8 de febrero de 2019

Love Adventures. #3. Move it, Hold it

 

Título: #3. Move it, Hold it


Protagonistas: WooGyu (Sunggyu y Woohyun)
Temática: romance, comedia, slice of life, AU
Advertencias: mmm XD
Resumen: Odiaba el gimnasio incluso desde lejos, lo suficiente como para que tuviese que ser obligado a ir allí, no equivocándome lo más minimo al pensar en lo hostil del lugar la primera vez que puse mis pies ahí. Tampoco la seguna, si bien tal vez, solo tal vez, había un pequeño motivo por el que me negaba a dejar de ir, llámese dinero.
O puede que dos. Sí, tal vez eran dos.

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#3. Move it, Hold it


POV. SUNGGYU



Aquello no era una buena idea, en lo más mínimo, y supe tan pronto puse un pie en aquel lugar que no me iba a equivocar.

Pero ya había pagado el primer mes y no había nada en esa vida que me molestase más que tirar el dinero porque sí, motivo por el cual había decidido pagar por adelantado.

Porque era la única forma de conseguir que cruzase esa puerta para algo más que pedir información y volver a salir al canto de “lo pensaré”, para luego no regresar hasta el próximo año.

Fruncí el ceño con molestia tan pronto me vi en el espejo de los vestuarios con ese pantalón de deporte horrible, la camiseta y la sudadera a juego, sintiéndome completamente fuera de lugar a pesar de que no era el único por allí.

De hecho aquel sitio estaba más bien lleno de gente, en las máquinas de andar, en la zona de pesas o en la piscina, a medida que me encaminaba hacia la clase que me había indicado la recepcionista poniéndome cada vez más nervioso.

El gimnasio era un lugar desconocido para mí no iba a negarlo, como ir a un país extranjero del cual uno conocía poco más que el nombre, el latido de mi corazón acelerándose cada vez más conforme mis pies avanzaba por el pasillo lateral a la sala principal.

Me había prometido a mí mismo que lo probaría ese mes aunque fuese, o de lo contrario iba a tener que pagarle una penalización importante a Sungjong.

Y a Dongwoo, aunque este último probablemente me lo perdonaría, no así el primero.

Habían sido ellos los que me habían convencido de aquello, diciendo que necesitaba motivación en mi vida más allá de mi profunda relación con los cojines de mi sofá, y que algo de movimiento me ayudaría no solo a salir de casa, sino a sentirme mejor.

Y si estaba pagado, más incluso, así que me habían apuntado a lo que les había dado la gana e incluso habían adelantado  la primera mensualidad con mi tarjeta.

Yoga y bailes latinos.

¿Qué pintaba yo en semejantes clases? Estaba más rígido que una tabla de planchar como para ponerme a hacer yoga, y tenía menos sentido del ritmo que una serpiente sorda como para ponerme a bailar, ese era el resumen rápido de la situación.

Y justo las excusas que habían utilizado cuando me habían notificado de las clases que iba a tomar, tres veces a la semana.

Solo que habían olvidado mencionar que ellos no se habían apuntado a estas, tal y como originalmente me habían prometido, los muy traidores avisándome justo cuando ya estaba cambiado en el vestuario que no iban a aparecer.

Ni siquiera se habían molestado en poner unas excusas que sonasen creíbles, tomando una gran bocanada de aire antes de entrar en la primera sala.

Había gente allí ya, supuestamente principiantes, si bien algunos parecían conocerse a juzgar por la forma en la que conversaban entre ellos, haciéndome sentir un poco incómodo.

No me gustaban los extraños, de ahí que hubiese accedido tras confirmar reiteradas veces que mis dos amigos iban a asistir conmigo a las clases, solo para acabar solo allí.

Haría el ridículo, estaba claro, la joven que entró en clase con su esterilla rosa y un portacds indicándome que aquella iba a ser la profesora para esa clase, una que se veía demasiado tonificada para mi gusto.

Porque eso significaba que ni siquiera tendría la excusa de decir que la chica no me convencía como profesora, puesto que parecía tener experiencia en eso.

La joven dio un par de palmadas para llamar la atención del resto de alumnos antes de presentarse para las “caras nuevas” como comentó, recordando a los que ya lo sabían y explicando para el resto que era una clase para principiantes, y que cada uno debía de hacer los ejercicios en función de sus propias habilidades y capacidades, y que era normal si al principio la postura no era exacta, que la flexibilidad había que trabajarla con constancia pero con calma.

Asentí por inercia ante sus palabras a pesar de no haber entendido ni la mitad, buscando un lugar un tanto alejado del resto para ponerme con los ejercicios.

Mi esterilla era azul, como la de tantos otros, colocándola frente a mí como indicaba la monitora para comenzar la clase una vez puso música relajante para iniciar los ejercicios.

Sin embargo, el inicio de clase se vio interrumpido sin siquiera haberse iniciado como tal cuando alguien abrió la puerta con prisas, mis ojos dirigiéndose hacia esta solo para ver a entrar un joven con una esterilla roja, vestido de una forma que a mi parecer no debería de ser apropiada.

Es decir, como muy cómodo.

       -    Perdón, llego tarde – carraspeó, inclinando la cabeza.

La profesora se limitó a decir que no pasaba nada y a iniciar finalmente la clase con un primer movimiento suave para comenzar a preparar el cuerpo para estirarlo paulatinamente, mis ojos teniendo problemas para centrarse en ella cuando había un espejo a su espalda que me permitía verme a mí mismo con demasiada claridad.

Y al joven que se había colocado a mi lado y que a mi parecer principiante precisamente no era, pero traté de ignorarlo lo mejor posible.

Todo el mundo parecía estar usando pantalones apretados y camisetas de tirantes para la sesión, sintiéndome de lo más fuera de lugar cuando tuve que quitarme la sudadera al empezar a sentir mi cuerpo demasiado caliente tras apenas diez minutos de clase, siendo esta de cuarenta largos minutos.

Los más largos de mi vida, teniendo en cuenta que aquello claramente no iba conmigo.

Hasta la postura más sencilla se me hacía un mundo, viendo que mi flexibilidad era inexistente y que hasta el equilibrio se acercaba más bien hacia lo inestable, habiendo tenido a la joven profesora detrás de mí ayudándome con las posturas en más de una ocasión.

Hasta me había puesto de ejemplo mientras hacía recordatorios que ahí donde en la intimidad de mi casa me hubiesen resultado alentadores, en público me avergonzaban un tanto.

Que era normal que al principio no pudiésemos arquear la espalda, o estirar del todo las piernas y similares, que lo importante no era compararse con otros, sino con nosotros mismos conforme el tiempo pasase y viésemos mejoras.

Cosas muy bonitas, pero que conseguían sonrojarme cuando veía que era el que parecía tener más problemas con las posturas, en especial comparándome con el joven a mi lado.

El tipo parecía que había nacido siendo de goma o algo viendo cómo pasaba de una posición a otra con la misma facilidad que la profesora, haciendo que me sintiese envidioso y al mismo tiempo avergonzado.

Lo suficiente como para salir de allí como si me quemasen los pies tan pronto acabó la sesión, replanteándome mi decisión de intentarlo durante todo un mes, si bien una mano desconocida me detuvo apenas crucé la puerta, poniéndome nervioso.

       -    ¿Eres nuevo por aquí? – preguntó una voz profunda.

La del dueño de esa mano que me sostenía, sorprendiéndome un poco cuando mis ojos se encontraron con los del chico joven que había estado a mi lado durante la clase.

Sus brazos estaban tonificados, mucho en comparación a los míos más bien fofos y blandos, la camiseta pegada a su torso indicándome que debía de ser uno de los habituales por allí.

O si no de allí de algún otro gimnasio, algo que me incomodó un poco.

       -    Sí – carraspeé, tirando un poco del brazo para ver si así me soltaba.

Pareció captar el gesto en seguida, puesto que sonrió y aflojó el agarre hasta que pude recuperar mi brazo, viéndole como indeciso sobre si decir algo más o no.

Tal vez esperando que dijese o preguntase algo yo también, pero me sentía demasiado incómodo como para realmente decir mucho en ese instante.

       -    ¿Vas a venir mucho? – insistió, caminando conmigo hacia los vestuarios.

Cerré los labios tras decidir que no sabía bien cómo contestar a eso, puesto que no sabía si mis fútiles intentos de hacer algo de ejercicio se consideraría como mucho o como poco para alguien que claramente pasaba gran parte de su vida preocupado por estar en forma.

Probablemente se reiría de mí.

       -    Bueno… a algunas clases – acabé musitando, entrando en los vestuarios.

El chico asintió tras escucharme si bien no entró conmigo en la sala, algo que me resultó raro también, en especial cuando se me quedó mirando con una sonrisa que definiría como entretenida.

       -    Nos vamos viendo entonces – se despidió, guiñándome un ojo antes de volver hacia la sala de máquinas.

Cerré la puerta del vestuario antes de que pudiese seguir mirando al joven cuyo nombre ni sabía siquiera, confundido a más no poder por semejante interacción, si bien opté por borrarla rápidamente de mi mente.

A lo mejor el chico quería darme ánimos a su manera para que no me borrase de esa clase después de ver el tremendo ridículo que había hecho, algo que de nuevo, no supe si agradecer en silencio o no, optando por marcharme a casa directamente.

Ni siquiera me cambié, puesto que la idea de ducharme en el gimnasio con otros  hombres no me resultaba demasiado atractiva y cambiarme tras haber sudado me parecía demasiado guarro, así que decidí esperar a llegar a casa para hacerlo.

Mi teléfono había sonado ya varias veces para cuando salí de la ducha, envuelto en mi albornoz y listo para hundirme en el sofá a seguir replanteándome mi existencia.

O al menos la parte del gimnasio, puesto que no era como si mi dieta fuese tan desastrosa como para tener que hacerle grandes cambios, así que ni siquiera iba a planteármelo.

Alcé el teléfono justo cuando este volvía a sonar, apenas habiendo visto los nombres de las dichosas llamadas, motivo por el cual tampoco me sorprendió volver a ver uno de estos brillar en pantalla.

Cualquier rastro de la calma que me había aportado mi rato en la ducha se esfumó al descolgar, volviendo a sentir la molestia que me había estado acompañando desde que me había enterado que iba a estar solo en el gimnasio.

       -    ¿Qué? – pregunté, sin molestarme en saludar.

El menor tampoco se lo merecía, no teniendo en cuenta que me había engañado vilmente para luego dejarme tirado y a la deriva en algo que ni siquiera me gustaba.

       -    ¡Hyung! ¿Estás enfadado? – se rió Sungjong al otro lado, su voz suave haciéndome fruncir el ceño.

No, si encima ni siquiera parecía sentir el más pequeño remordimiento por lo que él y Dongwoo me habían hecho, por la risa que escuché un poco más al fondo suponiendo que estaban juntos.

Cómo no.

       -    A ti que te parece – gruñí, acomodándome en el sofá tras hundir mis pies en mis zapatillas de pelo.

A nadie le reconocería que usaba eso por estar por casa, pero bien peludas y calentitas que eran cuando uno lo necesitaba, interiormente pensando que podría haber ido a la cocina primero a por la merienda, si bien no me levanté del sofá.

No me apetecía.

       -    ¿Y lo bien que te va a ir? Así conoces gente nueva hyung – canturreó el menor de nuevo, sonando demasiado feliz.

Como si pensase que así me iba a convencer, pero nada que ver. Difícilmente era de los que se animaba a hacer cosas por su cuenta, e ir al gimnasio había estado condicionado al hacerlo con compañía.

Una que jamás había aparecido, si bien odiaba el hecho de haber tirado en dinero para nada, tras unos instantes de reflexión interna procediendo a cortar la llamada sin decir nada.

Me parecía una estupidez discutir por algo que ya no tenía solución.

No una que me fuese a dejar contento al menos, puesto que al gimnasio no quería ir, mucho menos solo, pero tampoco quería sentir que había tirado mi dinero a un pozo, lo cual significaba que tendría que aprovechar ese mes aunque fuese.

O eso me dije, si bien cuando me encontré dos días más tarde de vuelta en esos vestidores preparándome para una clase inicial de yoga antes de que tuviese la de zumba tuve dudas de nuevo.

Las que le venían a un novato al verse de nuevo fuera de lugar mientras la gente alrededor parece pasearse por allí como quien está por su casa, con soltura y conocimiento, dirigiéndome a la misma clase de la otra vez arrastrando detrás de mí la esterilla para los ejercicios.

El joven de la otra vez estaba allí cuando entré, su esterilla colocada casi al final de la sala, encima de la cual se había sentado mientras miraba algo en su teléfono que le hacía sonreír.

Me sentí incómodo al pensar que iba a volver a verme hacer el ridículo, por lo cual me adjudiqué el sitio más alejado a él que pude encontrar, si bien no duró mucho, puesto que él vino a mí a pesar de todo.

No dijo la gran cosa, poco más que un saludo formal por volver a verme allí y unas palabras de ánimo, pero fue suficiente para que no consiguiese relajarme en toda la clase.

Si mi cuerpo era de por sí un palo tieso, había que verme tratando de relajarme sintiendo esos ojos observarme ante cada ejercicio como si los de un halcón rastreando a su presa se tratase, incomodándome más.

Casi me sentí aliviado cuando la clase terminó, suponiendo que el chico iba a ir a ejercitar con las máquinas, solo para encontrármelo detrás de mí cuando entré en la sala donde iba a comenzar mi segunda clase del día.

Zumba. Con lo descoordinado que yo era, pero me había apuntado, así que ahí iba a estar, de nuevo, sintiéndome fuera de lugar observando la vestimenta tan casual y fresca que llevaba el resto de asistentes, mujeres en su mayoría.

Y luego él, sonriéndome como quien no quería la cosa a mi espalda cuando lo sentí paseándose por allí.

       -    ¿También te apuntaste a esto? – me preguntó, supuse que para ser simpático.

Asentí brevemente, entre avergonzado y nervioso. ¿Por qué seguía hablándome? Me parecía rara tanta familiaridad en un lugar donde la gente lo último que iba a hacer era amigos.

       -    Puede ser entretenido – sonrió el chico, de nuevo colocándose a mi lado para la clase.

Ignorante  de mi incomodidad o bien fingiendo que no la notaba, no sabría decirlo, sorprendiéndome a mí mismo cuando me di cuenta de que podía haber algo más vergonzoso que un tipo mirándome hacer posturas raras mal.

Aquello. Esa clase, llena de gente siguiendo con relativa facilidad los movimientos de la monitora al frente en el espejo mientras yo parecía un pez distraído contra una corriente, acertando en el movimiento para cuando ya había terminado con este y estaba con el siguiente, sintiéndome terrible.

Más que terrible en realidad, al punto de salir huyendo de allí tan pronto acabó la clase, rojo de la vergüenza.

Incluso evité a toda costa que el chico me hablase, nervioso como estaba, así como me planteé no regresar jamás a ese infernal lugar.

Sin embargo, me encontré volviendo.

Día tras día, diciéndome a mí mismo que era porque odiaba perder el dinero, si bien en el fondo sabía que no acababa de  ser eso.

No cuando una tarde, me sorprendió el joven con un par de pantalones que me lanzó a traición por los aires al coincidir en el vestuario, susurrándome al pasar cerca de mí que con eso estaría más cómodo en las clases, guiño con el ojo incluido conforme se alejaba de mí.

Vergüenza aparte, acabé admitiendo que había cierta razón en lo que me había dicho el chico, WooHyun como se presentó un día cuando quise agradecerle por los pantalones y no supe cómo llamarle, quien seguía siendo una presencia constante en todas mis clases al punto en el que me llegué a acostumbrar a tenerle allí, incluso si no hablábamos mucho.

Solo seguía mirándome constantemente, haciéndome sentir raro.

Pero raro bien, al darme cuenta que no se reía de mí haciendo el patético, sino que simplemente miraba, como si le resultase curioso que alguien como yo estuviese por allí.

Y tal vez lo era, supuse, viendo que acabé pagando por un segundo mes mientras mis ojos se desviaban al verle pasar en dirección a los vestuarios tras la última clase de zumba de mi primera mensualidad.

Tal vez lo del gimnasio no estaba tan mal.





POV. WOOHYUN



Sonreí conforme mis labios bajaban por la piel desnuda de su espalda, mi respiración más calmada después de unos minutos tendido junto a su cuerpo en la cama, listo para volver a comenzar conforme los recuerdos de nuestra actividad más reciente volvían a mi mente.

Y a mi cuerpo, el cual difícilmente podía olvidar el calor del contrario, la suavidad de la piel ajena contra la propia, ahora ligeramente sudada por el esfuerzo, si bien no era como si no hubiese visto antes eso.

Solo que con algo más de ropa, por supuesto, los ojos del mayor encontrándose con los míos cuando alcé la mirada brevemente al sentirle suspirar, curioso por leer en esos pequeños ojos lo que pensaba de lo sucedido.

Esperando ver lo mismo que sentía yo mismo, no sintiéndome decepcionado en lo más mínimo al ver ese suave tono rosado en sus mejillas acompañando aquel tenue brillo en sus ojos que desde el primer momento me había encantado.

No había decidido apuntarme al gimnasio con la idea de encontrar allí nada en particular, más que una rutina de ejercicios que añadir en mi vida, pero no diría que me arrepentía de lo que había acabado obteniendo sin esperarlo siquiera.

Un muy buen compañero de cama.

Uno que tanto como parecía odiar las clases del gimnasio o había tenido tantos reparos o dificultades moviéndose en la cama, sin poder evitar que me viniese a la mente la primera vez que le había visto en la clase de yoga.

Tieso como un palo y con la misma flexibilidad que podría tener una puerta, tratando de ignorar mis ojos escaneando ese cuerpo desde atrás con curiosidad.

Kim SungGyu no era la clase de persona que uno esperaba encontrare en el gimnasio, pero tal vez porque nadie esperaba encontrárselos y ponía caras raras era que no había gente como él por esos lares, sintiéndome un poco mal al pensar en ello.

En que tal vez miradas como la mía eran lo que hacía que jamás volviesen tras el primer intento, motivo por el cual quise animarle de alguna forma a seguir, si bien no sabría decir si había sido la correcta

Verle aparecer en la clase de zumba admitiría que me causó gracia y, al mismo tiempo, me alegró, tal vez porque la mejor parte de las clases, además de lo bien que le sentaba a uno el movimiento, era el verle a él darlo todo.

Era… en fin, no sabría describir lo que era realmente lo que me hacía sentir, pero me sacaba una sonrisa verle seguir con los ojos a la monitora todo el tiempo y esforzarse en imitarla lo mejor posible.

Tal vez me gustaba ver su esfuerzo, y ver que parecía ir en serio a pesar de verse claramente fuera de lugar, claro que su ropa no ayudaba.

       -    ¿Te había dicho que te ves genial sin ropa? – musité entonces, sin poder evitarlo.

SungGyu rodó los ojos antes de empujarme suavemente, su reacción avergonzada no haciendo más que sacarme una sonrisa pícara, habiendo aprendido un largo tiempo atrás que me sentía inevitablemente atraído por la expresión que ponía cuando se sentía avergonzado.

Era adorable, no había más.

Tan adorable como tremendamente sexy era el tipo en la cama cuando se lo proponía, permitiendo que mis manos se paseasen por ese tremendo cuerpo que cada vez estaba más definido sin plantearme privarme de ello en ningún momento cercano.

       -    Tenía entendido que me preferías con esas mallas – carraspeó, si bien no me alejó esta vez.

Todo lo contrario, se giró para encararme mientras me contestaba, su cuerpo tan desnudo como el día en el que llegó a este mundo provocándome cosquillas en el vientre.

Empezaba a sentirme listo para una segunda ronda esa tarde, definitivamente.

       -    Ese culo las merece corazón – ronroneé, sintiéndome orgulloso hasta de ello.

Por un lado había querido verle con ropa más apretada en la clases, al mismo tiempo que había esperado que el verse vestido igual que el resto aumentase un poco su confianza y autoestima.

No me había equivocado en eso último, aunque para qué negarlo, probablemente esas miradas que le dirigía sin pudor alguno cuando lo tenía doblado frente a mí eran difíciles de ignorar.

Dios bendijese al yoga, y a mi decisión de colocarme religiosamente detrás de él en todas y cada una de las clases.

       -    Cerdo – gruñó, si bien sabía que no lo decía en serio.

No por la forma en la que sus labios se encontraron prontamente con los míos tras susurrarle que de eso iba la tarde precisamente, señalando que no era el único que lo disfrutaba precisamente.

Mis manos volvieron a perderse en las curvas de ese cuerpo todavía algo blando, si bien así era precisamente cómo me gustaba.

Curioso cómo prefería tener un cuerpo esculpido pero mis manos se decantaban por los que no lo estaban en el momento de acariciar y amasar, sin saber el por qué de dicha dualidad.

Supuse que era el placer de tener la carne entre mis manos, de poder apretarla y masajearla si así lo quería, encontrándome no mucho más tarde con ese delicioso cuerpo sobre el mío.

Ejercitando esas bonitas piernas conforme me montaba a su antojo, disfrutando de las vistas casi tanto como lo hacía de la sensación de mi miembro apresado por esas apretadas paredes que me daban cálidamente la bienvenida.

La forma desinhibida con la cual el mayor se comportaba conmigo a puertas cerradas valía la pena como nunca antes nada lo había hecho, mis ojos puestos en los suyos todo el tiempo, bebiendo de aquel momento.

De la intimidad que solo dos cuerpos conectados como los nuestros podían compartir con solo los ojos hablando, reflejando cada pensamiento y sensación que pasaba por nuestro cuerpo y mente, dejándome llevar finalmente por la situación hasta caer rendido de vuelta en la cama con su cuerpo sobre el mío.

Sentí como si hubiese volado en los cielos y me hubiese hundido de repente en el colchón un poco más al caer, aunque físicamente sabía que era imposible pero esa era la sensación que tenía mi cuerpo después del segundo intento.

Y me encantaba, tanto como él simple hecho de mirarlo.

Sonreí levemente cuando SungGyu bostezó a mi lado mientras buscaba acurrucarse junto a mi cuerpo, tirando de las sábanas de la cama para cubrirnos, al parecer decidido a no moverse en un rato.

Idea que compartía, teniendo en cuenta que difícilmente me responderían los músculos de las piernas como para atreverme a levantarme, ni siquiera para ir a tomar una ducha.

Eso podíamos aplazarlo un poquito más al fin y al cabo.

Como había aplazado el momento en el que le acorralé en las duchas del gimnasio aquella  tarde semanas atrás, después de convencerle de que la mejor parte de hacer ejercicio era el terminar y poder relajar el cuerpo bajo el agua caliente unos minutos, incluso si era un lugar público.

Dos largos meses llevaba ya apuntado a clases cuando empecé a notar los cambios en la actitud del mayor, esas pequeñas a inocentes insinuaciones que inicialmente no quise confundir con algo indecente, pero que con el tiempo decidí tomar como tales.

Su inexperiencia era encantadora a tal punto que hasta me sentí algo mal por seguirle el juego, pero para que mentir, disfruté cada minuto de aquello, empezando por el día en el que aceptó esos pantalones.

Porque a eso le siguió el que un día se quitase la horrible sudadera esa ancha que usaba para las clases y se dejase una camiseta solo, todavía ancha, pero definitivamente mucho más agradable a la vista.

Y luego, semanas más tarde, una camiseta de tirantes como la que yo y casi todo el mundo por allí utilizaba.

Una que mostraba sus brazos y marcaba su torso de una forma que, a decir verdad, envidié y todo al ser sorprendentemente más pronunciado que el mío, si bien la timidez que mostraban sus ojos y la forma en la que a pesar de todo parecía encogerse un poco tratando de que no se notase que iba enseñando piel le daba el toque perfecto de dulzura y erotismo.

Eso o yo estaba enfermo, pero por la forma en la que había pillado a más de una ojeándole a lo largo de las semanas al parecer no había sido yo el único que había notado esa particularidad sobre él.

Sin embargo, sí era el único en quien la atención del mayor parecía recaer la mayor parte del tiempo, siempre y cuando no estuviese pendiente por completo de las clases, que solía ser el caso.

Y me gustaba, mucho, el verle con ropa cada vez más ligera moviéndose frente a mí cada vez con más soltura, conforme la ropa iba ajustándose más al estándar de un gimnasio haciéndolo también su confianza sobre sus habilidades.

Pronto, había pasado el segundo mes y sinceramente la mejora se notaba en todo él, en la forma en la que parecía menos tímido en clase a pesar de que sonreía de esa forma cuando algo no acababa de salirle bien, pero la tensión inicial ya no estaba ahí.

Excepto cuando me acercaba demasiado a su cuerpo, recuerdo que me hizo sonreír con SungGyu acurrucado a mi lado en la cama, todavía recuperándose de nuestro interludio sexual.

La primera vez que me había arrimado a él no diría que había sido por bondad y por ganas de ayudar al prójimo precisamente, simplemente había querido presionarme contra él.

Saber qué se sentía al sentir ese cuerpo contra el mío, utilizando la excusa de enseñarle como mantener la espalda recta en una de las nuevas posturas que habíamos aprendido en esa sesión de yoga y que no había parecido convencerle.

Había sido la excusa perfecta para comprobar si él estaba interesado en mí o si simplemente intentaba ser simpático conmigo para devolverme un poco la cortesía que inicialmente le había mostrado, y la vida tenía por testigo, que aquel suave roce de caderas me lo había dicho todo.

Eso, y la forma en la que contuvo el aliento cuando mis manos se posaron en su cintura para tirar de él y juntar su trasero con mi pelvis para mantener sus piernas rectas antes de ir a por la espalda, tal vez regalándome unos minutos de más en esa postura.

Porque santo cielo, aquella parecía ser la postura.

La que no negaría, probé primero con él entre las sábanas más adelante, aunque eso tardó en llegar.

Tres meses en concreto, poco menos de uno desde nuestro primer beso en las duchas, piel contra piel.

Sentí al mayor observarme mientras estaba perdido en esos jugosos recuerdos en mi mente, recordando en ocasiones los detalles como si una película adolescente se tratase.

Ortopédico y evidente todo hasta para los más despistados y ajenos ojos, pero no era como si me importase lo que pensasen los de fuera.

       -    ¿En qué piensas que tienes esa cara? – inquirió SungGyu, observándome con curiosidad.

Rodé sobre él en la cama en cuestión de instantes, solo por ver la forma en la que sus ojos se abrían con la sorpresa antes de contestar, no sin deslizar mi mirada por todo él por puro capricho.

Me había vuelto un poquito caprichoso, tal vez.

       -    En cómo hemos terminado así – le expliqué, esperando que entendiese a qué me refería.

No a cómo habíamos llegado hoy en concreto a mi cama, sino en cómo se habían desarrollado las cosas desde la primera vez que nos habíamos visto para que la situación actual fuese la que era.

Se rió suavemente al detenerse a pensarlo, algo que me llevó a sonreír sin poder evitarlo antes de incorporarme para salir de la cama, invitándole a darnos esa esperada ducha finalmente.

Sonreí todo el tiempo que duró esta, cuando SungGyu decidió comentar cómo había vivido él cada momento de aquel extraño inicio de relación, informal como era todavía, desde que me había conocido.

Incómodo había sido el primer adjetivo que había decidido utilizar para describir cómo le había hecho sentir cuando me había puesto por primera vez detrás de él en la clase de yoga, por no decir que avergonzado fue el siguiente.

Y el que más repitió conforme repasábamos detalles entre pequeñas risas y cada uno daba su interpretación de la escena.

Lo que para mí había sido algo adorable y sexy para él había sido ridículo y vergonzoso, como cuando trató de hacer una postura inclinado hacia adelante sacando pompas pero había terminado cayéndose prácticamente al perder el equilibrio, o bien cuando en una de las clases de baile se había resbalado haciendo un movimiento y había terminado sobre mí.

En una forma clásicamente romántica a la par que vergonzosa y escandalosa para algunos jóvenes ojos, aunque lejos de haberme molestado me había reído ese día no iba a negarlo.

Y seguía riéndome al recordarlo, porque había disfrutado ese accidental contacto, incluso si había sido de lo más breve, mis manos enjabonando con cuidado su cuerpo conforme hablábamos.

Y viceversa, adorando la forma en la que sus manos me recorrían el cuerpo para hacer exactamente lo mismo, moviéndonos de vuelta a la cama tras terminar la ducha y secarnos para descansar un rato.

Omitiendo el que en un rato deberíamos de ir a preparar algo para cenar aunque fuese, y que probablemente SungGyu debería de irse a su propio apartamento porque trabajaba al día siguiente, detalles que en ocasiones ignorábamos por comodidad.

Porque por extraño que fuese, había encontrado en el lugar menos esperado la persona con la que más a gusto me había sentido en mucho tiempo, sin esperarlo ni desearlo, y lo cierto era que lo agradecía.

Más de lo que admitiría en voz alta por el momento, en su lugar observando al mayor mientras bostezaba al acurrucarse bajo las sábanas de nuevo, demostrándome con ese gesto que la comodidad con la situación era mutua.

       -    ¿Listo para la clase de mañana? – musité, un poquito burlón.

Haciendo referencia a que esperaba que no fuese a tener demasiadas agujetas, ganándome un pequeño golpe en la pierna por mis palabras, aunque lejos de molestarme me reí.

       -    No hagas que me arrepienta de haber pisado ese gimnasio – me amenazó, si bien cualquier deje de seriedad quedó ahogado por un nuevo bostezo.

Haciéndome reír unos instantes antes de rodearle con mis brazos para estar más cerca de él, porque quería y porque podía, de nuevo permitiéndome a mí mismo sentirme maravillado por las vueltas que daba la vida a veces, y lo afortunadas que eran algunas casualidades.

Un día de diferencia, y tal vez jamás hubiese visto a SungGyu. Si solo hubiese optado por ir al gimnasio los martes y jueves en lugar de un lunes y miércoles, para después alargarlo a un viernes también mis ojos no se hubiesen fijado en el avergonzado principiante que necesitaba un empujoncito para sentirse cómodo con su cuerpo y sus avances, orgulloso incluso, viendo cómo presumía a veces, pero no se lo echaba en cara.

No mucho al menos, suspirando al sentir su respiración contra mi piel desnuda, contento con la situación.

       -    Tal vez… lo del gimnasio no ha estado tan mal – murmuró el menor tras un suspiro, rodeando mi cintura con sus brazos.

Sacándome otra sonrisa al ver que pensaba lo mismo, sintiendo que eso era más que suficiente.

A saber dónde iba a acabar aquello, pero la vida ya diría, sin prisas.


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Holiwiiiis!!!

Yo ya pensaba que al final no iba a actualizar esta semana pliz XDD ¿Qué sus ha parecido este nuevo oneshot? Lo sé... la segunda parte no es lo mejor que he escrito en mi vida, me interrumpieron tras escribir el POV de Gyu y yo creo que ya me cambió el chip (?) XD.

Esta fue la idea proporcionada por Paulina Pinto Vera para el aniversario del blog... ojalá y no esté muy terrible querida... me replanteo en un futuro reescribir la segunda parte, el pov del Namu, a ver si así mejora, pero esta semanita no he podido ponerme a ello y al final así la dejé aish Y.Y

También tenía pendiente ponerme con So Hateful, So Like you, pero yo creo que ese fic está maldito o algo porque no hay manera por dior XD.


Sin embargo... sus explico el WHY, porque señoras mías, LO HAY... y es que sus voy a dar una noticia que toooodas creo que hemos estado esperando ya por muchos meses.... ¡ENCONTRÉ OTRO TRABAJO!

¡Como lo leen!! >////<

Historia así completa... la semana pasada comenté que había ido como a una entrevista el martes, pero que ahí había quedado la cosa porque había pasado la semana y no me habían dicho nada... pues bien, tras publicar la actu del viernes pasado, andaba yo religiosamente con mi ejercicio como había prometido cuando sonó el teléfono.

Número que conocía ya, de la agencia privada de contratación... y en esas que la chica con la que me entrevisté me dice que la empresa para cuyo puesto me había entrevistado me quiere conocer, y yo: "O.O Kay"... Y nada, ahí que fui el lunes a primera hora, después de dormir 5 míseras horas porque no olvidemos, que trabajo de noches... pues me fui a la entrevista. Hasta me maquillé, más para ocultar mis ojeras de panda y tal más que por otra cosa.

Una hora entera ahí de entrevista con el que sería mi jefe directo SI me contrataban, y yo allá como "poh whatever a ver, si es que no sé qué clase de ser  humano busca este señor para trabajar con él XD". Y nada, opté por ser simplemente... un yo que no existe XD. Es decir, existe, hasta que me conocen cofcofcof. Es que buscaban a alguien adecuado para una empresa mediana pero de tinte familiar, con estudios pero que quiera aprender y quedarse y bueno... cosas, muchas cosas, y al salir el chico me dijo que tenía más entrevistas a lo largo de la mañana y que al haber sido yo la primera pues ya me diría algo, so ya pensaba yo que había perdido unas horas de sueño fantabulosas para nada, pero la vida hijas mías.

Total que salí de ahí, volví a mi casa y tuve el tiempo justo de comer y poco más antes de vestirme para ir al trabajo. Y ahí queridas, AHÍ, apenas una hora después de que comenzase mi turno (y yo al borde del llanto porque menudos personajes que había en la cola..) me llamó la moza... QUE ME HABÍAN DADO EL PUESTO.

Ni sus cuento lo rápido que llamé a mi jefa para decirle que ME IBA. Osease, obvio tengo que dar 15 días de margen, y tal cual acaba el día número 15, empiezo en mi nueva empresa XD.

Ciertamente, me quitan el fin de semana que me pertenece por rotación y me obligan a ir a trabajar hasta el último día, o me quitan dinero de mi sueldo, que ya suponía que lo harían, pero me da igual, porque me larrrrrgo ya XD.

Y bueno pues eso pasó todo el lunes... y martes y miércoles fue un poco caos, en el sentido en que el coche de mi madre sigue en el taller, mi mamá histérica perdida que quiere otro coche (que no puede pagar porque no trabaja, obvio, y mi papá no tiene de donde sacar dinero para otro) y pues andan presionándome para que me compre yo uno ahora antes de que me acabe este contrato porque if not debo esperar otro año al menos para que me den un crédito. Y me tuvo mi papá todo el martes en el concesionario haciendo números ¬¬. Y nada el miércoles ya tuve algo de tiempo para escribir, poco, porque mi papá se apalancó toda la tarde en mi cama a intentar convencerme again de lo del coche y eso, y ya luego se juntó el resto de la familia a darme la chapa sobre otros temas y así se me fue la tarde sin hacer nada...

Y hasta ahí hahaha ayer tuve revisión en el dentista y poco más... Llevo toda la semana sin hacer ejercicio porque no me ha dado la laifu, y bueno a ver si estos últimos tres días aunque sea me pongo a ello porque me veo tripa \o/ (la obsesión..).

Y creo que eso es todo así como lo más destacado hahaha. La próxima semana sus cuento más detalles de mi trabajo. El mejor es que tengo TODOS los fines de semana libres, como una persona normal!! Y horario fijo de mañanas, mis 8 horitas con 1h para la comida.

No tengo que llevar uniforme... lo cual me plantea la necesidad de llenar más mi armario con ropa de trabajo elegante pero no muy formal... que tengo de eso no lo niego, pero... ya saben, tengo issues con la ropa XD.

Oks y no me entretengo más que me paso aquí la vida hahaha La próxima semana sus cuento más lo prometo, Y escribiré el primer capítulo de So Hateful, So Like You, lo prometo... de hecho iré a escribir eso antes que el siguiente oneshot de Love Adventures, que me conozco ;P.

Nos leemos prontito queridas!!!

Cuidaos muchiiiiiiiiiito y... la vida empieza a sonreír... un xic hahahaha

Byebyeee!!! ^^


 

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