22 de diciembre de 2018

War of Business Kings. Cap 7


Capítulo 7. No need for marriage


POV. WOOHYUN

Dejé los papeles en el primer cajón del escritorio, mis ojos habiendo estado estudiando de cerca esa firma que a esas alturas conocía casi mejor que la mía, si bien todavía estaba intentando procesar que aquello había ocurrido.

Finalmente había sido hecho, pensamiento que me llevó a esbozar una sonrisa de satisfacción que difícilmente reprimiría delante de nadie, incluso si ese alguien era Kibum, quien todavía parecía querer fustigarme con sus miradas asesinas.

Él no había querido saber nunca los detalles por no ser considerado cómplice en todo aquello, pero sabía bien que lo que Sunggyu y yo queríamos hacer no era para nada lícito.

O sí lo era, puesto que oficialmente, todo estaba legalizado frente a un notario, de nuevo mis labios ablandándose en una sonrisa ante el mero recuerdo de la firma que había en todos y cada uno de esos papeles escondidos en el sencillo sobre.

Faltaba poco para que todo estallase, probablemente unas pocas horas, tal vez un par de días más a lo sumo, permitiéndome a mí mismo estirarme en la silla ahora que estaba en la soledad de mi oficina.

Me resultaba fácil ignorar a Kibum cuando estaba allí, simplemente porque estaba acostumbrado a sus miradas amenazantes.

       -    Así que lo habéis hecho – insistió, habiendo perdido ya la cuenta de la cantidad de veces que me había preguntado lo mismo.

Llevaba el último par de días repitiendo esas palabras a modo de confirmación, habiéndole respondido todas y cada una de esas veces con un asentimiento y una breve afirmación, si bien seguía sin parecer creérselo.

Incluso le había enseñado los papeles, unos idénticos a los que sabía que el mayor guardaba para él mismo a su alcance, si bien los nombres estaban alterados a pesar del idéntico contenido.

Un intercambio justo.

Tan justo que más de uno pondría el grito en el cielo cuando todo se hiciese público, casi estremeciéndome ante la extraña sensación de excitación que me recorrió al pensar en eso.

¿Podía alguien sentirse de esa forma frente a una inminente catástrofe?

Pocos los harían, pero habían sido tantos años planeándolo todo al detalle que aún si todo aquello me acababa perjudicando no podía esperar a ver los resultados.

Ni siquiera podía sentirme culpable, cuando aquello no había sido más que la respuesta a años teniendo que obedecer unas estúpidas normas y exigencias que no me podían importar menos.

No lo habían hecho de niño, tampoco de adolescente, y mucho menos lo habían hecho durante mi etapa adulta, habiendo llegado el momento de detener todo aquello, a menos que quisiese ver mi vida reducida a meras apariencias hasta mi muerte.

Me había cansado, y sabía que Sunggyu también.

Todavía me reía por dentro al recordar lo que me había dicho mi padre unas pocas semanas atrás, sabiendo bien que había sido él mismo quien había filtrado a los medios los rumores de un futuro matrimonio en la familia Nam.

Y teniendo en cuenta que él ya estaba casado eso solo podía significar una cosa: que el heredero de los Nam iba a pasar por el altar en breves.

Aquel era un muy viejo truco que tanto mi progenitor como el de Sunggyu llevaban utilizando desde que tenía memoria para acabar convirtiendo en realidad lo que ellos deseaban que ocurriese.

Y mi padre quería que me casase, así que qué mejor manera de conseguirlo que convirtiéndolo, una vez más, en una competición pública para ver cuál de los dos se casaba antes, o mejor.

Cuando había aparecido en mi despacho para invitarme a cenar con él y mi madre esa noche había sospechado ya que estaba tramando algo, no habiéndome sorprendido demasiado que dejase caer el tema del matrimonio.

Se acercaba la edad en la que se solía hacer, por no decir que hacía años que me lo podría haber exigido, pero supuse que había estado esperando a que no hubiese mucho más en lo que competir con los Kim para salir con ese tema.

Matrimonio.

Había justificado su exigencia, velada como una inofensiva sugerencia que supuestamente era por mi bien y el futuro del conglomerado, diciendo que mi matrimonio era algo necesario para que la junta directiva apoyase mi candidatura a la presidencia una vez mi progenitor se retirase.

Porque de toda la vida al parecer uno no sabía trabajar en su propio negocio a pesar de llevar años en ello si no se casaba, ¿no?

O dicho de otra forma, al parecer llevaba años perdiendo horas de sueño y tiempo de mi vida para nada, puesto que si no me casaba con una mujer estaba claro para el universo que seguiría siendo un inútil, un bueno para nada incapaz de levantar un solo dedo por mi imperio, dado que las habilidades y la experiencia no eran nada en comparación a tener una mujer a tu lado guiando tu camino hacia la sabiduría.

Una que no tendría nada que ver con los negocios, ni voz ni voto ni conocimiento alguno en cuanto a lo que la empresa se refería, pero que según mentes retrógradas como la de mi progenitor, era absolutamente necesaria para que en el futuro pudiese llevar las cosas tal y como las había estado llevando sin problema alguno y por mi cuenta hasta la fecha.

¿Me iba a llegar la iluminación cuando me casase e iba a reinventar el mundo, o cómo funcionaba eso?

Por supuesto, no había dicho nada de eso durante la cena, mientras mi padre esgrimía sus argumentos respecto a las ventajas que él y el conglomerado recibirían gracias a mi matrimonio, argumentos que no eran más que la ley que debía de acatar estuviese yo de acuerdo o no con estos, sintiéndome una vez más como si en lugar del heredero fuese la hija pequeña de una familia rica, a la que casar para tener más poder e influencia.

¿No se suponía que en la antigüedad eran las mujeres la moneda de cambio y que eso era algo que ya había pasado? ¿Cuándo me había convertido en una moneda también, y a esas alturas de siglo en las que andaba el mundo?

Kibum continuaba mirándome en silencio cuando alcé la mirada, regalándome una negación de cabeza justo cuando sonó mi teléfono.

Le vi rodar los ojos antes de que contestase, el nombre en la pantalla dejándole claro que podía retirarse ya, al menos de momento.

       -    ¿Café? – preguntó el mayor al otro lado de la línea, haciéndome sonreír levemente.

Su voz ligeramente rasposa acarició mis oídos incluso en la distancia, trayéndome memorias mucho más placenteras a las que por ese mismo lugar se paseaban apenas unos segundos antes.

Sí, esa era la clase de cosas que quería tener en mente en mi tiempo libre, y no la voz tajante de mi progenitor ordenándome alguna nueva estupidez única y exclusivamente para su beneficio.

No necesitó añadir mucho más tampoco para que me pusiese en pie y buscase la chaqueta del traje que tenía colgada en el respaldo de la silla, sabiendo qué me estaba preguntando en realidad.

       -    ¿Gangnam? – sugerí, poniéndome la chaqueta.

Había solo dos lugares públicos donde nos encontrábamos, el primero en Gangnam, a medio camino de nuestras oficinas, el otro cerca de la casa azul, en Jogno.

También había únicamente una cafetería en cada lugar donde nos veíamos, así que la elección era bastante sencilla y no había nada mejor que mantener las cosas simples, evitaba confusiones en todos los aspectos de la vida de uno.

       -    Veinte minutos – accedió, aunque en realidad no había nada a lo que acceder.

Me había llamado para vernos al fin y al cabo, poniéndome en marcha después de colgar el teléfono, aunque a Kibum no le hizo especial gracia que le dejase dicho que no me llamase hasta que volviese, que cualquier cosa podía esperar.

Incluyendo cualquier visita de mi progenitor, siendo la idea de una visita inesperada lo que en realidad no le hacía ninguna ilusión, pero él había querido ese puesto de trabajo así que no tenía mucha más opción que poner de su parte.

       -    Me vas a matar a disgustos – refunfuñó el menor conforme pasaba de largo su mesa junto a la puerta de mi oficina, haciéndome reír por lo bajo.

En el fondo estaba agradecido por tener un buen amigo como él, quejas constantes incluidas en el paquete, pero valía la pena aguantarlas.

No tardé demasiado en llegar a la cafetería donde nos reuníamos el mayor y yo en ocasiones, caminando por la calle sin prisa pero sin pausa, no queriendo parecer desesperado por llegar al lugar del encuentro al fin y al cabo, aunque jamás me negaría a mí mismo ese cosquilleo que me recorría ante la sola idea de vernos.

SungGyu era la única emoción en mi vida, por muy triste que sonase eso, aunque para mí era motivación suficiente como para haber llegado hasta donde estaba, que ya era más de lo que muchos podrían llegar a decir jamás.

El local estaba relativamente vacío a esas horas, si bien había las suficientes mesas llenas como para que no se sintiese vacío tampoco, dirigiéndome sin pensarlo mucho a una de las mesas del fondo, ligeramente oculta por unas plantas de plástico que habían puesto como decoración.

Solíamos sentarnos en esa zona, mesa a la derecha mesa a la izquierda, por lo cual no me sorprendió en lo más mínimo encontrándome allí ya el mayor con una taza en la mano, sus ojos escaneándome como si hiciese un largo tiempo que no me veía.

Buscando algo que hubiese podido cambiar en mí en cuestión de pocos días, algo que difícilmente iba a encontrar.

Especialmente cuando lo único que había cambiado era algo que él sabía bien, mejor que nadie en realidad.

Ni siquiera Kibum sabía exactamente lo que habíamos firmado exactamente después de todo.

SungGyu se veía bien a mi parecer, o al menos esa fue la impresión que me dio a primera vista, según me acomodaba en el asiento de enfrente para tomar la taza humeante que había allí colocada.

       -    ¿Esperando a alguien? – pregunté, tratando de esconder la sonrisa de mis labios.

Estos parecían bastante reacios a ayudarme en la tarea, si bien podía entrever una sonrisa formándose en los suyos también al otro lado de la taza que sostenía cerca de estos.

Tratando de engañarme, aunque nos conocíamos demasiado bien como para que algo como eso funcionase.

       -    Tal vez – contestó con suavidad, su tono de voz con una ligera coquetería.

La suficiente como para que me permitiese soltar una pequeña risa, una privada para ambos más que una escandalosa, invitándome a tomar un trago de aquel café que me había pedido.

Largo de café, con sirope en lugar de azúcar.

El mayor era el único a excepción de Kibum que podría decir con precisión cómo me gustaba realmente aquella bebida amarga, y si tenía que escoger, qué bebida realmente pediría, pero un chocolate caliente no quedaba bien en un hombre vestido con traje, ¿verdad?

       -    ¿Está todo notariado? – cuestionó SungGyu segundos más tarde, mirándome fijamente con esos encantadores ojos rasgados.

Podía decir cuántas horas hacía exactamente desde que los había tenido observando los míos con semejante intensidad, si bien había muchas menos capas de ropa entre ambos.

Y muchísima menos distancia también, pero no era momento de centrarse en eso. Llegaría, como todo, pero había que esperar.

Asentí con solemnidad mientras bajaba la taza de nuevo a la mesa, suponiendo que en el fondo me había llamado para preguntar al respecto. Era algo importante para ambos, algo sobre lo que debíamos de estar seguros el uno del otro.

       -    Sí. ¿Has recibido tu copia? – inquirí de vuelta, aunque sabía bien que lo había hecho.

Igual que a mí me habían llegado las mías esa misma mañana, habiéndome asegurado de pagar un extra importante para que aquel asunto fuese tratado con la mayor celeridad posible.

Lo queríamos listo pronto, ese había sido el plan.

       -    Lo hice – asintió, dándole otro sorbo a su taza.

Mis ojos se quedaron perdidos en esos labios, una ligera capa de espuma adornándolos como los míos lo habían hecho no mucho atrás, causándome una curiosa mezcla que se movía entre la melancolía y la excitación.

Echaba de menos ese momento tanto como no podía evitar esperar el siguiente, así de extraña era nuestra relación.

       -    ¿Todo correcto? – insistí, queriendo asegurarme de que no se iba a arrepentir de aquello.

Ambos habíamos decidido y discutido en más de una ocasión lo que se iba a firmar en esos papeles llegado el caso, así como habíamos valorado todo el abanico de opciones que se nos presentaba cada vez con todo lo que cada elección podría comportar antes de hacer la redacción final.

Una copia calcada ambas al fin y al cabo, con la única diferencia de quién era el titular en cada una, las letras habiendo quedado impresas en mi cabeza desde que las había puesto en papel.

Podría casi admitir que hasta que no lo había hecho no me había quitado un peso de encima, cansado como estaba de la monotonía de mi vida, esa que no me había pertenecido jamás.

Había llegado el momento de cambiar las cosas, de finalmente obtener lo que me pertenecía por derecho, incluso si sabía bien lo nefastas que podrían ser las consecuencias de aquello pero no me importaba en lo más mínimo.

Quería mi vida para mí, y jamás lamentaría lo que íbamos a hacer para liberarnos del control de nuestros progenitores, en lugar de sentirme nervioso por mi porvenir no pudiendo evitar que mis labios formasen una nueva sonrisa ante el pensamiento que cruzó mi mente, uno íntimamente relacionado con todo eso.

El que más, si cabía.

       -    ¿Y cómo has amanecido? – ronroneé, casi riéndome cuando le vi rodar los ojos al escucharme.

El solo recuerdo de la noche anterior acarició mi mente con un agradable cosquilleo al que pocas cosas podían compararse. Como el roce de su lengua sobre la mía, por ejemplo.

       -    Solo – señaló, enarcando una ceja.

Haciendo referencia sin vergüenza alguna a lo que había ocurrido esa misma mañana, cuando me había marchado de su apartamento sin decirle nada por no despertarle.

No había sido a propósito, mucho menos con mala intención, puesto que sabía mejor que nadie lo preciosos que eran unos minutos más de sueño y me había parecido adecuado dejarle dormir un poco más antes de que tuviese que levantarse para ir a trabajar.

Despertarle solo para que me acompañase a la puerta mientras me iba me había parecido grosero, aunque al parecer el mayor no parecía estar de acuerdo, algo que de alguna forma tampoco me sorprendía demasiado.

Una cosa era no decir nunca las cosas, otra muy distinta que no las pensásemos.

De nuevo, otros pensarían que no era más que una realidad, una respuesta como cualquier otra, pero podía escuchar a la perfección ese ligero deje de molestia en su voz que pocos, sino nadie excepto yo mismo, conocían.

       -    Pensé que te gustaba dormir – me justifiqué, buscando con la mano la taza que había dejado sobre la mesa.

No querría que pareciese que ese hombre absorbía tanto mi atención que ni recordaba la existencia de mi bebida, aunque unos pocos listos podrían darse cuenta de que esa era la triste realidad.

Tenía que obligarme a recordar que el mundo seguía mirando, y que no podía quedarme embobado mirándole más rato del socialmente aceptado.

Al menos de momento.

       -    Me gusta hacer muchas cosas por las mañanas – contestó, de nuevo enarcando la ceja, si bien esta vez de forma distinta.

Acompañándola con un asomo de sonrisa picarona que conocía bien, una invitación a qué otras cosas podían hacerse temprano por la mañana, cuando el sol apenas despuntaba y la mayoría del mundo seguía todavía dormido plácidamente bajo las sábanas.

Sí, coincidía con eso.

A mí también me gustaba levantarme pronto algunas mañanas si me detenía a pensarlo.

El café todavía estaba caliente cuando rozó mi paladar antes de ofrecerle una respuesta a tan vehementes palabras, no queriendo sonar demasiado fuera de lugar a oídos ajenos, no queriendo dar pistas en voz alta de todo aquello.

Pero tenía ganas, demasiadas.

       -    En compañía siempre pasa – ofrecí, guiñándole un ojo

SungGyu se rió ante mis palabras antes de darme la razón con un suave murmullo, permitiéndonos unos instantes de silencio entre ambos no porque no tuviésemos nada de lo que hablar, sino porque a veces la compañía era más que suficiente.

¿Para qué llenar el vacío con palabras igualmente vacías? Nunca nos había hecho falta y dudaba que en algún momento las fuésemos a necesitar.

El tiempo del café terminó demasiado rápido para mi gusto sin embargo, no pudiendo alargar mucho nuestro tiempo fuera de la empresa tampoco, mucho menos en un momento tan delicado.

       -    ¿Cuándo crees que se enterarán? – pregunté conforme nos levantábamos para irnos, la chaqueta siendo lo único que parecía que iba abrazar mi cuerpo por el momento.

Una pena tener que limitar los roces en público, en serio.

El mayor se quedó pensativo unos segundos antes de encogerse de hombros y ponerse en pie, probablemente calculando igual que yo lo hacía cuánto tiempo más teníamos antes de que todo cambiase.

Poco, tal vez.

       -    Hoy, mañana a más tardar – musitó, haciéndome asentir.

Supuse que todavía no era capaz de creer lo que habíamos hecho, incluso si sabía que tenía los papeles en mi despacho, incluso si sabía que mi cómplice estaba justo a mi lado, todavía parecía irreal.

Y seguramente lo seguiría pareciendo cuando todo estallase, habiendo solo una cosa en ese mismo instante que sí me parecía cierta de cabeza a pies.

Una que me hizo sonreír cuando llegamos a la calle, permitiendo que el mayor pasase delante de mí mientras abría la puerta para él solo para tener una excusa de colocarme a su espalda, queriendo susurrarle al oído algo que nadie más fuese a poder escuchar.

       -    Nos vamos viendo, esposo – susurré, tan cerca que podría haber rozado con la nariz su oreja.

Quedándome con las ganas de eso y un tanto más, si bien un gesto de lo más inesperado por parte de SungGyu cambió por completo cualquier clase de lamento, sus labios acariciando los míos con brevedad gracias a un leve giro de su rostro, acompañado de una suave y disimulada risa.

       -    Con eso cuento – murmuró casi sobre mis labios antes de alejarse de mí un paso, haciéndome suspirar por la distancia.

Pero conformándome con ese roce coqueto e inesperado en nuestras circunstancias, si bien era de lo más lícito ahora.

Por ley, no había nada que lo hiciese incorrecto, el recuerdo estremeciéndome por dentro.

Mi esposo, de un día para otro, claro que habíamos estado hablando sobre ello desde hacía tantos años que había simplemente sido algo que sabía que acabaría llegando en algún momento.

Y había llegado, finalmente, no consiguiendo imaginar un solo día en que fuese a llegar a lamentarlo puesto que desde siempre el mayor había sido el único en quien podía apoyarme en todo momento incluso en el silencio, con quien sabía que una mirada era suficiente para entendernos.

Con quien sabía que nunca, jamás, tendría ningún problema.

Sabía que nuestra vida en común sería pacífica, puesto que no podía imaginar una sola persona en el mundo que fuese a entenderme mejor que él.

Y para qué negarlo, a nivel físico nos complementábamos maravillosamente, la reacción de mi cuerpo al suyo cada vez que estábamos cerca lo confirmaba a la perfección, su respuesta igualando lo que yo sentía.

Claro que nuestro matrimonio no era más que una pequeña parte del trato, la que menos importaría al mundo probablemente, aunque era justo lo que a nosotros más nos consolaba.

Estábamos juntos en eso, para bien o para mal, hasta el final.

Aunque no sería esa noche por desgracia, puesto que muy a mi pesar tuve que quedarme en la oficina a terminar un proyecto de última hora, lo que me impidió pasar la noche en un lugar que claramente me apetecía más.

En una cama acompañado por mi recién estrenado esposo, coqueteando entre sábanas con miradas y palabras, si bien admitiría algo más tarde que la espera había valido la pena.

El rostro desfigurado por la rabia que me mostró mi progenitor a primera hora de la mañana al día siguiente, después de haber dormido solo dos horas y haberme dirigido de vuelta al despacho tras poco más que una ducha rápida y cambiarme me hizo sentir extrañamente satisfecho por dentro.

Mucho, no necesitando escucharle para saber por qué estaba allí.

Lo sabía, finalmente.

El hombre se acercó hasta mi mesa con pasos largos y furiosos nada más entrar en mi oficina a como si de un huracán se tratase, dejando caer con fuerza varios periódicos en el escritorio para que mis ojos los viesen, la imagen en la página principal diciéndolo todo sin necesidad de leer el titular.

       -    ¡Teníamos que ser los primeros! ¡Te dije que tenías que casarte! – ladró, enfadado.

Haciéndome rodar los ojos mientras tomaba uno de los diarios para ver mejor la imagen que habían impreso para la portada, leyendo apenas el titular antes de ver el del siguiente, si bien todos se parecían en contenido.

“El heredero de los Kim, cazado”, “Los Kim de boda”, “Boda secreta del sucesor de los Kim”.

Esos eran los titulares, cada cual menos original a mi parecer pero resumían bastante bien lo ocurrido, sabiendo a la perfección que no diría en ninguno de estos quién había sido su pareja.

No lo haría puesto que el mayor había ido solo a registrar nuestro matrimonio con un poder notarial a mi nombre dándole permiso para ello y apenas un testigo, que sabía que habría sido Myungsoo, puesto que eso habíamos acordado.

Así que así era cómo se habían enterado los medios del matrimonio del gran heredero de los Kim, que no del heredero de los Nam, algo que llegaría muy en breves.

Tanto que me cosquilleaba la piel con pensarlo, fijando los ojos en su lugar en una de las imágenes, donde se veía a mi esposo mirando son una sonrisa traviesa un papel en su mano en la puerta de la administración donde se entregaban los papeles para registrar un matrimonio.

Myungsoo miraba distraídamente hacia un lado, como si no quisiese saber nada de ello, algo que casi consiguió que se me escapase la risa, sabiendo bien lo que debía de pensar el pequeño Kim de lo que habíamos hecho.

Me consideraba bastante cercano al joven Myungsoo a pesar de ser de la familia Kim, si bien no tanto como me ocurría con su hermano mayor, pero la relación era muy distinta al fin yal cabo.

Ahí donde el pelinegro era como un amigo, un hermano menor, el moreno era un reflejo de mí mismo en el que no podía evitar mirarme todos los días y sentirme calmado, comprendido.

Era distinto, sin más.

Perdido estaba en esas reflexiones mientras mi padre seguía despotricando sobre todos los errores de mi existencia, concentrados ahora en el solo hecho de no haberme adelantado al matrimonio del hijo de los Kim, quien había tenido la bravuconería de casarse en secreto sin presentar batalla, como era lo correcto.

No me extrañaría mucho que hubiese llamado y todo a papá Kim para echarle en cara que eso había sido juego sucio y que no podía tolerar semejante falta de respeto y falta de deportividad o algo similar.

Sí, conociéndole seguramente eso mismo había hecho, y la respuesta no parecía haberle agradado mucho.

       -    ¡¿Entiendes?! ¡¿Cómo es posible que se haya casado y que ni siquiera su padre sepa con quién?! ¡Esto es claramente una trampa para quedar por encima de nosotros! – vociferó, justo cuando volvía a prestar algo de atención a lo que decía.

Tras años viviendo una y otra vez lo mismo había aprendido a que casi todo lo que me decía mi progenitor entrase por un oído y saliese por el otro sin llegar a procesar del todo sus palabras, especialmente cuando solo eran quejas y protestas, si bien sus palabras confirmaron mis sospechas.

Papá Kim debía de estar interrogando a su hijo en esos mismos instantes.

Y eso solo significaba, que en breves sería mi padre quien recibiría una llamada de un muy enfadado Kim acusándole de intento de expropiación de propiedades.

Iba a ser muy, muy divertido, sinceramente.

       -    Es posible, supongo – comenté con tranquilidad, sin especificar hacia qué acusación iba dirigida mi respuesta.

Podría ser a ambas, tal vez a ninguna, pero sabía que mi padre interpretaría lo que quisiese de ello, como siempre, sintiéndome relajado como nunca a pesar de estar en una situación cuando de natural me sentiría irritado y hastiado.

Me estiré y todo en mi asiento, ignorando por completo la forma en la que los ojos de mi padre me taladraron por ello como los de un asesino en serie lo harían planeando la muerte de su siguiente víctima, al parecer pareciéndole una falta de seriedad.

Pero todo le parecía poco serio de norma general, así que no me importaba ya. Hacía mucho que había dejado de hacerlo, si bien por fin podía expresarlo a mi gusto.

       -    Hay que contraatacar. Planearemos una boda íntima para este fin de semana. Tu madre se encargará de todo. Mañana conocerás a tu prometida, ya está todo hablado – señaló, esta vez sí, permitiendo que la risa saliese de mi torso.

De lo más hondo de mí finalmente, me reí como nunca en la vida lo había hecho frente a mi padre, frente a esos ojos que me miraban entre confundidos e irritados por mi reacción, sin saber qué era lo que iba a decirle en cuestión de segundos.

Sin imaginar siquiera, que por fin había algo en esta vida en lo que mi opinión y mi decisión iban a prevalecer por encima de  cualquier cosa que él pudiese decir o hacer, algo que me encantaba.

Tal vez hacía años que debería de haber hecho algo como eso, viendo qué tan liberado me sentía por dentro en esos instantes.

       -    No va a hacer falta – informé, mi tono sonando burlón hasta en mis oídos una vez conseguí dejar de reírme.

Podía ver por el rabillo del ojo a Kibum ligeramente asomado en la puerta mientras se mascaba la tragedia, blanco como el papel su rostro mientras esperaba que dijese en voz alta lo que había hecho.

La traición que había cometido hacia mi familia y todo eso, según diría mi padre en breves, ignorando a mi amigo mientras contemplaba a mi progenitor de pie frente a mí, al otro lado del escritorio.

Parecía estar tratando de imaginar qué diablos significaban mis palabras, si bien difícilmente acertaría jamás en el motivo que había detrás de estas, por lo cual me adelanté a cualquier otra cosa que pudiese añadir o preguntar, dejándole saber la verdad.

       -    No habrá boda, porque ya la hubo – puntualicé, sacando del cajón de mi escritorio una copia de los papeles que había dejado ya a buen resguardo.

No sería tan estúpido como para entregarle la copia original del registro, después de todo.

       -    ¡¿Qué?! – gritó mi progenitor antes de arrancarme los papeles de las manos.

El registro de matrimonio siendo el primero en el cual sus ojos se posaron, para luego proceder a mirar el otro.

Ese donde se establecía la compra-venta de la mitad de mis acciones en las empresas Nam a cambio de la misma cantidad de acciones de las empresas Kim.

Sí, la mitad de mis acciones ahora mismo eran de mi nuevo esposo, igual que ahora poseía la mitad de las suyas a mi nombre.

Un trato justo para ambos, un compromiso de por vida que aún si nos divorciábamos jamás cambiaría, algo que mi padre debía de saber bien, al menos a juzgar por el tono rojizo que comenzó a adquirir su rostro conforme leía y procesaba la información que esos papeles contenían.

El conglomerado Nam ya no era exclusivo de los Nam, y para tomar cualquier decisión respecto al a futura dirección del negocio, era imprescindible que tanto yo como SungGyu estuviésemos de acuerdo. Ese era el resumen.

Ese era el resultado que nuestros progenitores habían obtenido después de años presionándonos por ser el uno mejor que el otro, que ambos nos convirtiésemos en exactamente lo mismo.

En uno, la sonrisa todavía plasmada en mi rostro  cuando mi padre rompió los papeles mientras vociferaba sobre mi traición y sobre la locura que acababa de cometer a sus espaldas, habiendo esperado ya eso.

No me tomó por sorpresa entonces cuando comenzó a tirar cosas, algo que no era más que parte de algo que había vivido ya las suficientes veces como para que solo me llevase a ponerme en pie y arreglarme para marcharme, sabiendo que el quedarme tampoco solucionaría nada.

Nunca lo haría, y en esos momentos era lo mejor que podía hacer si no quería terminar  con una brecha en la cabeza, así que me limité a ponerme la chaqueta del traje y a comenzar a alejarme, algo que no le agradó en exceso al señor.

       -    ¡¿Dónde crees que vas?! ¿Cómo puedes haberle hecho esto a tu padre? – lanzó a mi espalda, su tono hinchado de veneno.

Esquivé por poco la grapadora que había sobre la mesa cuando me la lanzó a traición, la cual se estrelló con fuerza contra la puerta de mi oficina  a pocos centímetros de mi hombro, siempre habiendo agradecido la poca puntería que tenía mi padre cuando estaba en ese estado de ánimo.

Y que escogiese cosas pequeñas, con las que era más difícil todavía acertar, faltaría más.

       -    Con mi marido. Tengo cosas que arreglar con él todavía – musité, alejándome.

Cerré la puerta del despacho a tiempo de oír un cristal romperse contra ella, Kibum mirándome con el más profundo horror junto a esta cuando nuestros ojos se encontraron.

A esas alturas todavía no se había acostumbrado a los arranques de ira de mi progenitor, que no eran más que parte de mi existencia desde que tenía memoria, motivo por el cual había decidido irme de allí.

Habría que llamar a una empresa de limpieza más tarde, cuando hubiese terminado de destrozar todo lo que había en esa habitación.

Mi teléfono sonó antes de que llegase a sacarlo del bolsillo de mi chaqueta siquiera, el nombre del mayor brillando con fuerza en este. Justo a tiempo, como siempre.

       -    ¿En tu apartamento? – pregunté directamente, señalándole a Kibum la puerta de salida.

Debería de haberse ido nada más ver llegar a mi padre en lugar de haberse quedado, puesto que él pagaría las consecuencias si se lo encontraba allí para cuando terminase de romper cosas, así que esperé a que recogiese sus trastos para salir detrás de él, sin colgar en ningún momento.

       -    ¿Despacho nuevo? – se rió SungGyu al otro lado del teléfono, si bien probablemente lo mismo ocurría a su alrededor.

Me reí por lo bajo por toda respuesta, sin necesidad de darle la razón a eso.

En pocas horas tendría nuevos muebles por allí, tal vez, viendo a Kibum más tranquilo una vez las puertas del ascensor de cerraron frente a nosotros y este comenzó a bajar, aunque todavía se veía molesto.

Se le pasaría, igual que me había ocurrido a mí.

Claro que yo al menos sabía exactamente donde ír ahora, recordándole en voz baja cuando colgué que no apareciese en la oficina hasta que yo le llamase, mis piernas dirigiéndose directamente al aparcamiento para recoger mi coche.

Pasaría una temporada con el mayor parecía ser, y no negaría que me sentía excitado ante la idea de verme con él.

Con mi esposo, en adelante oficialmente.


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Buenaaas~~

Feliz navidaaaaad un poquito por adelantado hehehehee

¿Cómo va todo? ¿Qué os parece? ¿Esperábais esto? Por dior, ya me estáis diciendo que os ha sorprendido lo que habían planeado, o me tiro del balcón eeh??!?! XD

Ok no, en mi opinión era como lo evidente, incluso si lo he ido a desvelar a estas alturas de la vida... pero bueno si os ha gustado me conformo ;P

Espero que paséis por el pedido que se me hizo de un oneshot tipo epílogo para Fallen Angel que por fin he conseguido redactar, dadle luv anda, que por ahí sus cuento aventuras de estas de las mías de loca perdida que tal vez os hacen reír o sus sentís identificadas hahaha.

Y bueno por aquí os quería contar otras cositas, tal vez más entretenidas (?). La cosa es que el sábado pasado tuve la cena típica de empresa de navidad, donde gracias al cielo asistían mis dos amigas de la universidad, que trabajan en mi empresa too (creo que alguna vez dije que yo entré a la empresa por una amiga, y que yo metí a dos amigas.. bueno a una de esas la echaron porque a la chica tenían que operarla e iba a estar 1 mes y algo de baja y la empresa no le renovó el contrato para ahorrarse  dinero aish... ahora se arrepienten porque al nuevo que contrataron es retrasadito, pero en fing... el karma).

En fin volviendo al tema, que me desvío, pues a la cena me llevó el marido de una compañera del work junto con a una de mis amigas, y nos recogía mi novio a mí, mis dos amigas, y a mi compañera de empresa (viven TODOS en la misma zona, menos yo que vivo obvio a tomar por saco pero me quedaba en casa de mi mozo por comodidad).

Bueno pues la cena admito que fue MEJOR de lo que una podría esperar, hubo de todo, aunque a destacar el vino. UNA botella entera de vino acabé bebiéndome yo sola para que se me hiciese soportable la velada, y borracha pues sí, todo se pasa mejor la verdad 😂.

En mi defensa, habíamos quedado a las 9pm y aparecieron mis jefas a las 11pm ahí con todo su morro, y donde mis compis empezaron a beber a las 9 yo tuve la decencia de esperarme como a las 10.30, cuando ya el hambre comenzaba a picar y pues mejor vino que ni vino ni nah.

La culpa fue del camarero en realidad, ahí empezaron los problemas XD. El mozo, muy majo por cierto, al parecer decidió que una de mis amigas y yo le caíamos bien porque cuando pasó a repasar el pedido de los platos de la cena, viendo el panorama que todos iban ya borrachos y mi amiga y yo no, no se me ocurrió nada más que decirle al joven "hijo, la noche que te espera hoy, ánimo", y él muy simpático me contestó que "es mi trabajo guapa", y yo, que ya llevaba una copita de vino, se me ocurre reírme y decirle "eso no significa que porque sea trabajo tenga que ser bueno, mi armah".

Ahí el tío se jartó, me dio la razón y como que decidió que podíamos ser amigos. Solo eso explicaría por qué mi copa de vino estuvo llena el resto de la noche, nivel que a otros compañeros ni los miraba y a mí antes de llamarle siquiera ya me había abierto una botella nueva y todo, con guiño en el ojo incluído.

Luego, la otra teoría es que le echó el ojo a mi amiga desde el principio, captó rápido que la moza era amiga mía y dijo "a estas dos como reinas o no me puedo ligar yo a la de rojo". No, yo no era la de rojo, yo iba versión gothic lolita con circle lens de bambi grises y tal, cuz yes oye, me apetecía XD.

Then, la cena estuvo divertida porque el contraste del joven sirviéndonos a nosotras los entremeses y dejando al resto que se peleasen por la comida a compartir me parecía hilarante, en especial porque tenía delante a una nueva empleada de mi empresa, muy "quiero y no puedo" de esas que va con bolsos de 3.000$ y más pero no tiene donde caerse muerta, y la tía parecía querer matarnos a mi amiga y a mí porque está acostumbrada a que en restaurantes high class la traten como una reina y el camarero estaba ignorándola de forma muy importante.

El mozo incluso tuvo el detalle de aconpañarme a la otra mesa donde estaba mi compañera de trabajo con la que me iba más tarde, que fui nada un momento a confirmar a qué hora nos íbamos para decirle a mi novio, con una copa LIMPIA y vacía, para llenármela de vino cuando me senté. Literal me dijo el tipo "reina, te iba a dejar yo sin vino". Mira, unas risas por dios.

Así es como terminé bebiéndome 6 copas de vino, que equivalen pues a una botella entera así haciendo cuentas hahaha.

La buena noticia es que soy una borracha feliz, un poco más basta de lo habitual... tal que me faltó tiempo para decirle a mi amiga que disfrutase ella de la noche con el joven mozo que le había echado el ojo, viendo que aquí una no podía (cosas de la monogamia hijas, hay que portarse bien con alcohol en la sangre o no, no hay excusa). Y pues sí hijas sí, la cosa ha prosperado entre mi amiga y el camarero, más salao él en serio XD.

What more... ah sí, lo que le dije a mi amiga que disfrutase ella que sho no, eso en parte fue una queja así de medio peso-pluma borracha, porque pues debido a lo que me pasó hace poquito, apenas poco más de dos semanas, estaba en "cuarentena" por la doctora hasta la revisión que tengo MAÑANA ya, y pues la cosa es que yo ahí iba a dormir en casa de mi novio e iba soooolo a dormir, porque pues órdenes de la doctora (para shorar, lo sé aish... bastante tiene una con la desgracia que hasta lo bonito de la vida le quitan XD).

Gracias al cielo que tengo a un novio que ni aún borracha cedía el tío, y mira que traté de convencerle pero me metió en la cama, me envolvió cual oruga y me dijo que cuando se me pasase la borrachera íbamos a hablar de mi actitud, que así no se podía XD (en referencia a que pobre él bastante tenía que tenía que aguantarse como para andar rechazándome por mi bien hahaha pobre, lo tengo amargadito ;P).

Terminando ya con el relato, que parece que siga borracha de lo mal que lo he explicado, cofcof, lo cierto es que NO soy de beber, y no, no soy una borracha ni adicta a la bebida, ni mucho menos.

En realidad soy de las que normalmente pide siempre agua, en su defecto un zumo de piña si salgo a desayunar o a merendar, y excepcionalmente café, pero no soy de salir ni mucho menos de beber. Supongo que por eso en mi empresa no se esperaban que me tomase el vino como si fuese agua, pero no es por costumbre, sino porque en mi familia somos un poco así... de realmente poder beber MUCHO sin que nos afecte en exceso.

Es decir, obvio que a las 6 copas veía un poco borroso en los laterales, pero andaba recto, hablaba sin problemas y me acordaba y entendía todo lo que me decían, mientras que tengo compañeros de trabajo que con 3 copas iban que les faltaba poco para no recordar su nombre y no hacían más que reírse... señor menudo panorama XD.

Then eso, no soy una borracha, pero tengo mucha tolerancia alcohol aunque por mi tamaño y todo eso no lo parezca hahaha.

Ok ya, y hasta aquí con mi relato todo loco y desestructurado, no me culpen que es tarde ya, llevo días durmiendo poquito y mañana tengo revisión con la doctora a las 9 am (so me tengo que levantar a las 8am por dior...) pero bueno ya les contaré más la próxima semana he he he.

Muchísimas gracias a todas las que me dejásteis vuestras palabras de apoyo en la última actualización, como dije lo ocurrido me hizo reflexionar mucho y parte de esa reflexión me ha llevado a la decisión que tomé hace apenas una semana y que ya expliqué en el oneshot especial de Fallen Angel ;P hay más cosas, pero bueno poco a poco os iré contando hehe.

Cuídense muchiiiito y nos leemos en nada y menos!!

Luv uuu!! 

Feliz navidaaad!! ^^ 💚

 

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