29 de noviembre de 2013

Reconquistando a mi Hyung. Cap 10 Final


Capítulo 10. Forever Mine  


POV. SUNGGYU

Realmente no esperaba aquello después de esas semanas tan… inocentes con el menor.

No, claramente no esperaba terminar despertando esposado a una cama, con WooHyun mirándome como si fuese el próximo dulce que iba a devorar.

Pensé que sería una cena romántica, pero, después de todo, no negaría que había estado esperando por algo como aquello desde hacía tiempo.

Me sorprendí cuando desperté, habiéndome sentido algo adormecido desde el comienzo de la cena, simplemente notando como mi torso estaba algo más frío que el resto del cuerpo, sobresaltándome cuando mis manos no se movían hacia donde yo quería, como si algo las retuviese.

Podría incluso haber pensado que era un secuestro si no hubiese visto el cuerpo del menor ante el mío, acomodado en la cama, sonriendo de una forma que me helaba los huesos, solo para luego fundirlos por completo.

Me estremecí cuando su mano comenzó a acariciar mi vientre lentamente, intentando deshacerme de él, impedido por aquellas esposas que me tenían encadenado al cabezal de la cama, completamente a merced del moreno, que no apartaba sus ojos de mí.

       -    ¿WooHyun-ah? Qué… ¿qué es esto? – pregunté, sentía la garganta ligeramente seca y la lengua un poco pesada.

Volvió a sonreír, de esa forma que pretendía decir que todo estaría bien, que confiase en él… porque había planeado algo a lo que tendría que haberme negado de plano, su mano distrayéndome al estar acariciando mi cuerpo de esa manera tan tentadora.

       -    ¿El qué hyung? ¿No te gusta mi sorpresa? – preguntó, burlón, sus labios rozando la zona sensible sobre mi ombligo.

No pude evitar encogerme un poquito, pensando en huir, mientras una parte de mí me invitaba a quedarme, relajarme, y ver qué sucedía.

Ahogué un pequeño gemido cuando pellizcó de mala forma mi pezón derecho, riendo ante aquello, sabiendo que era demasiado sensible ante su toque.

       -    WooHyun esto no… dios… tu no… - intenté preguntar, saber por qué hacía aquello.

Sin embargo, sus labios me lo impidieron antes siquiera de poder finalizar la primera oración, su lengua lamiendo descaradamente mi labio inferior, utilizando sus dientes para distraerle, lamiendo el lóbulo de mi oreja en un descuido demasiado agradable.

Mentiría si dijese que no quería aquello. Puede que sin unas esposas, pero lo quería igual.

Sus labios dominaron los míos sin dejarme hablar, su lengua entrelazándose con la mía juguetonamente, reticente al principio, sucumbiendo ante su persistencia, saboreando cada centímetro de él, habiéndolo echado de menos.

Debía de ser un enfermo por estar disfrutando de aquello, pero me era imposible no dejarme llevar por esa lengua que obligaba a la mía a seguirle, que no me daba tregua a pensar siquiera cómo debía seguir respirando.

Me molesté cuando se separó bruscamente de mí, pellizcando mi otro botón, mordiendo mi labio inferior, decidido a no gemir esa vez.

       -     Hyung, ahora soy yo el que debe castigar tu indiferencia y abandono – susurró, obligándome a soltar mi labio inferior.

Suspiré un poco, mi cuerpo tenso ante la expectación, pero relajándose con rapidez bajo su cuerpo, permitiéndome sentir su lengua rodeando mi pezón algo maltratado hacía más bien poco, mirándole luego fijamente.

Quería aquello, y él lo sabía, casi mejor que yo.

Me hubiese gustado resistirme más, pero era imposible que pensase en algo más que su lengua recorriendo todo mi torso de forma juguetona, acercándose primero hasta mis botones para luego alejarse, descendiendo hasta mi ombligo sin llegar a rozarlo, solo para volver a ascender, enloqueciéndome.

Quería sujetarle el cabello y marcarle el camino que debía seguir, sin embargo, sabía que lo hacía para molestarme, de repente sus labios nuevamente sobre los míos mientras eran sus manos las que magreaban mi cuerpo a su antojo, moldeándolo como le apetecía.

Mordí su labio inferior como venganza por aquello, jadeando de una forma descarada cuando atrapó mi lengua, succionándola un poco, solo para introducir la suya en mi cavidad, sin darme tiempo a corresponderle, haciendo por su cuenta.

Me enloquecía un poco no poder hacer nada, saber que tenía él el control por completo, a la vez que me estaba encantando.

Sumisión. Siempre había sabido quién llevaba los pantalones en esa relación, pero visto de esta nueva forma, la idea era excitante a más no poder.

Tiré inconscientemente de las cadenas cuando quise sujetarle cerca de mí, impedir que sus labios se alejasen de los míos, ganándome un pequeño mordisco en la mandíbula y otra de esas sonrisas lascivas que harían que me corriese con solo observarla un par de minutos.

       -    Si te soltase lo disfrutarías demasiado hyung, y no sería un castigo, ¿verdad? – ronroneó, acariciando con la punta de los dedos una de mis protuberancias.

Me arqueé un poco, buscando algo más de contacto.

Tanto tiempo de sequía me había afectado más de lo esperado, parecía que mis pulmones no encontraban el suficiente aire como para llenarse.

Detuvo todo movimiento, arqueando una ceja, sosteniendo mi barbilla para que le mirase, acariciando mi labio inferior con su pulgar, tentándome.

       -    Verdad – musité, sabiendo que esperaba una respuesta a lo anterior.

Asintió, orgulloso de sí mismo, estremeciendo mi cuerpo cuando se inclinó para mordisquear mi botón izquierdo, mojándolo con su lengua cuando le apetecía, el otro apenas rozándolo con los dedos.

Cerré los ojos, concentrándome por completo en el tacto electrizante de sus dedos sobre mi piel, de su lengua, de sus dientes, incluso del suave roce de su aliento sobre ella, extendiéndose por todo mi cuerpo.

No podía centrarme, los brazos sintiéndolos de forma algo dolorosa al tirar inconscientemente de ellos cada vez que mi cuerpo parecía descubrir una nueva sensación proporcionada por mi amante, recorriendo todavía mi cuerpo a su antojo.

Me removí incómodo cuando comenzó a quitarme los pantalones lentamente, asegurándose de acariciar cada porción de la piel de mis piernas en el proceso, sonriendo cuando notó el bulto que había en mis bóxers.

Ahogué un gemido cuando rozó con los dedos mi erección por encima de la tela, dando pequeños golpecitos para molestarme que solo conseguían endurecerme más, hasta que tiró del elástico para sacarlo por mis piernas.

Sentí su lengua deslizarse por mis labios, introducirse entre ellos para que le correspondiese, sus manos magreando mis glúteos a su antojo, sin vergüenza, separándolos de forma juguetona para luego apretarlos, dejándome sus dedos marcados en la pálida piel.

Sin embargo, solo estaba pendiente de su lengua enredada con la mía, molestándome para que le siguiese el ritmo, para que me dejase dominar, mientras su cuerpo se acomodaba entre mis piernas sin prisa.

Me gustaba sentirle allí, sentirme dominado de esa forma, sin tener que pensar, solo… disfrutar.

Mordí su labio inferior cuando noté de repente un roce indiscreto en mi entrada, presionando en ella hasta que un dedo se deslizó con facilidad, mi espalda arqueándose levemente por la molestia, pero sin llegar a quejarme.

Notaba su dedo lubricado, se deslizaba con excesiva facilidad en mi entrada, teniendo en cuenta que había bastante tiempo que no se le prestaba atención, relajándome demasiado rápido por su contacto, solo para que se tensasen otras partes de mi cuerpo.

Susurré algo que no recuerdo bien cuando pareció introducirlo todavía más en mí, temblando un poco pro las ansias, sabiendo que vendría todavía más.
Y yo lo quería.

Me quejé cuando lo quitó sin avisar, una sonrisa plasmada en su rostro.

Me tensé cuando noté algo que no eran sus dedos comenzar a presionar mi entrada de nuevo, intentando protestar, pero sus labios cubrieron los míos con rapidez, comiéndose cualquier cosa que hubiese podido decir, su lengua de nuevo jugando con mi paciencia, presionando aquello en mi entrada.

Un pequeño estremecimiento me recorrió cuando aquello terminó de abrirme, parecía una pequeña pelotita, rápidamente mi anillo cerrándose a su alrededor, presionando aquel objeto entre mis paredes.

Cerré los ojos cuando él se separó de mi cuerpo, volviendo a presionar un poco más, observando con ojos relucientes como un nuevo invasor entrada en mi estrecho canal.

Sentía la forma de ambas esferas en mi interior, de forma extraña, pero a la vez un poco perversa y excitante.

       -    Amor, no pensé que fuese a gustarte el juguete – murmuró, riendo pícaramente, volviendo a presionar una tercera vez.

Me contraje instintivamente cuando aquello parecido a una pelota más grande comenzó a dilatarme demasiado, sintiendo punzadas de dolor que se mezclaban con el placer de pensar en lo que estaba haciendo.

Él continuaba mirándome fascinado, notaba mi cuerpo ligeramente pegajoso por el sudor, mi respiración irregular aún cuando intentaba relajarla, igual que mi cuerpo, tenso, febril por más atención.

Gemí, algo lloroso, cuando acarició la punta de mi erección, deslizando los dedos por la cabeza, esparciendo el líquido pre-seminal que había, distrayéndome apenas un par de segundos de esa otra invasión.

Me quejé, esta vez sí dolorido, removiéndome un poco para impedir que hiciese aquello, él impidiéndolo al sostener mis piernas firmemente, hasta sentirme prácticamente violado por esa última esfera.

Arqueé un poco la espalda, me sentía expuesto, abierto… asquerosamente sucio, y lo peor, era que me estaba gustando.


POV. WOOHYUN

Sonreí cuando vi cómo su cuerpo se tragaba aquella cadena de bolas chinas sin problemas, su rostro mostrando más placer del que quería hacerme saber, su entrada contrayéndose hermosamente ante cada nueva invasión.

Empezaba a pensar que torturar así a mi hyung solo iba a terminar siendo una tortura para mí mismo, las ganas de ser yo el que era aprisionado por esas paredes aumentando conforme veía cómo se ensanchaba por aquellas esferas.

Mordí el interior de su muslo derecho, escuchando perfectamente el pequeño jadeo que dejó ir, deslizando la lengua por su tersa piel hasta llegar a su entrada, todavía contrayéndose por aquellos cuerpos artificiales.

       -    No pensé que fuesen a caber todas dentro – musité, jugando con el pequeño cordón que sobresalía de ese anillo rosado.

Había tantas cosas que me apetecía introducirle ahí dentro, ver cuánto podría llegar a estirarse esa bonita entrada que clamaba por más atención.

Algún día lo haría, pero mientras… me tuve que conformas oyendo como gimió débilmente al estirar de la cuerda, la última esfera saliendo a regañadientes de su cavidad, estirándola para que luego volviese a cerrarse, impidiendo que las otras saliesen.

Su cuerpo tembló cuando tanteé su entrada con mi dedo, mojado con un poco más de lubricante, solo para extraer una segunda pelota y volver a deslizarla en su interior.

Hermoso, la forma como se abría y cerraba a mi antojo, cómo su cuerpo se arqueaba buscando por más, como el aire parecía faltar en sus pulmones y le hacía jadear buscando por más.

       -    Debería de haber comprado las grandes, ¿no hyung? Creo que te sabe a poco – me burlé, introduciendo de nuevo en él aquella esfera que parecía partirle de una forma deliciosa por cómo le ensanchaba, su cuerpo arqueándose por un placer que no podía negar.

A mi hyung definitivamente le iban esas cosas.

       -    Para… aahh – jadeó, su entrada engullendo nuevamente esa esfera.

Sabía perfectamente que no quería que me detuviese precisamente, sus mejillas tenían un tono sonrosado equiparable al de sus labios, húmedos de deslizar su lengua por ellos.

Añadí más lubricante, facilitando esa pequeña tortura que estaba disfrutando de contemplar, los gemidos de mi hyung, completamente a mi merced en aquel juego, deslizando la cadena de esferas en su interior para luego sacarlas, dejando únicamente la pequeña en su interior, varias veces, notando como estaba realmente dispuesto a aquello.

Las retiré, recibiendo un quejido por su parte, sus manos cerradas en forma de puños, todavía atado, expuesto a mí, introduciendo dos dedos en su entrada sin avisar, sonriendo cuando lo noté todavía estrecho.

Lo vi morder su labio inferior, casi exigiéndome que los besase al menos una vez, saboreándolos con la lengua, notando su cuerpo temblar bajo del mío.

       -    Aún tan estrecho… hyung de verdad te tengo ganas – murmuré, mordiendo los labios del mayor.

Gimió descaradamente cuando comencé a buscar tentativamente ese punto que lo hizo gritar cuando por fin lo alcancé, haciéndome sonreír, para retirarme, algo que hizo que se removiese, inconforme de nuevo.

Presione su estómago contra el colchón, impidiendo que se moviese más, enseñándole el nuevo juguete con el que pretendía ensartarle: un bonito consolador.

Intentó cerrar las piernas, sus mejillas adoptando nuevamente un rubor exagerado, aún sin éxito, mi cuerpo bloqueando por completo la acción, mirándolo divertido mientras cubría el objeto de látex con una buena capa de lubricante.

       -    Te va a gustar más que aquello, estoy seguro que deseas que esto te penetre y te llene, que te prepare para mí – musité, besando nuevamente la piel del interior del muslo de SungGyu hyung.

Nunca dejaría de amar besar y mordisquear su piel, marcarla suavemente con mis dientes.

Gritó cuando introduje aquello de una sola vez, un par de lágrimas traviesas deslizándose por sus mejillas, cambiando rápidamente a jadeos y gemidos placenteros en cuanto comencé a mover aquello en su interior.

Mi hyung era todo un pervertido, y eso me estaba excitando a niveles dolorosos, viéndolo disfrutar ante mí, por mí.

Empecé a jugar con su erección, empapada por el líquido pre-seminal que se escurría de la punta, presionándolo lo justo, viendo su cuerpo temblar y arquearse levemente con cada movimiento que hacía en su interior, en su miembro.

No pude evitar querer llevarlo al límite, observar su cara contraída por el placer, sonrosada, su cuerpo perlado de sudor, sus labios entreabiertos para poder respirar, sus ojos cerrados.

Buscando algo que no le dejaría alcanzar.

Dejé de tocarle, pellizcando uno de sus erectos pezones, dejando de mover el consolador en su entrada, ansiosa de más acción de por cómo se contraía alrededor del falo de látex.

       -    WooHyun… ahh… ya… por favor – lloriqueó, suplicante.

Me reí un poco, introduciendo hasta el fondo aquello otra vez en el trasero de mi bonito y lloroso hyung, solo deseando verle suplicar un poco más, dejándoselo metido bien profundo, empezando a pellizcar con ambas manos sus dos hermosamente erguidos botones.

       -    ¿Qué quieres amor? – pregunté, descaradamente, sintiendo mi propio miembro quejarse de forma dolorosa por la desatención.

Giró la cabeza, avergonzado, sabiendo claramente lo que le estaba pidiendo, mi erección presionando contra el pantalón, dispuesta a penetrarle en ese mismo instante si hacía falta.

       -    … Fóllame – musitó, mordiendo su labio inferior.

Acaricié lentamente el perfil su mandíbula, su rostro ladeado por la vergüenza, sosteniéndola con fuerza para obligarle a mirarme de frente, sus ojos brillantes por la frustración sexual contenida.

Una hermosa vista que solo yo iba a obtener de él.

       -    ¿Decías? – sonreí, lascivo, lujurioso.

Dejándole notar la forma de mi propia erección cerca de su entrepierna, presionándolo, incitándole a decir lo que quería oír si quería aquello.

       -    Que me penetres, que me partas en dos, tú… por favor – murmuró, mordiendo de nuevo su labio inferior.

Su respiración jadeante, entrecortada cuando dijo aquello, me hizo sonreír, mordiendo su labio para que lo dejase unos segundos, retirando lentamente el juguete de su entrada.

Me levanté de la cama, deshaciéndome de la ropa sin prisa, pero tampoco tan lentamente como podría haberlo hecho, deseoso de introducirme en esa cálida cueva que me llamaba.

Había mantenido las piernas abiertas, enseñándome de lleno su anillo rosa, maltratado muy levemente por mis atenciones, clamando por más de mí.

Veía sus ojos brillar mientras iba observando mi cuerpo siendo descubierto ante sus ojos, impidiéndole tocar por las esposas que aún lo tenían atado, notando la leve tensión que se apoderaba de su cuerpo por la espera.

Debería de hacer una foto para inmortalizar el momento.

No pude evitar hacer eso, tomar la cámara del pantalón cuando lo desabroché, antes de dejarlo caer por mis piernas, sorprendiendo a mi hyung, que solo volteó la cabeza, sin cerrar esas bonitas piernas que me llevarían al paraíso.

       -    Pervertido – murmuró.

Yo solo me reí, dejando caer mis dos últimas prendas al suelo, mordiendo sus muslos, separando sus nalgas con las manos.

       -    Pero lo estás disfrutando – repliqué, indicándole que se pusiese en cuatro.

Noté que le temblaban un poco las piernas, las esposas lo suficientemente largas como para permitir el giro, su trasero quedando a mi altura desde esa posición.

Se acomodó como pudo, separándole las piernas avariciosamente, un gemido largo escapando de sus labios cuando sintió mi erección rozar su entrada, pensando en violarle a conciencia.

Alzó más las caderas, invitándome a penetrarle, buscando más contacto, algo que hice sin dudarlo, entrando en su interior sin preocuparme por si iba a dolerle, mordiendo levemente su hombro, disfrutando de la estrechez que aprisionaba mi erección.

En la habitación solo podía oír el leve golpeteo de nuestros cuerpos cada vez que me insertaba profundamente en su entrada, llegando hasta el fondo, sus gemidos acompañando mis débiles jadeos, mis manos presionando su cintura para profundizar todavía más.

       -    Hyun... ah – jadeó, un tono débilmente lastimero, sabiendo qué quería mi hyung con aquello.

Sonreí, haciéndole gritar un poco más alto cuando entre hasta el fondo rápidamente, agarrando con una mano su erección, mientras sostenía su cuerpo, sus piernas fallando por no poder usar las manos para sujetarse.

Delicioso, tan sumiso.

Me perdí saboreando su estrechez, besando la piel de su espalda descubierta, provocando que más sonidos sucios y placenteros abandonasen sus labios con cada embestida, cada vez que aumentaba mis atenciones y que ralentizaba, queriendo mantenerlo más tiempo.

Jadeé con fuerza cuando un escalofrío recorrió toda mi espina dorsal el sentir su entrada contraerse con fuerza un par de veces, anunciándome su pronto final, ayudándole a llegar de forma algo errática, sintiendo que estaba demasiado cerca yo también.

Oí su débil lloriqueó mezclado con su gemido de placer cuando manchó mi mano con su esencia, mis dedos clavándose en su cintura, dejándome llevar por la deliciosa prisión alrededor de mi miembro, permitiéndome terminar en su entrada, llenándola de mis fluidos.

Jadeé ante eso, el cuerpo de mi hyung lazo bajo el mío, las esposas todavía rodeando sus muñecas, las cuales me apresuré a liberar, el mayor encogiéndolo los brazos, como si le doliesen un poco.

Se acurrucó en la cama, permitiéndome abrazarle por la espalda, aún respirando agitadamente, mis manos retirando el flequillo de su frente, notando su cuerpo caliente junto al mío.

Pasó todavía un tiempo antes de poder tranquilizar nuestras respiraciones, el cuerpo de mi hyung dando la vuelta de repente, acomodándose sobre mi torso, mis brazos rodeando más cómodamente su cintura, sin importarme realmente el tener que darnos una buena ducha antes.

       -    WooHyun-ah… – murmuró, algo adormecido sobre mi pecho.

Rodeé su cuerpo más firmemente con mis brazos, acariciando la piel de su espalda lentamente, deleitándome por la forma en que se erizaba su piel con eso.

       -    ¿Sí?

Nuestros tonos de voz sonaban tranquilos, relajados y no me sorprendía. La frustración sexual que íbamos cargando se había evaporado por fin, de una forma que había resultado incluso mejor de lo que imaginaba.

       -    De dónde sacaste los… ¿eso? – preguntó, avergonzado.

Me reí por su lindo gesto, mirando aquellas cosas que había utilizado en el mayor, pendientes de un buen lavado todavía.

       -    Fue un regalo que te compré.

Me hubiese encantado ver su expresión, seguramente sonrojada a más no poder, cuando golpeó mi pecho, un pequeño gemido de vergüenza escapando de sus labios al oír mis palabras.

Ese era el hyung que amaba ver, el que podía ser natural conmigo, serio a veces, adorable, cariñoso, sexy, juguetón… Quería ver todas las facetas de mi hyung justo como en ese momento, saber que yo era el único que siempre iba a saber y conocer todas y cada una de las partes que escondía su personalidad.

No importaba si teníamos altibajos en nuestra relación, si a veces olvidaba prestarle un poco de atención y luego me sentía  celoso porque él hiciese lo mismo.

Mi hyung era mío, igual que yo le pertenecía, sin importar lo que fuese a ocurrirnos.

En ese momento, y siempre.

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Y aquí el último capítulo de este Woogyu!!!

Espero que os haya gustado muchísimo... y muchísimas gracias a todas aquellas que habéis llegado hasta aquí!!

Aww me da una pena tremenda terminarloooo!! En fin.. ¿Suna qué opinas? ¿Al final se ajustó a lo que querías?? >/////<

Hice el pov con los dos porque pensé que os gustaría más si sabíais lo que pasaba desde el punto de vista de ambos *o*, espero no haberme equivocadoooo!!  \O/

Quise publicarlo el último para que fuese el primero que vieseis al entrar en el blog... ojalá en serio lo hayáis disfrutado y... os invito a pasar por el otro Woogyu si aún no lo habéis hecho... o bien ya a leernos en otro momento!!!

Y si eso... siempre podéis leeros el Taoris o el Jongkey que también actualizo semanalmente... intentaré comentar el fic de la ganadora del concurso del 1r aniversario del blog prontito, 1 o 2 semanas a más tardar...

Y, punto importante... quiero recordaros que: aquí os dejo el concurso que prometí hacer cuando llegase a las 100.000 visitas en el blog ;P y aquí para que me comentéis lo de cambiar el nombre del blog >////<.

Como siempre.. en serio os agradezco todo el apoyo y amor que me dais, realmente no sé qué haría sin todas vosotras...

Solo espero que en un futuro podamos seguir leyéndonos y.... Fighting!!

Tened un bonito fin de semanaaa >//////< <3,

Os quieroooo~~ <3


No hace falta un comienzo perfecto II. Cap 6


Capítulo 6. Goodbye… Solo Stage


POV. SUNGGYU

Mis padres dejaron de insistir un par de días más tarde para que saliese de la habitación ni que fuese para comer.

Me negué en redondo a ir al instituto lo que quedaba de semana, simplemente incómodo con la idea de ser vigilado en mi camino de ida y vuelta.

También ignoré las llamadas constantes de Daeryong y Soryong, incluso pasé por alto un par de llamadas de Hoya, aunque a él sí terminé por contestarle, siempre preguntándome con delicadeza si ya estaba mejor, si había comido.

Si había salido de casa.

Le oía suspirar al otro lado del teléfono cuando le decía que todavía no, que no me sentía bien para eso. Pero sabía que solo era una mentira, simplemente estaba aterrorizado de encontrármelo.

Era algo irracional, lo sabía, pero lo que más me asustaba era la posibilidad de que me amenazase con contar lo que ocurrió si yo no accedía a alguna cosa rara.

¿Para qué iba a ir hasta allí si no era para algo como eso?

Nunca había llegado a entender cómo funcionaba la mente del señor Nam, pero tenía claro que cuando había hablado de posesividad en un par de ocasiones, lo decía en serio.

Y yo no iba a consentir ser un objeto, mucho menos de él.

Aquello había sido temporal, él debía de tenerlo claro, pero el verlo allí me había hecho pensar que no, que realmente habló en serio cuando dijo que le pertenecía.

Volví a encogerme en la cama, suspirando, mis ojos cerrados mientras acariciaba las sábanas bajo la colcha.

La tarde anterior le había pedido a mi madre que echase a los gemelos de casa sin siquiera recibirlos, aún cuando me iba a tocar darles una explicación importante si volvía a verlos pronto.

Eso, si no decidían dejar de ser mis amigos por lo que estaba haciendo.

Me estaba comportando como un niño, y lo sabía, desapareciendo sin decir nada a nadie, pero no podía evitarlo.

Era un niño.

El sábado decidí mandarles un mensaje a todos diciéndoles que estaba bien, que simplemente me había encontrado terriblemente mal y que no había querido tener contacto con nadie.

Daeryong me contestó enfadado que la próxima vez avisase antes y no los preocupase tanto.

Eso me hizo sonreír, mientras que los comentarios que recibí de los demás fueron mucho más tranquilos y animados, incluso bromistas.

Sería una pena perder todo eso si llegaban a enterarse.

Supongo que, por eso, decidí salir el domingo. En realidad, mis padres se habían marchado a hacer la compra por la mañana y estarían por llegar.

Pero tenía hambre y no me quedaban dulces en la nevera. Digamos que me ayudaban bastante a reducir la ansiedad, pero esta parecía ir en aumento solo el pensar que ya no quedaban.

Aún mirando en todos los armarios y cajones habidos y por haber en la cocina y el comedor, no podía encontrar una mísera pasta que llevase crema, chocolate o, simplemente, azúcar.

Apoyé la cabeza contra la nevera, mirando el suelo mientras notaba mi mano temblar ligeramente.

¿Qué podría pasarme un domingo por la mañana, a plena luz del día, caminando hasta la tienda cerca de casa y volviendo?

No iba a secuestrarme, claramente, y cabía la posibilidad de que no estuviese por allí… ¿verdad? Habían pasado muchos días sin saber nada de él.

Subí a abrigarme, aunque no me arreglé especialmente, solo iba a ir a la tienda de siempre y volver, además, cuanto menos arreglado, menos posibilidades de que algún loco intentase ligar conmigo.

Sí, definitivamente ir mal vestido por la vida tendría que ser ley.

Suspiré sonoramente, mi mano temblando cuando la posé en el pomo de la puerta para salir, mi corazón comenzando a bombear con fuerza, las ganas de abandonar la casa abandonándome rápidamente.

Sacudí la cabeza, cerrando los ojos, para luego abrir la puerta y salir, comenzando a caminar por donde siempre, evitando las esquinas traicioneras.

Era de día, se veía perfectamente en la calle y no tenía la sensación extraña de ser perseguido… hasta al cabo de unos segundos.

Eso fue lo que tardé en volver a notar mi piel erizada con esa familiar sensación que causaban sus ojos en mi nuca.

Mis pies aceleraron el ritmo automáticamente, al principio de forma leve, solo para terminar corriendo por la calle como alma que lleva el diablo, simplemente asustado de volver a verlo de frente.

Sabía que me seguía porque esa sensación no conseguía desaparecer de mi cuerpo por mucho que corriese.

La sangre parecía correr como agua por mis venas a causa de mi pulso acelerado, me dolían los pulmones de correr, poco acostumbrado al ejercicio, hasta que me detuve en seco al escuchar el sonido de aquel coche.

De esa bocina anunciando que el vehículo se acercaba a mí a un exceso de velocidad.

Porque había cruzado sin mirar.

Me quedé paralizado, blanco, esperando lo peor, hasta que sentí unas manos tirar de mi cuerpo de forma ruda, las lágrimas abandonando mis ojos por el shock, unos brazos rodeándome repentinamente.

Porque podía haber muerto. Porque él tenía la culpa.

Él la tenía.

Lo empujé, levemente, como pude, mi cuerpo temblaba, sentía que mis piernas no podían con mi propio cuerpo, quedándome de rodillas en el suelo.

No sabía si sentirme aliviado o no por aquello, completamente aturdido porque la persona de la que estaba huyendo me hubiese salvado de acabar arrollado por aquel vehículo, sin saber si odiarle o no.

Pero en mi mente solo podía maldecirlo, porque todo era su culpa.

Ni siquiera lo pensé cuando mi mano golpeó la suya al intentar tocar mi hombro, asqueado, asustado.

       -    ¡Déjame! No quiero volver a verte. ¡Desaparece! ¡¿Ya me arruinaste una vez, no te fue suficiente?! – grité, sintiéndome superado por la situación.

No podía evitar llorar, completamente frustrado, porque no entendía por qué aquello estaba ocurriendo.

Por qué él estaba allí, porqué me buscaba, por qué me perseguía. Por qué casi consigue que me pasen por encima y luego me salva, como si fuese un héroe intentando arreglar algún tipo de pecado.

Solo que yo conocía bien cuál era su pecado.

Sentía frío de repente, un pequeño escalofrío recorriéndome el cuerpo.

Intenté alejarme cuando noté de nuevo sus brazos rodeándome, los sollozos incontenibles a esas alturas, simplemente dejando ir nuevamente lo que él me provocaba  cuando estaba cerca de mí.

Una confusión extrema.

Mi cuerpo se amoldó al suyo con demasiada rapidez, odiándole por ello, mientras me sentía estúpidamente reconfortado por su calidez, las manos se situaron en algún momento en su camiseta, arrugándola entre mis dedos.

Estuve así un rato, dejándome envolver por su olor, odiando cada minuto que me costó alejarme de él, todavía algunas lágrimas surcando mi rostro.

Él solo se levantó ante mi mirada, sorprendiéndome cuando pronunció aquellas palabras. Lo que tendría que haberme dicho meses atrás, no ahora.

       -    Lo siento.

Me encogí cuando acarició mi cabeza antes de irse, caminando lentamente ante mis ojos, dejándome allí.

No sé por qué sentí que era una despedida, pero estúpidamente mi corazón pareció encogerse un poco dentro de su cavidad.

Regresé a casa sin comprar nada, simplemente encerrándome nuevamente en mi habitación, dejando pasar las horas sobre mí, ignorando a mi madre cuando me dijo que bajase a cenar al menos.

Pero no me apetecía, no realmente.

Solo me mantuve ahí, esperando, tirado sobre la cama, mirando el techo, hasta que caí dormido, no sabría decir exactamente cuándo.

Para cuando desperté, me sorprendí al ver en el reloj que era más o menos la hora que solía levantarme para ir al instituto.

Me miré, observando la ropa que no me había quitado, la ropa del instituto sobre la silla, la mochila en el suelo.

Suspiré, preguntándome si debería levantarme e ir, hasta que recibí un mensaje de Soryong, demasiado temprano para alguien como él.

       -    “Pasamos a buscarte. Vístete”.

Claro y conciso.

Sonreí un poco. Después de todo, tenía amigos que sí se preocupaban por mí.

Mi madre se sorprendió cuando me vio bajar las escaleras, vestido y mochila en el hombro, simplemente observándome mientras cogía un poco de leche de la nevera y volvía a caminar por el pasillo.

       -    ¿Cariño?... ¿Vas a ir al instituto? – preguntó, su voz algo baja.

Asentí, mirando por encima del mueble del recibidor hasta dar con las llaves de casa, despidiéndome con un hasta luego algo monótono.

Me sentí incómodo al principio, pero la sensación de ser observado no acudió a mí, aún cuando di un par de pasos delante de la puerta de  casa, esperando.

Pero, simplemente, nada.

Mordí mi labio inferior, sintiéndome extraño, sobresaltándome cuando un brazo agarró de repente mi hombro, Soryong comenzando a reír a mi espalda.

       -    Ni que fuésemos a secuestrarte hombre – musitó el mayor de los gemelos, negando con la cabeza.

Asentí, algo nervioso unos segundos, para luego comenzar a caminar entre ellos hacia el instituto, sin poder evitar mirar por encima del hombro, como esperando algo.

Algo que ya no estaba allí.

¿Por qué me sentía tan extraño al saber que él ya no estaba? Sería estúpido empezar a creer que ser perseguido era bonito.

Pero  yo ya no podía fiarme ni de mí mismo. Ya me había ocurrido antes, cuando aún trabajaba ahí, cuando llegué a pensar que si él quería me quedaría.

Cuando se trataba de Nam WooHyun, mi cabeza parecía no funcionar de la manera correcta.

Los gemelos no dejaron de preguntarme constantemente qué había ocurrido realmente para que ni siquiera les abriese la puerta de casa, para que no hubiese querido ni hablar con ellos por teléfono, pero yo solo negué con la cabeza.

A Daeryong parecía no hacerle especial ilusión que me negase a hablar, pero que Soryong de repente desviase la vista hacia la chica aquella que le llamaba la atención hizo que me olvidase un rato.

Veía los celos en el rostro del mayor ante esto, preguntándome qué tan fuertes podían llegar a ser los celos de un hermano a otro.

Preguntándome si no estaría bien tener a alguien que se preocupase tanto por mí en esta vida y que me celase de esa forma sana.

Porque... bueno… solo eran celos de hermanos, ¿verdad?

Sacudí la cabeza, intentando centrarme en la clase e ignorar a la pareja de gemelos sentada frente a mí.

Empezaba a desvariar. No podía estar pensando que allí había algo más que una relación fraternal.

Pero… después de todo yo no podía opinar en aquello, decían que la relación entre gemelos solía ser diferente al a de los hermanos normales, por eso de compartir nueves meses metidos en el mismo lugar.

Suspiré, girando la cabeza hasta la ventana.

Cualquier tema le parecía más interesante a mi mente antes que estar atento a las clases.

SungYeol tuvo que golpearme la cabeza para que saliese de las nubes cuando sonó el timbre que daba por finalizada la primera parte de la jornada, casi tirándome literalmente sobre la mesa con ello.

No lo aguantaba, mi mente no dejaba de vagar de un lado a otro.

Me hubiese gustado saber por qué volvió. Por qué decidió irse.

No me lo dijo, aunque yo tampoco le había dado oportunidad para ello y ahora… ahora solo era incapaz de dejar de pensar en eso.

Seguramente, no podría asegurar recordar siquiera que asignaturas había tenido ese día cuando llegué a casa, encontrándola vacía, igual que muchas otras tardes en mi vida.

Volví a encerrarme en mi habitación, cansado.

¿De qué? De pensar en estupideces probablemente.

Los siguientes días pasaron con tal normalidad que esta empezaba incluso a inquietarme.

Es que no podía creer que él apareciese y desapareciese a su antojo, como si le gustase dejarme ansioso por no saber cuándo sería la próxima vez que lo tuviese alrededor.

Cierto, ya no me sentía ni observado ni acosado, incluso llegué a pensar que, después de todo, jamás había sido realmente perseguido con él y solo me lo había encontrado casualmente aquel par de días.

Pero no, ni siquiera mi mente en su momento más crédulo podría llegar a creerse algo como eso.

Tal vez por eso, me sobresalté cuando sonó el timbre de la entrada ese mismo jueves.

Estaba solo, igual que los días anteriores, sin haberme sentido mal por la calle, siempre acompañado por los gemelos para ir al instituto y para volver.

Pero no pude evitar encogerme un poco cuando oí ese sonido, levantándome lentamente del sofá para ir a ver.

Abrí, nervioso, el aire entrando de golpe en mis pulmones, aún con mi mano ligeramente temblorosa, cuando vi la cara de un repartidor joven esperando en la puerta, un paquete entre sus brazos.

Un paquete a mi nombre. Uno enorme, todo había que decirlo.

El tipo me hizo firmarlo, diciéndome que venía a mi nombre y que ahí lo habían mandado, aún cuando yo no había pedido nada en ningún momento, ni tenía amigos que pudiesen ir a regalarme nada, puesto que no era ninguna fecha importante en mi agenda.

Cerré la puerta a mi espalda cuando el chico dejó casi a la fuerza aquella caja en mi recibidor, mirándola sin saber qué contendría, sin saber siquiera si alegrarme por ello o no.

Lo alcé, todavía nervioso, llevándolo conmigo hasta la sala, abriendo algunas luces cuando entré, puesto que ya comenzaba a anochecer.

Dudé seriamente sobre si debía abrir aquello o no, pero la curiosidad terminó ganándome y comencé a quitar el embalaje de la caja, uno tras otro, cada vez más impaciente.

Creo que mis ojos se desorbitaron cuando por fin conseguí quitar todas las capas que cubrían aquello, sacando del interior del paquete un conejo de peluche que bien podía tener el tamaño de mi torso.

Claramente tenía que tratarse de una broma, pensé, a punto de volver a guardarlo y llamar al repartidor, cuando una nota que parecía colgarle del cuello captó mi atención.

La acaricié con los dedos unos segundos, nervioso, hasta que por fin la abrí, quedándome sin aire en los pulmones una vez más, de forma inconsciente.

“Lo siento. Perdóname”

No me hacía falta ser adivino para saber a quién podía pertenecer algo como aquello, de repente sintiéndome algo inquieto, mirando alrededor de mí.

Pero no había nadie, no realmente o, al menos, no que me pudiese estar observando.

Salí de nuevo al recibidor, dejando aquello tirado en la entrada, subiendo a mi habitación, de repente sintiéndome algo mareado.

No lo entendía.

Parecía que había decidido ignorarme, así que no podía comprender por qué me había mandado de repente algo como aquello.

Pensé en llamar a Hoya y contarle, pero luego lo descarté, simplemente volviendo a tumbarme en la cama, como siempre.

Parecía que se había convertido en mi refugio para todo, mi única confidente. La única a la que le podía decir que odiaba a Nam WooHyun igual que quería verle y preguntarle el por qué de todo.

Hoya  vendría desde Seúl únicamente para golpearme la cabeza hasta que creyese que ya discurría por el camino correcto.

Suspiré, cerrando los ojos, sin siquiera levantarme cuando mi madre abrió la puerta sin llamar no mucho más tarde.

       -    Bebé… ¿qué es ese conejo de la entrada? – preguntó, curiosa.

Negué con la cabeza, solo abrazando la almohada a mi alcance.

       -    Un regalo sin importancia – musité, un pequeño escalofrío recorriendo mi cuerpo.

Sin importancia… ¿Lo sería?

Tal vez… ¿se había marchado solo para obtener aquello? Y… ¿por qué quería que lo perdonase?

¿Por dejarme tirado, por… lo de aquella vez en su auto, por no llamar… por perseguirme durante semanas, o por conseguir que casi me atropellasen?

No me moví de esa posición aún cuando mi madre abandonó la habitación, hasta que me preguntó si bajaría a cenar desde la cocina, sintiendo mis músculos algo agarrotados por la postura.

Solo me senté, mirando al frente, sin decir nada, escuchando como mis padres parecían hablar de cierto pequeño problema económico que no me gustó, pero hice oídos sordos por el momento.

No iba a preocuparme por el dinero en ese instante, la última vez que lo había hecho la cosa no había ido demasiado bien.

Me levanté solo terminar, dejando los platos en el fregadero para, si eso, lavarlos la mañana siguiente, deteniéndome en el umbral de la puerta de la cocina cuando mi madre me llamó.

       -    Cariño, ¿te importa si le doy el peluche a la hija de la vecina? Da pena tirarlo – dijo, tranquilamente.

La miré por encima del hombro, sin decir nada, recogiendo aquel enorme peluche de la entrada para encerrarme en mi cuarto de un portazo.

No tenía muy claro por qué lo hice, por qué lo recogí de allí cuando podría haberme desecho de él tan rápido, pero solo lo dejé en mi cama, junto a mi cuerpo.

Sin abrazarlo, tampoco sin tocarlo, pero no lo bajé de ahí ese día.

Más regalos siguieron llegando durante toda la semana, incluyendo el domingo, mi madre cada vez más sorprendida por los paquetes, todos y cada uno de ellos con el mismo mensaje.

Sabía quién era, no me hacía falta ni leer la nota para saber que el paquete que recibiría esa tarde sería del mismo hombre.

Llegaron cosas dispares durante esa nueva semana, un bonito juego de pulseras y anillos que parecían ser bastante caros, ramos enormes de rosas blancas, una cadena de oro con una cruz, y más peluches.

Quería tirarlo, algo en mí me decía que lo hiciese, pero la otra parte de mí simplemente lo dejaba todo en un rincón de la habitación, todo lejos de mi alcance, excepto ese primer peluche.

Sonreí irónicamente cuando Daeryong y Soryong llegaron a mi casa el viernes siguiente, una semana después de que comenzasen a llegar los regalos, casi esperando que fuese el repartidor el que apareciese por esa puerta, entrando sin invitación para acomodarse en mi sofá.

Comenzaron a hablar, casi a la vez, intentando convencerme de salir esa misma noche con ambos, para celebrar que, después de todo, cada vez quedaba menos para la mayoría de edad.

Suspiré, acomodándome en el otro lugar frente a ellos tras servirles algo de beber y algo para picar, solo negando con la cabeza.

No me apetecía meterme en ningún antro de mala muerte a que me toqueteasen por todos lados sujetos más salidos que unos mandriles en el zoológico.

Me volví hacia la puerta casi en el momento exacto en el que sonó el timbre de nuevo, sin duda alguna sabiendo de qué se trataba esta vez, mordiendo mi labio inferior.

Mal momento para llegar, especialmente cuando vi los ojos curiosos de los gemelos apuntar hacia la puerta.

Me levanté, pensando que, tal vez, sería mejor solo fingir que no había nadie en casa, descartándolo rápidamente.

Ya casi parecía el mensajero de la familia, siempre a la misma hora.

Abrí, extendiendo las manos para recibir el paquete, firmándolo como pude, solo para encontrar a los gemelos parados en el marco de la puerta de la sala, contemplando lo que había entre mis brazos.

       -    ¿Y eso es? – preguntó Soryong, sonriendo.

Me encogí de hombros, dejándolo a un lado del recibidor, dejando el lado del nombre de cara a la pared, escondiéndolo.

       -    A saber. Es para mi madre – murmuré, alejándolos de la caja hasta el comedor.

No quería preguntas al respecto, bastante tenía con mis padres.

¿Qué iba a terminar inventando para justificar aquellos regalos si los encontraban? Iban a dejar de caberme dentro del armario dentro de poco si las cajas aumentaban de tamaño conforme pasaban los días.

Suspiré, mirando de reojo ese paquete, rezando para que los gemelos se fuesen antes de que llegasen mis padres y pudiese subirlo discretamente de nuevo.

Nam WooHyun… parecía decidido a hacerse notar en mi vida.


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Y... hello de nuevo!!!

Bueno como véis en esta ocasión he publicado antes este Woogyu que el otro... nada más que porque es el último capítulo de Reconquistando a mi Hyung y pues quería que lo viéseis primero al entrar en el blog >/////<.

Pero no me entretengo... ¿qué os ha parecido el capítulo? XD

La verdad es que no sé que podréis llegar a pensar de esto... solo puedo decir que lo hice con mucha ilusión como siempre...

Y el título... puede parecer random, pero para mí tiene sentido... XD un solo stage es una actuación de uno de los miembros de un grupo... lo que Namu hace aquí es como eso: es algo que hace él solo, y el goodbye viene por lo de la despedida... en fin, yo me entiendo >////<.

Y que... debido a mi crisis existencial por no poder ir a los conciertos de Infinite en Europa, he decidido autoregalarme en DVD el último concierto que me faltaba por comprar de ellos...

I know, estoy loca y soy consumista, pero lo pasé mal cuando la gente me miraba raro en el tren porque no podía parar de llorar como una niña XD.

Aunque ya estoy bien... hasta el domingo porque tengo un examen oficial (me saco un título en idioma japonés y pues allí ven normal que la gente haga los exámenes en domingo... ¬¬) y justo es el día del concierto que yo quería ir de Infinite...

Así que no tengo muy claro si voy a aprobar o me entrará el llanto a medio examen, pero lo intentaré igual XD.

Pero bueno, dejemos a un lado mis traumas mentales.. y en todo caso vayamos con los de Namu no ;P?

Espero que... esperéis con ganas la continuación!!!

Y pues nada, si no habéis leído el otro Woogyu nos vemos allí, si no... muy buen fin de semana!!

Os invito también ,si os gusta EXO y algo SHINee y Suju, a pasaros por mi nuevo fic Taoris... en realidad es un tipo de historia que nunca había hecho así que si queréis darme vuestra opinión, sois bienvenidas ;P.

Y antes de irme, así como recordatorio... aquí os dejo el concurso que prometí hacer cuando llegase a las 100.000 visitas en el blog ;P y aquí para que me comentéis lo de cambiar el nombre del blog >////<

Oh y solo quería añadir que mañana en la tarde pues estaré ocupadita... y bueno el sábado estoy fuera porque tengo un cumpleaños en la otra punta del mundo... (ok no, solo a 2h en tren desde mi casa XD) y el domingo el examen oficial de japonés... así que si tardo un poquiiito en contestar comentarios es por eso ;P.

En fin mis amores, os sarangjeeeooo mucho... y gracias a esas que participasteis en el concurso por el cumpleaños del blog!! >////< Me hizo mucha ilusión *O*.

Ojalá os animéis con el concurso de las 100.000 visitas!!

Ahora sí... vamos con el otro fic!!! ^o^


 

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