27 de mayo de 2017

Dr. Plastic Doll. Cap 4



Capítulo 4. Con toda la buena intención




POV. WOOHYUN



Sunggyu, tan irresistiblemente encantador como siempre.

Si es que por encantador se podía dar a entender que era una persona con el ceño fruncido de forma permanente, eso cuando no se mostraba completamente serio y/o inexpresivo mientras me fulminaba con los ojos desde lo más profundo de su ser.

Porque decir corazón me parecía demasiado rosa y poco adecuado para la ocasión, aunque admitiría que disfrutaba enormemente cada vez que veía ese rostro.

Solo hacía que mis intenciones de molestarle creciesen todavía más. Y de verdad que sentía que lo que le hacía falta al mayor era un buen polvo.

O mejor un par, el primero para destensar el cuerpo y el segundo para relajarle de verdad y quitarle de encima tanta tirantez, mi mente divagando brevemente al respecto mientras hacía girar un bolígrafo en la mano pasillo abajo, camino a revisar a uno de mis pacientes en post-operatorio.

Solo para ver si estaba cicatrizando bien tras la operación y si no iba a quedar una gran marca, lo cual siempre era mejor que tener una grande en el rostro tras un accidente, claro que para algunos daba lo mismo grande que pequeño, seguían sintiéndose mal por ello.

En fin, así era el ser humano, les evitabas un daño mayor y aún así protestaban porque “no tendría que quedar rastro” como si fuésemos dioses o algo.

Ya querría yo, ya, rodando los ojos para mi mismo antes de poner una sonrisa en mi rostro y abrir la puerta correspondiente, donde Ailee ya estaba comprobando a la paciente con la eficiencia propia de quien llevaba mucho tiempo haciéndolo.

Si no recordaba mal había sido compañera de Sunggyu desde su período de internos así que me convenía llevarme bien con ella, aunque solo fuese para impresionar al mayor.

O para molestarle más, conociéndole.

       -    Doctor Nam – me saludó, inclinando brevemente la cabeza mientras terminaba de apuntar algo en la carpeta para tendérmela.

Todo parecía en orden según lo que estaba allí escrito, acercándome entonces a comprobar la zona de la herida en la mandíbula, los puntos en mi opinión bastante bien.

Se le había bajado ya la hinchazón de la zona lo cual ayudaba mejor a ver si la cicatriz se vería mucho o no, con cuidado moviéndole el rostro a la paciente para ver mejor toda la zona.

Quince puntos no eran tantos según cómo, los había visto peores.

       -    Bueno, si tenemos suerte apenas se verá una pequeña y fina línea blanca, como si se hubiese cortado con un papel, así que a menos que alguien se fije mucho pasará desapercibido – le aseguré a la joven, convencido.

Convencido de que aún si se veía más que eso la cantidad de maquillaje que se pondría lo ocultaría a la perfección de todas formas, por la manera en la que me observó sabiendo que así sería pero decidí no perder la sonrisa.

Yo hacía mi trabajo lo mejor que podía, a partir de ahí que cada uno después hiciese con su vida lo que le pareciese mejor, despidiéndome de la joven para seguir con mis paseos por la planta, Ailee saliendo a mi lado.

       -    Me ha preguntado cuando podrá empezar a maquillarse – suspiró, viendo que rodaba los ojos brevemente ante el comentario.

No me sorprendió en lo más mínimo, y así se lo dije a la enfermera mientras seguíamos nuestro camino en dirección a la siguiente habitación asignada, sin prisa pero sin pausa.

Creí ver por el rabillo del ojo a Sunggyu entrar en una habitación cercana justo cuando yo iba a entrar a la del siguiente paciente, sin poder evitar detenerme un segundo por si había acertado, algo que hizo que Ailee me mirase con una ceja enarcada, la carpeta del paciente en mano tras sacarla del archivero que había a los pies de la cama.

Debía de saber qué estaba mirando, o más bien a quién, puesto que al final negó con la cabeza y juraría que la vi sonreír disimuladamente mientras me tendía la carpeta, mis labios curvándose en una sonrisa también, solo que una más bien profesional cuando me giré al hombre de la camilla.

El día pues se sucedió un poco así, sin quererlo teniendo que buscarme otra vezuna excusa para verme con Sunggyu, algo que parecía ser de lo más difícil desde que estaba como personal fijo en los mismos turnos que él.

Me evitaba como si tuviese algún tipo de enfermedad venérea que pudiese pegarle, algo que podía demostrar que no tenía con cualquier tipo de prueba médica que se me exigiese, por supuesto, pero ni con esas iba a conseguir verle de cerca a menos que fuese a buscarle en persona.

Y eso sería demasiado evidente, aunque como norma general me importaba más bien poco que se notase mi interés en él.

De hecho Sunggyu parecía ser el único que no lo había notado, o si lo hacía lo más probable era que lo ignorase pero tiempo al tiempo, tenía la paciencia de un santo para ese tipo de cosas.

Detuve a raíz de eso a Sungyeol mientras caminaba en dirección a otra de mis consultas, el alto habiendo estado revoloteándole a Myungsoo mientras caminaban en dirección opuesta a la mía, probablemente a la sala de enfermeras a por un café.

Me había fijado que el pelinegro era un tanto adicto a ello, no sabía si de natural o por el estrés que debía de causarle tener a los dos enfermeros jóvenes paseándose a su alrededor todo el tiempo.

Personalmente me gustaba, eran todo un espectáculo cuando los tres se juntaban.

       -    Ey Sungyeol, ¿podrías decirle a Sunggyu que visite al paciente de la 229? Voy algo tarde con la ronda – me excusé, sonriente.

Lo suficiente como para que el alto se riese, entendiendo perfectamente lo que quería sin necesidad de ponerlo en palabras, ante lo cual robó un beso a Myungsoo y salió correteando por el pasillo como un adolescente descontrolado, el pelinegro negando con la cabeza tras haber suspirado con derrota mientras tanto.

No parecía disgustado por ese gesto afectuoso, desde luego.

       -    Sunggyu podría acabar contigo un día de estos si sigues así – musitó de repente, enarcando una ceja con cierto reproche.

Pero no el suficiente como para que me sentase mal, guiñándole un ojo mientras iba con toda la tranquilidad del mundo a otra habitación, sabiendo que tampoco era para tanto.

Casi esperaba con deleite que el mayor apareciese mientras estaba charlando con la enfermera Kang en el mostrador principal no mucho más tarde, habiéndome detenido un poco a propósito allí solo porque sabía que Sunggyu tendría que pasar por esa zona tarde o temprano.

Más bien temprano, por supuesto, mis ojos probablemente chispeantes cuando le escuché acercarse. O más bien cuando intuí quién se acercaba por la forma en la que la enfermera frente a mí de repente se había puesto ligeramente pálida, algo que me causó gracia.

No entendería jamás por qué el doctor Kim causaba tanto respeto entre los empleados, lo suficiente como para asustarles cuando sabían que estaban haciendo algo no del todo correcto según la definición de Sunggyu sobre cada puesto de trabajo, había que señalar eso faltaría más.

Sinceramente, a mí me resultaba adorable. Sunggyu no era más que un pequeño chihuahua que ladraba más de lo que mordía; de los que resultaban casi divertidos y tiernos más que causar miedo, pero parecía ser el único por allí que lo pensaba.

Que ya me venía bien, bastante difícil era el mayor ya como para encima tener que sacudirme de encima a la posible competencia, así que casi podría dar gracias por la ventaja que la actitud rígida que el mayor ofrecía a cualquiera, siendo incapaz de borrar ese pensamiento de mí cuando me giré hacia Sunggyu con una gran sonrisa plasmada en el rostro.

La más encantadora que tenía, y toda para él faltaría más, aunque tal y como esperaba no cayó rendido a mis pies como tantas otras personas lo hacían, sino que me fulminó más con la mirada, irritado.

Era sexy verlo así, no iba a negarlo, no dejaba de imaginarme cómo se verían esos pequeños ojos mirándome de la misma forma intensa y atenta a cada uno de mis movimientos, solo que en otro contexto.

Uno con mucho menos ropa puesta.

Y con mucha menos gente alrededor también. O si él lo prefería con espectadores, admitiría que tenía la mente bastante abierta en cuanto a eso se refería, aprovechando la ocasión para acercarme un poco a él.

Me gustaba su olor, y no estaba de más darle una probadita cuando tenía la ocasión por fin ahora que el conejo había salido finalmente de su guarida, aunque no era como si no irrumpiese en ella.

Ya tenía planes de ir hacia allí más tarde si no conseguía verle por los pasillos hoy, ignorando a todo lo que tenía alrededor para centrarme solo en él.

En ese olor que mezclaba la ropa limpia del hospital con los productos químicos y luego, muy sutilmente, su propio y ligero olor corporal.

Una pena que todavía no hubiese podido atraparle en las duchas para que solo quedase eso último acariciando mi nariz, escaneándole sin reparos mientras él seguía mirándome molesto.

Me gustó que me dijese que me vigilaba, incluso si sabía bien que no lo decía con segundas precisamente pero no me importaba, todo llegaría, sin prisa.

Después de ese muy breve encuentro, breve para mi gusto por supuesto, terminé con el par de pacientes que tenía que mirar antes de ir un rato a mi propia oficina para arreglar algo del papeleo pendiente.

Era la parte menos divertida del trabajo pero una que tenía que hacer como cualquier otro, aunque Sungjong llegó a los diez minutos con una pequeña bandeja con galletas y café con leche, lo cual dejó sobre mi mesa antes de sentarse en ella.

Como si fuese el dueño del lugar y no un enfermero en prácticas, aunque admitiría que me recordaba demasiado a mí como para enfadarme con él, siempre tan coqueto y descarado.

Entendía que Sunggyu le pusiese mala cara también al verle, e incluso podría hasta decir que al pequeño le encantaba hacerle rabiar tanto como a mí, solo que por motivos muy distintos.

       -    ¿Qué fue eso con Gyu Gyu? – cuestionó, burlón.

Maliciosamente burlón más bien, robando una galleta del plato que se suponía que me había traído para que comiese, aunque era una excusa barata y los dos lo sabíamos.

Era un cotilla, y uno infernal además.

       -    Nada… todavía – contesté, enarcando una ceja mientras me hacía con el café.

Ligero y con más leche que otra cosa, puesto que nunca me habían gustado las bebidas demasiado fuertes, igual que el té me parecía demasiado suave así que esa mezcla era perfecta para mí, viendo a Sungjong trabajar con esas dos palabras en su ocupada mente antes de asentir y sonreír, de nuevo con malicia.

Me alegraba de que su interés estuviese en otra parte, no me gustaría tener que competir contra alguien tan como yo, ni siquiera sabiendo que en dicho caso tendría todas las de ganar, pero evitaba muchos problemas no tener al pequeño polluelo revoloteando alrededor.

       -    ¿Crees que Sunggyu sepa siquiera que le gustas de esa forma hyung? Bien podría ser asexual por todo lo que sé – tarareó, el brillo diabólico en sus ojos haciéndome reír.

Casi lo sentía por el pobre Myungsoo y todo por haber llamado la atención de Sungjong, quien de nuevo robó otro par de galletas sin perder la sonrisa, fingiendo ser de repente un ángel inocente al morder la primera.

Sería en sueños, porque en la vida real tenía de inocente lo que yo de santo.

       -    ¿Sabe Myungsoo qué clase de pequeña y maliciosa víbora le está acosando? – rebatí, subiendo las cejas con burla.

El pequeño se rió por lo bajo entonces, bajándose del escritorio tras tomar más galletas para encaminarse a la puerta, ni siquiera mínimamente ofendido por mis palabras.

Uno difícilmente se ofendía por la verdad, ¿no?

       -    No compares hyung. Yo no pretendo involucrarme con el palo de una escoba al menos – finalizó, guiñándome un ojo antes de escabullirse por la puerta.

Dejándome en la oficina con una sonrisa en los labios, sintiéndome algo divertido y todo por sus palabras.

Sabía bien que muchos pensaban que no tenía nada que hacer con Sunggyu en ese plano, pero yo pensaba algo muy diferente.

No creía que el alto no estuviese interesado en algo tan mundano como el placer físico. Solo estaba demasiado distraído como para recordar sus beneficioso y sí, a mí no me engañaba nadie, el chihuahua ladrador no podía ser una estrella de mar en la cama con ese carácter.

Todo lo contrario, sería explosivo.

Y yo iba a estar allí para averiguarlo, aunque no tenía demasiado claro en qué momento había decidido que quería algo así.

El suficiente como para que no me acordase, aunque sentía que al principio no había sido así en lo más mínimo, pensamiento que me hizo sonreír mientras aprovechaba para probar una de las galletas, permitiéndome ese rato para ello.

Al principio había intentado romper el hielo con el serio doctor, esperando que solo fuese así de callado cuando no conocía a la otra persona, solo para darme cuenta de que no era así del todo.

Sunggyu era simplemente serio y estirado para todo aquel al que considerase poco serio respecto a la profesión, la vida y en general cualquier cosa que él decidiese que debía de tomarse más seriamente y yo no entraba en esa categoría de seriedad al parecer.

Mis tentativas de intentar romper el hielo y verle más cómodo a mi alrededor habían terminado derivando en cierto interés, por no decir obsesión, en conseguir algo más de él, cualquier reacción.

Y ahí estaba largos meses más tarde, disfrutando de ser el único que conseguía ponerle de mal humor lo suficiente como para expresar abiertamente su disgusto, pero había algo más.

Había empezado a querer también ver otras partes de él, algo igualmente expresivo, solo que en otro contexto.

¿Cuándo había empezado a pensar realmente que quería esos ojos devorándome como yo lo hacía con su cuerpo usando los míos?

A saber, solo recordaba que un día me había quedado mirando ese trasero mientras le veía inclinado sobre un paciente entre las puertas medio abiertas de una de las habitaciones y había pensado que lo tenía muy bien puesto, tanto como esos muslos que lo sostenían bien en alto.

Y de ahí la cosa había degenerado al punto en el que estaba ahora, aunque no diría que me arrepentía.

Había hecho que mis visitas al hospital fuesen mucho más interesantes y que las esperase con más ganas, teniendo que obligarme a salir de esa clase de pensamientos para continuar con el papeleo antes de poder irme a comer.

Una pena que no fuese a ser con Sunggyu, pero la compañía de Myungsoo no era mala tampoco, e incluso Dongwoo se nos unió en la cafetería algo más tarde, solo

Todo un logro verle sin Howon a mi parecer, algo que justificó diciendo que tenía que terminar los informes que le habían quedado pendientes y que no había podido ir a comer con él y Sunggyu.

Eso llamó mi atención, pero decidí dejarlo pasar hasta más adelante.

Y por más adelante me refería a la visita que iba a hacerle al otro doctor en cuanto tuviese un rato por la tarde, algo que esperé durante interminables horas hasta que pude por fin dirigirme a la oficina contraria.

Sungjong me había propuesto ir al karaoke y no pensaba desperdiciar la oportunidad de tratar de convencer a Sunggyu para que viniese, incluso si todos habían apostado en mi contra al respecto.

No era estúpido, sabía bien que había una porra entre los doctores y enfermeras de la plantilla, por no decir algunos de otras también, respecto a cuanto tardaría Sunggyu en abrirme la cabeza para que dejase de acosarle, a menos que me cansase antes.

La mitad decían que me cansaría antes de llegar a ese punto, mientras que la otra defendía que lo haría cuando el mayor atentase contra mi vida.

En fin, apuestas, iba a conseguir que todos perdiesen de todas formas, sin sorprenderme mucho cuando al abrir la puerta del mayor me encontré a Myungsoo allí sentado.

Comiendo, aunque no hacía tanto desde que habíamos compartido la comida.

       -    Kim, ¿listo para demostrarme que puedes bailar mejor que el palo de una escoba? – inicié la conversación, directo al grano.

O más bien directo a pincharle el orgullo, escuchando al pelinegro tratar de contener la risa por ello. Era el único que le hablaba así a Sunggyu y que seguía con vida para contarlo después de todo.

Sus ojos me fulminaron con la mirada antes de dignarse a hablarme, su tono gélido y claramente molesto, pero no era nada nuevo.

Todavía tenía pendiente escucharle dirigirse a mí sin que pareciese que iba a golpearme con algo.

       -    Lárgate Nam. Lo más lejos que iría contigo es a la puerta de salida. O a la azotea para empujarte en ella – soltó, señalándome la puerta por donde había venido.

La que usaría para salir cuando me saliese con la mía, faltaría más, yendo a acomodarme frente a él solo por el placer de ver cómo comenzaba a ponerse rojo de la rabia.

Me llevaba a imaginarme cómo sería ese color cuando no fuese la rabia la que lo provocase, sintiendo que mi sonrisa se ensanchaba más y todo al imaginármelo, ignorando su segunda advertencia al tiempo que Myungsoo decidía dejarnos a solas.

Bien visto el joven, mirando entonces al mayor con intensidad y diversión. Me gustaba el brillo en sus ojos, aún si era por enfado.

        -    Alguien tiene que enseñarte a ser menos tieso. ¡Gracias deberías de darme por ofrecerme a ello hyung! – le recordé.

Solo porque esperaba algo más, cualquier gesto.

Y lo obtuve, la distracción lo suficientemente buena como para que pudiese acercarme a él para evitar que fuese a golpearme con alguna carpeta, incluso si el escritorio estaba en medio de ambos en ese momento, sintiéndome decepcionado cuando Dongwoo nos interrumpió en la mejor parte.

Porque tenía la impresión de que el mayor se rompería en algún punto, que me dejaría ver algo de más, algo que pudiese utilizar para acercarme todavía más de él, pero tendría que esperar.

Lo lamenté, no lo negaría, pero tampoco iba a dejar de lado el trabajo por eso, no si quería que Sunggyu me viese con otros ojos, así que tras asegurarle que seguiríamos con eso más tarde le seguí camino al quirófano para la operación.

Y sí, de hecho tenía algo para él después, algo que pensaba entregarle ese día si le convencía de ir al karaoke, o tras un rato si es que no lo conseguía, sonriendo al pensar en ello mientras me vestía con la ropa reglamentaria para entrar en la sala.

El mayor no me miró ni siquiera una vez mientras se ponía encima de la ropa lo necesario y se desinfectaba con cuidado, la sala terminada de preparar para cuando entramos los dos.

Cualquier rastro de cansancio o enfado previo quedó relegado en el rostro de Sunggyu mientras examinaba los utensilios para la operación, Sungjong un poco lejos de la camilla para tomar notas de lo necesario.

Sungyeol iba a encargarse de asistir en la operación así como la enfermera Oh Na Mi, a quien ya conocía de alguna que otra conversación.

Sinceramente ese tipo de operaciones eran las más sencillas en mi opinión, tal vez porque no requerían quien se llevase a cabo en un tiempo límite como cuando la operación era de corazón o similares.

Que no había participado en ninguna de ese estilo todavía, ni tampoco tenía ganas, pero tenía constancia de ello por lo que había estudiado de forma general antes de mi especialización final.

Me encargué de cortar y coser la piel al ser mi especialidad para que no quedasen marcas mientras Sunggyu era quien señalaba la zona inicial y realizaba el resto, la operación en total no llevando más de hora y media, y solo porque dentro de las prisas tampoco hacía falta correr.

Uno tenía que estar pendiente de que las señales vitales del paciente se mantuviesen y todo eso, algo que me resultó agotador en cierta forma, pero juraría que era por el ambiente en general.

Las salas esterilizadas me resultaban frías y tristes.

Muy como Sunggyu, quien parecía sentirse como pez en el agua en esas circunstancias, llevando a preguntarme si sería porque se sentía cómodo en esa clase de ambientes que había escogido esa especialización.

No creía que pudiese preguntarlo, no me contestaría en el mejor de los casos, pero hice una nota mental al respecto para tratar de averiguarlo más adelante.

Al final, con la operación de última hora, el papeleo y las instrucciones que hubo que pasar al siguiente cirujano de guardia para el turno de noche se canceló la salida al karaoke para el grupo, algo que frustró a Sungjong cuando salíamos del hospital.

Vivíamos algo cerca, pero no tanto como para ir en la misma dirección todo el camino, suspirando cuando pensé en que al final no había podido robar un rato más con Sunggyu.

El mayor se había encerrado en la oficina a terminar unas cosas tan pronto había terminado la operación y había rellenado el informe, tendiéndomelo de mala gana para que lo revisase y añadiese algo si es que faltaba, pero como esperaba de él, no lo había hecho.

No parecía que fuese a marcharse pronto tampoco, así como no me sorprendió en lo más mínimo que no le viese demasiado durante el siguiente día, algo que me frustró lo suyo.

Vale, me frustró mucho.

Uno de los motivos por los que iba a trabajar después de todo era con la esperanza de verle, eso había quedado claro ya, rumiando al respecto de nuevo camino a mi despacho.

Donde no pude evitar abrir uno de los cajones del escritorio, donde tenía una pequeña caja envuelta de color azul suave.

Sonreí sin poder evitarlo, recordándome a mí mismo que siempre podía hacer trampa e ir a buscar a Sunggyu para entregarle aquello, con la excusa de que era un regalo para que se relajase por la tensión de los últimos días.

O para disculparme por mi actitud, pero no me sentía demasiado arrepentido por ello precisamente aunque tal vez sería suficiente para que él lo aceptase y lo abriese.

Solo imaginar su rostro al ver lo que había dentro era suficiente para sacarme una sonrisa de lo más ladina, cerrando el cajón con lentitud cuando escuché que llamaban a la puerta, el rostro de Ailee apareciendo en la obertura segundos más tarde.

       -    Hora de las revisiones – me recordó, haciéndome asentir.

Se lo daría antes de marcharnos ese día, probablemente, tomando del escritorio las dos carpetas cuyos datos había introducido en el archivo online esa mañana para ir a hacer las rondas de todos los días.

Nada nuevo desde luego, me sorprendería si en realidad conseguía encontrar algo interesante durante mis paseos pero interactuar con los pacientes no era tan malo tampoco.

Era mucho mejor que hacerlo con las de la clínica privada, las jovencitas polioperadas que nunca estaban contentas con los resultados.

Siempre esperaban más, por supuesto, mientras que aquí al menos algunos agradecían tu esfuerzo por haberles salvado la vida, o porque la cicatriz en la pierna no les resultase tirante ni muy grande.

Había de todo, deteniéndome a media mañana para atender una llamada de la cual me avisó Sungjong, el jovencito camino a un despacho que conocía bastante bien si es que seguía por ese camino.

Movió las caderas de forma exagerada cuando se giró a guiñarme un ojo, solo confirmándome hacia donde iba mientras me dirigía hacia la sala de las enfermeras donde estaba el teléfono general.

Habían contestado desde allí dado que el de mi despacho estaba desviado cuando estaba fuera por algún motivo, el número apuntado al lado de mi nombre en la libreta junto al teléfono haciéndome suspirar.

Mi madre.

No me sorprendía demasiado, llevaba días sin hablar con ella, así que tras tachar el número correspondiente me dirigía a la oficina para hacer la llamada en privado.

Ya había marcado para cuando entré en la sala, cerrando la puerta a mi espalda mientras esperaba que los tonos comenzasen a sonar. Mi madre tardó apenas tres pitidos en contestarme, su voz extrañamente aliviada cuando la saludé.

Sabía por qué me llamaba. Y tal vez por eso, no me gustaba, muy a mi pesar.

       -    ¿Vendrás el fin de semana a casa? – preguntó, nerviosa a mi parecer.

Esperanzada según se mirase, admitiendo para mí mismo que odiaba aquello. Que utilizase eso en mi contra sabiendo que no era algo que me apeteciese, pero al mismo tiempo sabía también que no podía evitarlo.

Era un día importante para ella.

Era un día infernal para mí.

       -   Lo intentaré, no sé si alguien puede sustituirme todavía – murmuré, mirando hacia la ventana.

No me fijé realmente en lo que se veía a través, mi mente estaba bastante lejos de ese lugar, pero horriblemente cerca al mismo tiempo, escuchando apenas el suspiro de mi madre cuando me pidió de nuevo que no faltase.

No prometí nada antes de colgar puesto que no quería decirle que en realidad ni siquiera pensaba en pedir fiesta.

Ella no tendría por qué saberlo y a mí se me quitaría un peso de encima, sacudiéndome de encima la horrible sensación que se me extendía por todo el cuerpo cuando ocurrían estas cosas.

Mi madre debería de haberlo superado a esas alturas ya. Y debería dejar que yo lo hiciese también, volviendo a apagar el teléfono para que no me distrajese antes de reanudar las rondas.

Iba a hablar con Sunggyu en un rato, necesitaba esa distracción.

Y seguro que él agradecería que le distrajese de lo suyo también, sonriendo al pensar en ello, si bien algo surgió al terminar con las revisiones.

La enfermera Oh me saludó mientras parecía ir camino a la sala de enfermeras a por un té, deteniéndome sin poder evitarlo para conversar unos minutos con ella.

Era encantadora, bajita pero bien formada y con una sonrisa bonita y agradable, así como el sonrojo que cubría sus mejillas cuando bromeaba con ella me hacía pensar irremediablemente en que eso era justamente lo que quería de Sunggyu.

Ese tipo de expresión encantada conmigo, o si no conmigo al menos con algo que hubiese dicho, inclinándome tal vez de más en dirección a la enfermera Oh mientras hablábamos.

Justo cuando el mayor pasaba por allí, al parecer siempre con ese sexto sentido que le avisaba cuando no estaba comportándome como un doctor decente, de lo que me acusaba mucho, lo que me hizo sonreír y señalarle a la joven que podía marcharse.

Y decía joven porque aún siendo mayor que yo se veía muy bien, en lugar de perseguir directamente a Sunggyu optando por ir hasta mi despacho a por su regalo.

Uno para hacer las paces desde mi punto de vista, uno que había escogido con el mayor de los cuidados y la más traviesa intención, momento en el que un agradable cosquilleo me invadió de repente al imaginar de nuevo su posibles reacciones, indeciso sobre cuál era la que más deseaba obtener.

Era demasiado pedirlas todas, desde luego, y dudaba que él fuese a seguirme el juego y permitirme repetir la escena todas las veces que fuesen necesarias para obtener siempre una reacción distinta, previamente hablado claro.

Me tiraría un jarrón a la cabeza, o algo más pesado si es que podía levantarlo, así que era mejor no exagerar.

Que fuese lo que fuese, eso me dije al final, entrando por la puerta de la oficina del mayor como si fuese la propia, algo que casi sentía así.

Tal vez porque había decidido que Sunggyu sería mío tarde o temprano, así que me sentía en ese lugar como si también me perteneciese, opinión que el mayor claramente no compartía a juzgar por cómo sus ojos parecían querer indicarme todas las formas en las cuales me haría desaparecer en ese instante.

Ni siquiera se levantó de su asiento cuando cerré la puerta a mi espalda, muy a mi pesar incapaz de perder la sonrisa.

¿No era encantador? Bueno, encantador no… salvaje.

Eso me venía a la mente cuando le veía así, no podía evitarlo, tendiéndole la caja antes siquiera de que pudiese hablar sin saber bien por qué diablos me estaba sintiendo nervioso.

Expectante sería la palabra en realidad.

       -    Es para hacer las paces – le ofrecí, dejándole el paquete en la mesa.

Sus ojos se movieron con desconfianza hacia este antes de volver a mí, estrechándolos más si es que parecía posible, desconfiado a más no poder.

Todavía no me había echado de allí y podría decir que era hasta un logro, de momento claro.

       -    Llévatelo. A saber lo que habrá ahí dentro – refunfuñó, apartando la caja en mi dirección.

Sin intención aparente de abrirla pero no estaba entre mis opciones el aceptar el rechazo así que volví a empujarla hacia él, sonriendo todo lo que pude debido a la sensación que todavía me recorría.

Su reacción iba a ser genial, lo sabía.

       -    Es para cuando estés estresado – le aseguré, presionando un poco más.

Viéndole de nuevo apartar la mirada para estudiar la caja, si bien la desconfianza no terminó de abandonar sus ojos ni siquiera cuando pareció sospesar lo que podría haber dentro.

Nos e lo esperaría.

O tal vez me conocía lo suficiente como para sospecharlo, volviendo a empujarla un poco más hasta que estuvo a punto de caerse, el sonido que hizo lo que había en su interior probablemente terminando por provocarle cierta curiosidad, puesto que lo tomó con las manos para evitar que terminase en el suelo.

Y me miró, apenas unos segundos, antes de poner el paquete encima de la mesa frente a él y fruncir el ceño, a punto de abrirlo.

Señal para irme, supuse, si bien él no pareció darse cuenta mientras caminaba muy lentamente hacia la puerta, sonrisa en los labios todavía.

       -    Espero que esto no sea una de tus bromas Nam – murmuró, el embalaje ya quitado.

Cerré la puerta justo a tiempo de escucharle gritar mi nombre, seguido de una maldición acompañada del sonido que hizo algo al caer al suelo lo cual me hizo reír sin que pudiese evitarlo.

Howon enarcó una ceja al pasar por su lado bajando por el pasillo, probablemente habiendo escuchado el sonido a juzgar por cómo negó con la cabeza.

       -    Haces que le suba la tensión a niveles impresionantes en pocos segundos – suspiró, aunque no parecía molesto.

Casi parecía divertido, llevando a encogerme un poco de  hombros a modo de disculpa, habiéndole dicho ya en otra ocasión que no era algo que pudiese evitar realmente.

Sunggyu me llevaba a hacerle ese tipo de bromas aún si no parecía estar buscándolo, asegurándole a Howon que esta vez no había sido para tanto tampoco aunque no estaba dispuesto a explicarle más.

Y él tampoco preguntó, pasando de largo la oficina de Sunggyu justo cuando se oía el sonido de algo estrellándose contra el suelo de nuevo, y una maldición si es que lo reconocí bien, lo cual me hizo estallar en risas.

Supe por la mirada que me lanzó el mayor cuando nos cruzamos a media tarde en la recepción principal, poco antes de recoger par marcharnos, que no le había hecho ni la menor gracia mi regalo, sin poder evitarlo levantando uno de mis dedos con diversión antes de doblarlo un poco.

Juraría que le vi ponerse rojo antes de marcharse en la dirección opuesta tras dejar una carpeta sobre el mostrador, sonriendo sin poder evitarlo al pensar en ello.

Sungjong me miró con curiosidad cuando me acerqué, el joven sentado en el mostrador con la enfermera Kang para aprender a utilizar el sistema por si algún día tenía que quedarse solo allí, evidentemente queriendo preguntar de qué se trataba.

No dije nada, me limité a guiñarle un ojo antes de dejar también unos informes para que la enfermera Kang preparase los presupuestos necesarios antes de marcharme a mi propia oficina, sin poder olvidar la cara de Sunggyu.

Una que me dedicó el siguiente par de días, cada vez que nos cruzábamos en cualquier parte, sin ocultar esta vez su disgusto cuando le hacía el mismo gesto, riéndome sin poder evitarlo.

Parecía que quería matarme.

Y yo solo quería preguntarle si lo había tirado o pensaba utilizarlo, así como si habría leído la nota que venía con el presente.

“Espero que sea de tu tamaño deseado” había escrito.

Aunque por su reacción, debía de haberme equivocado de largo.

¿O sería de ancho?


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Buenas~~

Mmmm por algún motivo sentí que debo de darle un enfoque distinto a los povs de Nam... Pero bueno me pasa siempre así que dentro de lo qeu cabe no me quedó tan mal hahaha.

¿Cómo estuvo? I know se repite un poco el principio, pero si no recuerdo mal creo que solo pasa en esta ocasión, era para acabar un poco de introducir la diferencia de cómo piensan ambos en la misma situación ;P.

¿Alguna se atreve a adivinar qué le regaló Nam a Gyu? XD La primera que adivine le regalo un oneshot de la OTP y temática que quiera (osea de cara a la siguiente actualización diré quién acertó y pues me contactáis por acá mismo con lo que queréis y lo escribo ;P).

Qué más... oooh sí, esta semana terminé por fin las clases presenciales del master, y bueno me falta entregar tres trabajos, uno que espero terminar este fin de semana sobre la seguridad humana en África, luego el trabajo de fin de master que quiero revisar para darle unos pocos toques y a ver si así el tutor me dice que pues perfecto, y ya luego un trabajo en grupo que ugh... en fin, cero interés en ello pero pues ni modo hay que hacerlo XD.

Por lo demás ocupada con las prácticas, las tareas de la casa y blablablabla, eso lo de siempre.

¿Cómo estáis vosotras? Espero que bien~~.

Para terminar con mis recomendaciones sobre música clásica que decía en los otros fics, aquí os dejo un vídeo largo de una hora COFCOF sobre waltzs de todos los tiempos diversos, que a mí me gusta mucho, así como la segunda parte ;P.

De hecho pensaba el otro día escuchándolo, que aunque no me quiero casar, lo cierto es que lo haría SI a cambio la boda pudiese estar ambientada como un salón de la antigua Viena donde se bailasen este tipo de canciones no sé... Llamadme rara, pero de tanto leer novelas románticas de época a una le apetece vivir ese tipo de ambiente ni que sea una vez XD.

Me sirve incluso si al final del día el novio decide no casarse, a mí lo que me importa es el evento en sí aww... sería tan maravilloso volar por un majestuoso salón en brazos de un hombre que sepa cómo dirigir un buen vals *^*.

Vale, lo dejo ya, que me emociono sola XD (y por cosas como estas NO debo de pensar mucho, mi metne discurre muy rápido y enseguida armo películas yo solita de todo y nada).

En fin bonitas, me voy ya a dormir~~.

Nos leemos prontito, cuidáos mucho! ^^
 

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