como él estaba marcando mi propio cuerpo conforme se deslizaba adentro y afuera del mío sin compasión.

Aquel Iba a ser un capítulo en mi vida del cual iba a fingir avergonzarme toda la vida, un verano del cual juraría tener recuerdos confusos debido a un accidente del que nadie tenía constancia ni conocimiento alguno, si bien en el fondo me aseguraría de no olvidarlo hasta el final.

El aire algo viciado en mis pulmones, el ambiente tórrido a nuestro alrededor siendo provocado no únicamente por el calor propio del verano, sino por el ardor de nuestros cuerpos moviéndose de forma desenfrenada, desesperador por sentir al otro.

Atrapé el labio inferior del menor entre los míos sin previo aviso, queriendo realmente obtener más, sintiendo mi cuerpo temblar de forma suave cuando sus manos se aferraron en mis caderas para entrar con fuerza, haciéndome gimotear a medio beso.

Me gustaba, tal vez demasiado.

Mis manos fueron atrapadas entre las suyas entonces, alejándolas de su cuerpo al mismo tiempo que salía de mí, solo para quedarse muy quieto justo en el bordo.

Sin acabar de salir, sin llegar a volver a entrar, solo así, suspendido en el aire, la sensación consiguiendo que cerrase los ojos unos instantes, perdido en aquella sensación.

       -    Hyung – musitó, la voz completamente ronca junto a mi oído.

Martirizándome con esa palabra prohibida, ese recordatorio cruel de lo que estábamos haciendo, y sin embargo, no pude menos que estremecerme por ello.

Woohyun solo se rió, haciéndome temblar cuando alcanzó mi punto álgido en mi interior, deslizándose todavía más lento hacia fuera para maltratarme con ello, su lengua deslizándose por mi cuello de forma ascendente hasta la oreja de nuevo.

       -    Prométeme una segunda vez, y será incluso más inolvidable que esta – me tentó, incitadoramente.

Negué con la cabeza, aguantando un gemido cuando entró de nuevo en mí apenas parcialmente, mordisqueando mi cuello de una forma no tan suave, alterando por completo mis nervios.

No sabía en qué sensación centrarme primero, y eso me desquiciaba.

       -    ¿Seguro? – repitió, haciendo que me mordiese mi labio inferior cuando entró de golpe esta vez.

Un par de lágrimas se escaparon de mis ojos cuando tocó ese punto, ese que me hacía olvidar incluso que debía de negar con la cabeza, optando por no decir nada en su lugar.

Y quien calla otorga, sin más.

Cerré los ojos cuando volvió a aumentar el ritmo, a llenarme con fuerza y rapidez, permitiéndome olvidar aquella pequeña conversación sin sentido que habíamos mantenido para centrarme solo en su cuerpo.

En mi propio cuerpo dándole placer a otro, era una idea que me encendía todavía más, resultándome desquiciante la combinación del calor del ambiente con el que mi propio cuerpo estaba creando.

Ardía por dentro, y no tenía forma de evitarlo, el calor incitándome a arquear la espalda y buscar todavía más roce, más contacto, a acompañar sus embestidas con mis propias caderas, a cerrar los ojos y dejarme llevar.

Podía sentir sus labios atendiendo la piel de mi torso con la misma fiereza con la cual me penetraba, raspando con sus dientes mi delicada piel, haciéndome temblar por las sensaciones que me recorrían.

Mi cuerpo alcanzó finalmente el cielo y descendió de golpe a la tierra, sintiendo como todo mi cuerpo parecía estallar en pequeños pedacitos que se volvían a unir, mis pulmones buscando por un oxígeno que parecía no llegar a causa de mi respiración alterada.

Solo era consciente del cuerpo del menor todavía en mi interior buscando su propia liberación mientras que el calor me invadía y se expandía por cada pequeña parte de mi ser, haciéndome suspirar con fuerza, aunque más bien pareció un jadeo mal disimulado.

El mismo que dejé escapar cuando noté mi vientre manchado con mi esencia, mientras el menor se liberaba en mi interior, dejándome todavía más húmedo y pegajoso.

Fue entonces cuando llegó el momento extraño.

Ese en el que la mente comenzaba a recuperarse del cuerpo, a recuperar el control de los pensamientos y acciones y no supe cómo reaccionar.

Como tratar de procesar lo que allí había ocurrido, en aquella misma cama donde tantos recuerdos ya se acumulaban, obligándome a cerrar los ojos mientras mi respiración iba calmándose al mismo tiempo que la del menor.

Sentía su cuerpo tumbado junto al mío, quieto de igual manera, solo nuestras respiraciones siendo escuchadas en aquella silenciosa habitación.

Nunca el silencio me había parecido tan claustrofóbico, pero ahí estaba, la sensación de no saber qué diablos acababa de hacer.

Ni cómo proceder después de aquello, puesto que algo me decía que no había forma humana de volver atrás en el tiempo y evitar aquello, para cuando abrí los ojos encontrándome con los del menor observándome con fijeza.

Como estudiándome, si bien el brillo del deseo había desaparecido ya en gran medida de estos todavía podía intuirlo, indicándome que aquello no había sido algo de una sola vez, de un solo y nefasto momento en que nos hubiésemos dejado llevar por nuestros más básicos instintos.

Sabía que él querría más.

Y lo peor, era saber que no era el único.

       -    ¿Por qué? – pregunté, apenas un murmullo.

Ni siquiera sabía por qué lo estaba preguntando cuando la respuesta parecía ser de lo más evidente, pero supuse que necesitaba escuchar una respuesta.

Necesitaba saber qué le había llevado a eso, a iniciar algo que sabía bien que no podría detener cuando estaba mal, era incorrecto, de nuevo encontrándome cerrando los ojos, necesitando reflexionar también.

Podría haber dicho que no.

Debería de hecho, pero no lo había hecho y a decir verdad, dudaba mucho que aquello hubiese sido una opción siquiera, aunque la palabra final había estado de mi lado y tampoco la había aprovechado.

¿Serviría de algo tener remordimientos siquiera?

       -    Porque tenía que pasar… sino este verano el siguiente, pero iba a ocurrir, lo sabes – contestó, igualmente en susurros.

Como si aquello fuese algo que solo sabíamos los dos, que solo tuviésemos que saber los dos, algo que era completamente cierto.

No era algo para compartir, si bien susurrarlo en la habitación todavía desnudos en la cama me hizo pensar una vez más en lo incorrecto de aquello.

Si es algo que no se puede explicar, ¿no significa entonces que está mal? Era simple, tanto que a pesar de que mi mente lo entendía me sentía confundido por cómo mi cuerpo no había sabido entenderlo igual.

Y no, de nuevo, no era la adolescencia realmente, ya había abandonado ese período de mi vida.

       -    Sabes que no – suspiré, poniéndome en pie.

Necesitaba darme un b año, aunque difícilmente iba a sacarme la sensación de picor que se le había quedado a mi cuerpo, escuchando al menor levantarse al mismo tiempo, lo que me hizo girarme para mirarle.

       -    Quiero… ducharme solo – carraspeé, ante lo cual suspiró antes de asentir.

No me echó en cara mi decisión y en parte agradecí eso. Agradecí que no me obligase a pelearme con él por algo de lo que yo también había sido partícipe al fin y al cabo, y plenamente consciente de ello además.

Yo era tan culpable como él, independientemente de que él hubiese sido bien lo había iniciado, echando por tierra mis esfuerzos por convencerme de que todo aquello acabaría pasando con el tiempo.

Pude escuchar sus pasos dirigirse hacia la puerta de mi habitación cuando cerré la del baño, un suspiro escapando de mis labios al apoyarme brevemente en esta.

No sabía cómo proceder, definitivamente, y ni siquiera era algo que pudiese hablar con alguien para buscar consejo real, solo recibiría críticas e insultos.

Al final opté por dejar la mente en blanco mientras me duchaba, acariciando con suavidad mi piel todavía sensible, hasta que al salir del agua y mirarme en el espejo lo vi.

O los vi más bien, a mis labios amoratados e hinchados por lo ocurrido, haciéndome suspirar cuando los toqué y ardieron un poco todavía, no sabiendo bien cómo iba a justificar aquello delante de la abuela durante la cena.

Claro que ella no dijo nada, sabia como era, cuando bajé a cenar horas más tarde con el pijama ya puesto y los labios todavía algo enrojecidos, limitándose a observarme unos instantes antes  de ponerme el plato frente a la mesa.

       -    ¿Te encuentras bien querido? – se limitó a preguntar, ante lo cual asentí con una pequeña sonrisa.

Una que sentí hasta falsa, pero que esperaba que la abuela no hubiese notado, volviendo a sentirme culpable por lo ocurrido aún si creía ya haberme martirizado lo suficiente el resto de la tarde.

Había cambiado las sábanas por unas limpias que no oliesen a sexo y había esparcido por la habitación algo de ambientador con olor a lavanda a ver si aquello me ayudaba a olvidar lo ocurrido, pero no lo hacía.

Woohyun no había vuelto a mi habitación tampoco y yo no me molesté en ir a buscarle, no queriendo pensar en lo que podría ocurrir si me encontraba con él a solas de nuevo.

¿Repetiría? No quería saberlo, no por el momento, evitando hacer contacto visual con él durante la cena, centrándome en su lugar en lo que contaban nuestros primos pequeños que habían hecho durante mi ausencia.

Al parecer habían quedado con los vecinos para ir a jugar a tenis al día siguiente, dándome la excusa perfecta para escabullirme con ellos con la excusa de acompañarles hasta las pistas, incluso si estas no estaban realmente lejos de allí.

Aquello era un pueblo al fin y al cabo, y se podía llegar andando de una punta a la otra en no demasiado tiempo, pero la idea de ser invitados a un helado durante el camino de vuelta fue suficiente para que a los dos pequeños les encantase la idea.

La abuela me miró de forma extraña ante eso sin decir nada, pero sabía bien lo que debía de estar pensando.

En verano solía pasar todo mi tiempo con Woohyun desde que éramos niños y debía de resultarle extraño vernos tan distanciados, pero explicarle lo que sucedía tampoco era una opción.

Nunca lo iba a ser, de hecho, retirándome a mi habitación tras la cena en lugar de quedarme en el salón jugando cartas como solíamos hacerlo siempre.

El olor a lavanda había impregnado por completo la habitación cuando me encerré en esta, casi haciéndome olvidar lo que había ocurrido sobre mi cama mientras me escurría bajo las sábanas hasta terminar enterrado en ellas por completo.

Eran finas, pero me sentía extrañamente bien completamente cubierto, escondiéndome de la realidad presente.

Como un niño que se esconde del hombre del saco, en versión algo más adulta, sintiendo que mi cuerpo se tensaba cuando, horas más tarde, escuché la puerta abrirse.

Había estado a punto de conseguir conciliar el sueño cuando lo había oído, dudando inicialmente sobre si no sería Woohyun yendo al baño desde su habitación, si bien sus inconfundibles pasos acercándose a mi cama me quitaron rápidamente las dudas.

Era él, definitivamente.

       -    Muévete un poco – susurró, empujándome con las manos para que saliese del centro de la cama.

Suspiré antes de dejarle sitio como tantas otras veces había ocurrido desde que tenía memoria, sintiendo el peso de su cuerpo hundir levemente el colchón cuando se metió bajo las sábanas, si bien no me tocó.

Se mantuvo en su lado, como cuando éramos niños, si bien eso no me impedía sentir su presencia a mi espalda, un claro recordatorio de que el pecado tenía cuerpo además de nombre.

Nos mantuvimos en silencio un largo rato, no sabría cuanto, hasta que le escuché carraspear en la oscuridad, indicándome que iba a decir algo.

No sabía si bueno o malo.

       -    No deberíamos… ¿hablarlo? – sugirió, su voz suave.

Si bien no sabía exactamente qué se podría decir de lo ocurrido. ¿Era discutible siquiera?

       -    Hyung… sé que no es lo correcto, pero… ¿por qué no? Yo voy a ir al servicio militar el próximo año, y tú a la universidad… estaremos años sin vernos y si hay algo que probar… ¿no es ahora el momento? – musitó, igual de suave.

Me estremecí por sus palabras, ante la cantidad de cosas que tan pocas frases significaban, unas buenas, otras malas.

Tenía razón en que aquel era nuestro último verano juntos antes de que la vida de adulto comenzase, antes de que las responsabilidades sociales nos engullesen y nos separasen.

Aquel podría ser la última vez que nos reuniésemos en aquel lugar, la última que tuviésemos un verano entero para disfrutar. Un último verano para estar juntos.

Sin embargo, me aterraba lo que podía significar estar con él en esas circunstancias. El darme cuenta que después era incapaz de superar lo que podía ocurrir entre ambos, para bien o para mal.

No quería arriesgarme a que el arrepentimiento por lo ocurrido fuese a empañar el resto de mis días, tanto como no quería darme cuenta que aquello me gustaba demasiado como para renunciar a ello y luego tener que añorarlo a diario.

       -    ¿Por qué probarlo? Para bien o para mal, no llegaría a nada – murmuré, sabiendo que tenía razón.

Fuese cual fuese el resultado de aquello, no teníamos un futuro posible juntos. Si salía bien seguiría yéndome a la universidad y él al servicio militar, y para cuando él regresase sería el momento de irme yo, así que ¿cuál era el sentido de todo eso? Cuatro años sin vernos con suerte.

Y si salía mal… eso solo empañaría los recuerdos que tuviésemos juntos de nuestra infancia.

Recuerdos que dejaría de ver con el mismo cariño con el que lo hacía cuando miraba fotografías de nosotros dos juntos todavía.

       -    ¿Y si ocurre? – insistió, acercándose un poco a mí.

Lo sentí en el ruido de las sábanas al moverse, en la forma en la que, de repente, sentí que había algo cálido cerca de mi cuerpo.

El de Woohyun, cerca, pero no tanto como para llegar a tocarme, sensación que me estremeció de cabeza a pies por lo irónico de la situación.

Sería tan fácil decir que sí…

       -    Woohyun… no hagas esto – le pedí, no queriendo si siquiera planteármelo con seriedad.

Ni siquiera sabía cómo hacer eso. ¿Cómo tomar semejante decisión cuando el resultado sería igualmente desastroso?

Le escuché respirar antes de que volviese a sentir las sábanas moverse, solo para noté su cuerpo alejándose al mismo tiempo, indicándome que se marchaba.

No le pedí que se quedase y él tampoco insistió esa noche, aunque eso no me permitió dormir muy a mi pesar, empeñada como estaba mi mente en no dejar de funcionar por mucho que se lo suplicase.

La siguiente semana, la relación con el menor no mejoró en lo más mínimo.

En algún momento, fue él quien comenzó a evitar mi presencia, marchándose largas horas de casa de la abuela con la excusa de ponerse al día con los amigos del pueblo, esos con los que solía rechazar salir antaño por quedarse conmigo.

O con los que me obligaba a juntarme para no tener que rechazar el no estar con todos, algo que me hizo sentir raro.

Me hizo sentir solo, viendo las horas pasar sentado junto a la piscina mirando a los niños jugar cuando el año pasado era yo con Woohyun los que estábamos allí la mayor parte del día, así como sintiendo la mirada entristecida de la abuela cada vez que me veía solo vagar por la casa sin nada que hacer.

Tenía cosas que hacer, por supuesto, los exámenes de entrada a la universidad no iban a prepararse solos, pero había algo que me molestaba todo el tiempo y que me impedía concentrarme cuando decidía sentarme en el escritorio para repasar los apuntes.

Al fin y al cabo, había rechazado ir a la academia preparatoria en verano precisamente para estar allí.

Para estar con Woohyun, y sin embargo, con cada día que pasaba estábamos más alejados, algo que muy a mi pesar, me dolía.

Para cuando quise darme cuenta, un mes había pasado ya desde mi llegada al pueblo. Un largo mes, sin que me hubiese encontrado disfrutando de aquellas esperadas vacaciones, mis ojos puestos en el calendario.

Concretamente, en la fecha que marcaba mi regreso a casa con mis padres para comenzar el último semestre en el instituto.

La fecha que señalaba el fin de aquellas últimas vacaciones, la última oportunidad para ambos, pensamiento que me frustró más de lo que debería.

Odiaba la idea, y sin embargo no era capaz de dar el paso, de tomar una decisión al respecto y poner las cosas en claro más allá de lo que había dicho esa noche, arropado por la oscuridad imperante en la habitación.

Era una locura, sin más.

Cuando bajé a merendar algo, cansado de estar encerrado en mi habitación, me encontré con el menor de frente.

Su cuerpo estaba notablemente sudado y una pequeña toalla reposaba sobre sus hombros, consiguiendo que me preguntase si estaría volviendo ya del partido de baloncesto que había mencionado que tenía con sus amigos.

No lo sabía, pero tampoco quería preguntar, si bien no me hizo falta gracias a la abuela, que justo se asomaba por la cocina.

       -    Woohyun querido, ¿te vuelves a ir? ¿Por qué no te llevas a tu primo un rato? ¡El verano no es para estudiar tanto! – comentó, mirándonos a ambos.

Me quedé en blanco al dirigir mis ojos de la abuela a Woohyun, quien tras unos instantes apartó la mirada, indicándome sin necesidad de palabras cuál iba a ser su decisión.

       -    Sabes que a hyung no le gusta el deporte abuela. Volveré para cenar – contestó, pasando por mi lado en dirección a la puerta de la calle.

La abuela suspiró notablemente al escuchar cómo esta se cerraba, si bien intenté que no se me notase la decepción que se había instalado pro todo mi cuerpo cuando me acerqué a la cocina a por algo de comer, tal y como había sido mi intención, si bien de golpe se me había quitado el hambre.

Los dos pequeños habían salido a jugar con los vecinos otra vez así que no tenía nada con qué distraerme de todas formas, excusándome con la abuela rápidamente para salir a la piscina.

Nadar me ayudaba a no pensar a veces, así que decidí aprovechar la soledad para nadar.

Nadar hasta que solo podía pensar en el dolor de hombros que tenía y en lo cansado que me sentía, vuelta  tras vuelta en aquel largo rectángulo acuático, sin prestar atención alguna al tiempo ni a la cantidad de vueltas que daba.

Simplemente comencé por una, luego dos… hasta que perdí la cuenta y solo me centré en seguir moviendo los brazos y las piernas, en respirar en el momento adecuado para no quedarme sin aire y tener que detenerme, el agua fresca acariciando mi cuerpo con cada brazada acompañada del calor del sol que iba bajando conforme pasaba el tiempo.

Me detuve solo cuando el cansancio me obligó a ello tras dar una mala brazada y no conseguir tomar aire a tiempo, teniendo que detenerme a escupir el agua que me entró por la nariz de forma inesperada, solo para que al incorporarme tuviese que sostenerme en el bordillo de la piscina debido a un fuerte mareo que me sacudió el cuerpo.

El sol se había prácticamente puesto cuando conseguí arrastrarme fuera de la piscina, si bien no llegué a entrar en la casa, me quedé tumbado en una de las tumbonas que tenía la abuela en el jardín, envuelto en la toalla que allí había dejado mientras regulaba la respiración y el mundo dejaba de girar.

Me sentía exhausto.

Tanto que me quedé dormido en algún momento, siendo una mano ajena la que me despertó al acariciar mi frente, mis ojos encontrándose con la oscuridad inicialmente al abrirlos, algo confuso.

Woohyun se apartó tras un pequeño carraspeo, permitiéndome levantarme sin decir nada, sin preguntar tampoco, si bien el cuerpo decidió fallarme en ese momento y casi me caí de vuelta en mi asiento, siendo detenido por dos brazos ajenos.

Los del menor, quien se limitó a suspirar sin dejar de sostenerme mientras la cabeza dejaba de dar vueltas nuevamente, al parecer todavía no recuperado del todo del esfuerzo.

Normal, cuando uno no estaba acostumbrado al ejercicio.

       -    Tienes la cena en la habitación – susurró el menor, tirando suavemente de mí para volver a la casa.

Sin soltarme en ningún momento, encontrándome con que la cocina había sido ya vaciada y la abuela estaba hablando con nuestros dos primos menores en el comedor, como si no supiesen nada de aquello.

Como si no se hubiesen dado cuenta, aunque dudaba mucho que fuese el caso.

Aquello tenía que haber sido idea de la abuela después de todo, así que me dejé llevar hasta la habitación sin protestar, sintiéndome algo hambriento a la par que  cansado.

Cuando nos detuvimos en la puerta dudé, sabiendo que si quería decirle algo posiblemente aquella iba a ser la única oportunidad que fuese a tener.

No iba a quedarme dormido cada noche junto a la piscina tras exigirme en exceso nadando, así pues, cuando sus manos fueron a alejarse de mi cuerpo lo detuve, sin siquiera pensarlo.

Una de mis manos se había adueñado de su brazo, apenas una suave presión en este cuando él ya iba a alejarse, no sabiendo siquiera qué se suponía que quería decirle.

¿Qué quería, al fin y al cabo?

No lo sabía, sinceramente.

Pero tal vez había algo que sí podía ayudarme a solucionarlo, tal vez.

       -    Creo… que podríamos hablarlo – musité finalmente, apartando la mirada.

No queriendo ver en sus ojos burla o rechazo a mi ofrecimiento después de haber sido yo quien le había alejado, el latido de mi corazón acelerado a la espera de algún tipo de respuesta.

De algún gesto que me dijese algo, fuese bueno o malo, solo para sentir que desfallecía cuando de repente, sentí su frente acariciar la mía, su piel algo más caliente que la mía.

       -    Bien… bien – murmuró con los ojos cerrados, el suspiro que salió de sus labios acariciando suavemente mi nariz.

Consiguiendo que todo mi cuerpo se relajase de repente, si bien aquellas palabras no decían realmente nada.

Pero esperaba que lo hiciesen, al menos en breves.


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Holiwis~~

Y seguimos con el segundo capítulo de esta historia, again, de Valeria Vega que quería algo así prohibido e incestuoso cofcof... espero estar cumpliendo con la expectativa, que le puse ahí todo mi kokoro!! XD

Y... emmm.... ejem... cofcoooof... señoras mías, tengo muchas dudas, a ver quién me ayuda a solucionarlas... Me debato entre 1. Dejar así la historia y que quede el final un poco abierto; 2. Hacerle un epílogo; 3. Ir más bien a por un tercer capítulo y ya si eso luego, el epílogo.

¿Qué opinan? Por motivos que no comprendo, cofcof, como que me ha gustado esta historia, tiene algo que hace que me resulte como fácil imaginarla hahahaha.... yo y mi mente perversa, no tengo remedio ni haciéndome vieja XD. Y no sé, ¿qué opinan? ¿Qué opción les parece más adecuada? Yo es que no me decido 😂

Bueno y ya que estamos con las dudas e historias, sus comento qué me pasa por la mente estos últimos días. Hace como 3 semanas or so... hace bastante de hecho, que me dio un bajón de moral alto... porque me pesé... es decir, desde que cambié de trabajo cambiaron mis hábitos alimenticios, mis horas de la comida principalmente, y el tema ejercicio puesto que cambié de trabajo el mismo día que comencé la universidad.

Y he engordado... no mucho, admito que NO es mucho, pero para mí lo es... y es como que me sentí ofendida conmigo misma y decepcionada, porque yo había notado que estaba más gorda, y sí, estoy obsesionada, pero bueno esos son dramas de los que hablé largo y tendido cuando me puse a dieta hace años, busquen por allá... el segundo año del blog XD.

La cuestión es, que me resistí a pesarme porque ya sabía lo que me iba a decir la báscula, es que sabía incluso los números que iba a marcar.. y en efecto... 4kg más. Que repito, sí, son solo 4kg, NO es para morirse... pero es como que emfatizó pues esa sensación que llevaba teniendo desde hace tiempo que se me va la vida de las manos y no la estoy viviendo ni haciendo nada de lo que quiero.

Trabajo 12h al día, llego a casa, meriendo, hago trabajos de la universidad, o lo que me da tiempo a hacer más bien antes de ducharme, cenar e ir a dormir para repetir lo mismo 5 días a la semana. El fin de semana si no la paso con el mozo, lo que significa finde perdido sin hacer gran cosa, la paso con los trabajos del diablo que me llevan más horas que un rompecabezas hecho para tontos... y esa es mi vida.

Antes comía 3 veces al día, a mis horas establecidas, y mantenía un control más rígido de lo que ingería porque me lo preparaba yo. Ahora como no tengo tiempo pues lo estaba haciendo mi madre... y pues se acabó, se ha tenido que acabar, porque así no se puede.

Then lo que decía, tras ver que había engordado 4kg... que aunque no sea mucho a mí me ha dolido porque... issues... estuve todo el fin de semana metida en la cama cosiendo... a lo abuela XD. Ahora verán a lo que me refiero:



Pues como ven en la primera imagen, arriba a la izquierda... tenía yo una camiseta bien cuca que me compré por esos siglos en los que vivía a Corea... y que era pues muy ancha. Llevo queriendo arreglarla desde hace años COFCOF... y al final pues aproveché ese día que estaba depresiva para dedicarme a eso, lo cierto es que tejer y coser me ayudan mucho a no pensar en mis dramas, y vi la camiseta en el cajón y... me puse a ello XD. Marqué las líneas donde recortar... puse mis alfileres de colores, corté... arreglé las mangas y... ¡lo cosí! XD Como ven en la última imagen, una de las mangas me quedó medio rara porque dejé mucho margen dentro (eh... ahora mismo no me acuerdo como se llama eso... XD), pero como era el cosido de prueba y estaba así sueltito porque quería ver primero que estuviese bien, luego cuando fui a coserlo ya bien ajustado y como la vida manda ya las dejé arregladas e iguales ambas, solo que no tomé foto de ello porque estaba perezosa y me quise ir a dormir ya jijiji.

Ah y no... no tengo máquina de coser, así que lo hice a mano con muuucha paciencia, estuve pues... eso todo el sábado ese dedicada únicamente a este proyecto XD.

Ya esta semana estoy mejor de ánimos, me volví a centrar en hacer dieta y pues lo del ejercicio ahora mismo difícil porque con el viaje a Corea y todo eso debo adelantar los trabajos que se entregan durante mi viaje porque desde allí no sé si podría entregarlos, así que mejor dejarlos listos y entregados antes, por lo cual no he tenido tiempo de añadir a mi rutina ejercicio, pero ya igual cuando regrese son casi los examenes y ya luego volveré a establecer un ritmo de ejercicios semanal para acostumbrarme antes de volver a comenzar la universidad. Tengo todo el veranito para amoldarme y planear cómo llevar todas las tareas.

Y con eso viene mi duda... quiero apuntarme de nuevo al TOPIK, el examen de nivel de coreano del gobierno, que se celebra en Octubre en mi país, pero entra en conflicto con la universidad que empieza en Septiembre, y quiero hacer el examen y obligarme a estudiar coreano, pero no sé si solo estudiando en verano que no tengo universidad tenga suficiente como para sacar una puntuación mayor a la de la otra vez, y pagar para sacar lo mismo o menos pfff... Then no sé qué hacer, si arriesgarme o esperar a más adelante :S al fin y al cabo los trabajos de la universidad no son aplazables porque los debo entregar cuando marca el calendario y justo el primer mes es el peor porque comienzan las clases el mismo diá y los dos primeros trabajos se entregan con uno o dos días de diferencia, entonces no podría estudiar justo el mes y medio antes del examen de coreano, no como quería al menos y pffffff me estresa pensarlo hahaha

En fin, dramas míos, pero no sé ni a quién contárselos ya porque la gente me llama loca por complicarme la vida yo sola y gratuitamente (bueno, pagando, que eso es lo peor) cofcof. 

Y aquí lo dejo hahaha.

En fin bonitas, disfrutad del fin de semana, ya me diréis que tal los fics... y cuidáos muchitoo!!

PS: alguna que sepa coser y me pueda dar tips? Quiero coserme un vestido pero tengo mis dudas mmmm yo soy de hacer cosas simples, lo de hacer cálculos me da pereza jijiji
 

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